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13 jul 2026

Documental Making of: el detrás de escena cinematográfico como discurso


Introducción

 

Discurso o pensamiento, el cine no ha sido ajeno a estos conceptos, por el contrario, cuando empezó a ser considerado un arte, se emparentó con diálogos filosóficos, sociales y educativos, éste último el que nos interesa para este texto; porque el cine como proponían Epstein y Deleuze, citado por Durán en su texto El cine como máquina de pensamiento y control (2020) es una forma y a la vez máquina de pensamiento; que además de reflexionar sobre el mundo, la sociedad o el individuo, también lo ha hecho sobre su propio soporte, el tiempo y espacio para citar a Deleuze, sin embargo, esa reflexión se ha moldeado sobre su forma de producción, o como lo determina este texto sobre su detrás de escena, es decir el aparataje - o esqueleto- que contruye a una obra cinematográfica, o las "costuras" de este medio, que lo ha moldeado un tipo de cine documental como lo es el Making of, que sí bien ha estado presente desde que el cine tomó la industrialización como camino, en los últimos años, en primera instancia como extra de los Laser Disc, de los DVDs y ahora con las plataformas, no sólo han asumido un papel más preponderante sino didáctico, y con una discursividad que lo ha alejado de lo promocional, porque como lo indica Benejam (2013) citado por Zamaparripa este tipo de obras: suele tener un objetivo publicitario, expuesto desde la estructura de su relato audiovisual. (2022) Eso sí, estos cambios no sólo han aparecido en los últimos años o gracias al streaming, porque su evolución ha sido constante, pero también determinada por un tipo de cine y momento para entender sus propias lógicas como lo determina González citado nuevamente por Zamaparripa:

  

A finales de la década de 1960 y principios de 1970, las compañías y encargados de los estudios dispusieron a nóveles cineastas y “radicales las llaves del reino con la esperanza de capturar el mercado juvenil. Fue durante este periodo de agitación económica y artística de Hollywood que nacieron los Making Of Documentales tal como los conocemos hoy” (González, 2008: 19). El MO establecerá, entonces, una amplia gama de posibilidades e intenciones, más allá de las publicitarias, porque la búsqueda de los documentalistas ajenos a las nociones publicitarias estaba enfocada en el propio cine, en el contexto y en la forma de cómo se filmaban las películas. (2022, pág. 73)

 

Esto nos deja apreciar, que además de una época dorada del cine estadounidense - aunque el europeo también dio muestras de este fenómeno-, fue un momento particular para el desarrollo de los Making Of, donde se alimentó de la mejor manera de los documentales más autorales, de otras piezas audiovisuales y principalmente de una discursividad que iba a tono con los realizadores que estaban surgiendo en dicha época - cabe recordar que muchos habían estudiado en universidades de cine, o se habían formado como crítico de tal disciplina-, no sólo más personales sino que pensaban con las imágenes en movimiento, como lo anotaban Deleuze, Epstein y otros estudiosos. De cierta manera, a partir de los años 70, se empieza a desprender de su identificación como Parásito Cinemtográfico, concepto planteado por Arthur (2004), que sí bien revelan sus variadas intenciones, pretensiones y usos en la industria cinematográfica de Hollywood. Sin embargo, como formato meta-referencial se ha emulado en otras cinematografías para evidenciar y relatar los procesos creativos de cualquier película. (pág. 71, 2024)

 

La última frase de esta cita es importante, porque pone en evidencia lo que se quiere rastrear a través de este texto, es decir, la posibilidad de enseñar por medio de este tipo de materiales audiovisuales, que no sólo demuestran cómo se hace una película, sino que tan- gencialmente, responde con más preguntas sobre la forma del cine, casi como una especie de parábola investigativa, en la que más que responder, se ahonda sobre lo que Zapelli pregona como el maravilloso arte del engaño (2007), texto en el que lo documental recopila información para confirmar la verdad de un enunciado (pág 78); Zamaparripa en su texto sobre el Making of toma estas ideas de Zapelli, y nos especifica lo siguiente sobre el documental, en primera instancia que se acerca más a un género dramático de la ficicón. y que:

 

Por tanto, en el MO, como documental, se busca contar cómo se filmó una película y cuáles fueron sus procesos. De esta manera, el concepto de documental y el entimema de Zapelli nos ayudan para analizar sus cualidades didácticas, por medio de los recursos probadores de su mostración. (Zamaparripa, 2024)

 

Estas ideas no sólo nos determinan que los documentales making of, además de un sub-producto que ha tomado su propia forma, también lo ha hecho desde su discursividad, una que evidencia lo metacinematográfico, y una cinefilia traducida en lo educativo, que acercan a propios y extraños, en cómo construir un relato audiovisual, no sólo desde la técnica, narrativa o forma sino desde un corpus que discute, interpela y enfrenta a su propio organismo receptor, es decir la película principal, sin perder su mostración, es como lo anota Zamaparripa en palabras de Hight (2024): "espectadores pueden usar información de fondo detallada de la producción de una pelí­cula para educarse sobre la naturaleza de las prácticas cinematográficas contemporáneas y aumentar su aprecio por los logros tecnológicos y artísticos de los cineastas" (pág. 95)

 

Hacía dónde se dirige el making of...

 

Los últimos años han validado el trabajo de los Making of, no sólo como trabajo independiente de su obra principal, sino como un punto referencial para entender la estructura de una obra audiovisual, una obra audiovisual que a nivel educativo, didáctico y hasta pedagógico logrando especificar el quehacer del cine, tanto en su punto de partida hasta sus innovaciones tecnológicas, como su discursividad y reflexiones, no sólo de la obra, sino de ese caótico universo o rompecabezas, que logra tener sentido cuando se aúna, amarra, encaja como lo es el cine, es como específica Mercier en palabras del invetigador mexicano Zamaparripa: “es una forma de sumergirse en el proceso de la película y en la mente y los recuerdos del cineasta” (pág. 98) o como lo reiteran Arthur (2004) y González (2013) en este mismo texto, asume una función «mnemotécnica» del quehacer fílmico que propicia ser el documento y memoria de los creadores del cine, como un testi­monio vivo de su proceso de trabajo colaborativo (2024)

 

 

 Análisis de las películas

 

Con esta introducción, nos vamos a acercar a una serie de documentales making of, que además de su capacidad dialógica y didáctica, también han encontrado un lenguaje propio o identificación, que más que un "parásito" audiovisual, es nuevo organismo, que discute y algunas veces, hasta enfrenta a su propio hospedador, a continuación los documentales a analizar:


Una mirada sobre el prado que llora /Sobre Angelopoulos (2003) 

Pere Alberó, fungió como asistente de dirección de Theo Angelopoulos en un par de películas, y de estas experiencias surgen dos documentales Making of, que además de establecer cómo se hicieron sus obras, identidades visuales y técnicas, el cineasta español delimita una suerte de juego poético en el que reflexiona sobre la vida, el mundo personal del director griego, marcado por la intelectualidad y la tragedia; Alberó ya no sólo cumple con la premisa de haber hecho el B Roll de las obras, sino que sigue los pasos de este director;  además del análisis, se plantean preguntas a parte de lo extracinematográfico, discute con los procesos de hacer una película como una mirada que fluye, traspasa y piensa, como lo es el cine de Angelopoulos 

 

Exote: La filmación de la Telenovela Errante (2017)

En los años 90 el director chileno Raúl Ruiz volvió a su país natal para realizar una película que entre el lenguaje de la telenovela, la situación social, quería replantear  no sólo el papel del audiovisual sino de su propia experiencia como extranjero en su país; Pablo Martínez, hace el registro detrás de cámaras, convirtiéndose en testigo del cómo trabajaba Ruiz, pero a la vez la cámara de Martínez es testimonio ya no de un período convulso, sino de su herencia, y trasladado a ese lenguaje.


Años Luz (2017) 

El retrato sobre una cineasta particular y cómo realiza su trabajo, es también parte del making of, como lo hizo Manuel Abramovich, quien se introduce - con permiso de la directora- en el rodaje de Zama de la argentina Lucrecia Martel; Abramovich en cierta forma es la contraparte de la directora, y en esa dialéctica, cómo filma la directora y qué se entiende por filmar, es que nos adentramos en ese mundo tan singular, de una directora perfeccionista hasta el cansancio y clara en sus formas; también el director suma a ese juego, la realidad y la ficción de la puesta en escena, donde tiene su mayor mérito.


Filmando Batalla en el Cielo (2004)

Si algo tiene de particular este documental making of, es que asume la premisa principal del cine de Carlos Reygadas, lo poético e inmaterial; sí bien no se aleja de las formas y estilos de este tipo de documentales, Adrián Arce y Manuel Méndez construyen un discurso que además de seguir al director y su trabajo, también lo hacen desde otros constructos, como lo es el material del cine, es decir tiempo y espacio. 


Making The Shining (1980)

La hija de Stanley Kubrick, Vivian, como un apendice de la obra, sigue a su padre y conocidos, que se desplayan en confianza y amabilidad, frente a una cámara que registra ya no como documento sino como parte de un todo que fue esta película; Vivian, como si se tratara de apuntes de cine, va registrando los procesos, instrumentos y técnicas de su padre, que vamos viendo en pantalla, es decir; el cómo se hizo y lo hecho, son consecuentes, y eso le da peso al trabajo, de quien en este caso funge como directora.


Buenos Aires Zegro Degree (1999)

Este Making of, que hace parte del DVD Wong Kar Wai, una mirada, además de mostrarnos la complejidad del rodaje de Happy Together en la Argentina, donde los retrasos, la comunicación y el estilo de un director, no sólo son puestos en evidencia, sino que se mezcla con esa misma sensación de nostalgia, de saudade sí se quiere, de quienes además de estar en tierras lejanas,  se quedaron varados en sus recuerdos, como los protagonistas de la película que produjeron; este Making of dirigido por Pung Leung Kwan colaborador habitual de Wong Kar Wai en la fotografía, no sólo mezcla formatos sino que emula, la visión de la película que filmaron en la Argentina, una que puso a divagar a varios elementos del crew, a entender la mente de un cineasta poco ortodoxo y a cómo el cine, algunas veces se vuelve en al identidad de otros, un trabajo sólido, que más que un ejercicio parásito o complementario, cobra vida, en sus intenciones.

 

Referencias

Durán, M. (2020). El cine como máquina de pensamiento y control : aparatos, dispositivos y autómatas. Recuperado de: http://hdl.handle.net/10554/53254

Zamarripa, A. A. (2022). Del B-Roll al Making of: Un caso de metarreferencialidad del acto cinematográfico. El Ojo Intermedial II. Hibridaciones Genéricas y Mediales. https://doi.org/10.47377/ojointermedial2-cap3

Zamarripa, A. A. (2024). El Making-of contemporáneo: Una aproximación a algunos de usos e intenciones. La Colmena, 124, 87–100. https://doi.org/10.36677/lacolmena.v0i124.20985

 

 

Más Noir que Fritz Lang


La década del 30 del siglo pasado, tuvo un fenómeno importante de migración, sumado al ascenso del fascismo en Europa, que hizo que varios cineastas huyeran a los Estados Unidos, renovando, visual y narrativamente a un Hollywood bien establecido y en plena ebullición creadora; nombres como el de Fritz Lang se sumaron a esa larga lista, que le dieron forma a diversos estilos y géneros, principalmente el Noir, el Thriller y el Suspenso, pero que gracias al cineasta alemán, también tuvo una importante carga de justicia y crítica social, presente en su obra; en este caso vamos a revisar algunas películas, trascendentales en su periodo americano y representativas del cine criminal.

Mientras Nueva York duerme (1956)



El cine Noir de los años cincuenta se prestó para diversos relatos y formas, mezclándose con temáticas como el periodismo y su salvaje inmediatez por la noticia y evidente capitalismo, que pudimos ver en Sweet Smell of Success (1957) o en While the City Sleeps de Fritz Lang, donde la ambientación decadente, las sombras y las noches violentas, se trasladan a los pasillos del Sentinel, un periódico que consume las horas y los egos de sus trabajadores, que además de un nuevo director, buscan a un asesino serial de jóvenes mujeres, que tiene como firma: mensajes escritos con pintalabios; la competencia por atrapar al asesino y conseguir el importante cargo, hará de los hombres y mujeres más competentes, verdaderos cazadores: de la verdad, de la moral y de ese individualismo tan propicio del capitalismo. El inteligente guion de Casey Robinson junto al pulso narrativo de Lang, está complementado por un rostro particular del noir como Dana Andrews, la incisiva  y cínica Ida Lupino y un grupo de grandes actores, que hacen de esta película un retrato particular del periodismo, de la posguerra y de esas máscaras, que escondían el rostro oculto del american way of life.    

Como en todo buen noir y película de intrigas, destacan la fotografía y el montaje, la primera en su ambientación entre el artificio y la naturalidad de una ciudad como Nueva York y los pasillos de un periódico, y en el otro apartado, un montaje en paralelo, que nos mostrará a las dos bestias, el asesino y el capitalismo, que parecen ir por el mismo laberinto, sin negar la calidad de varias secuencias, tanto de persecución como de las dos caras de la moneda, en la que la influencia y mano de Lang es evidente.

Minicrítica

Un gran trabajo por parte de Lang, inteligente en su montaje como en su guion - aunque pueda pecar de inocente al día de hoy-; donde las herramientas del noir y la crítica social, visual y narrativamente, se unen para mostrarnos una realidad evidente, que mientras la ciudad duerme, se despiertan los bajos deseos en los bares, las callejuelas y los pasillos de un periódico, donde transita la muerte, algunas veces como noticia y en otras, como protagonista, como sucede con esta mordaz primera plana de los años 50 estadounidense.

Montaje Paralelo: Sweet Smell of Sucess (1957) - Asesino en serie - Periodismo y Noir 



El Ministerio del miedo (1944)




Pesadillesca adaptación de la novela homónima de Graham Greene en la que la intriga, el ambiente decadente y la conspiración en pleno Blitz londinense, empiezan a controlar la vida de Stephen Neale, quien tras dos años en un sanatorio mental, no sólo descubre un nuevo mudo - el de la guerra-, sino el ser víctima de una persecución totalmente ajena a sus realidad, o por lo menos, es eso lo que él cree. El guion de Seton Miller, se adapta muy bien a esas intrigas de espionaje, donde la confusión y lo enredos, no sólo van potenciando la angustia del protagonista, sino de sus mismas acciones, cada vez más erráticas o apasionadas, como lo logra apropiar Ray Millland en el papel del Neale. 

La fotografía y el montaje recuerdan en un principio al Tercer Hombre de Reed y a la misma Spellbound de Hitchcock, pero va cogiendo su propio camino, que hasta el clímax, no sólo es potente en su forma sino en el mismo principio de la falta de credibilidad del protagonista que ha salido de una "manicomio", aunque el final pierde fuerza,  el pulso narrativo de Lang, y todos los artilugios del género funcionan, y hace de ésta una obra entretenida y particular en su relato.   


Montaje Paralelo:  Espionaje- Tercer Hombre (1949)




The Big Heat (1953)




Aunque esta película de Fritz Lang, se presente como un thriller policiaco, y lo es, su tono y arquetipos noir son tan evidentes como su critica social disfrazada de "policia incorruptible contra el crimen"; Lang junto Sidney Boehm, guionista, arman una historia basada en las investigaciones periodísticas  - convertida en libro- de William McGivern, sobre corrupción pública, mafia y policias asustados; sin embargo, el gran logro del director austriaco ya nacionalizado estadounidense es, cómo nos muestra la tensión en un hombre recto, el Detectivie Bannion, que se va desmoronando cuando su esposa es asesinada, convirtiéndose en vícitima de su propia honestidad, interpretado de gran manera por Glenn Ford, que evoluciona del policia de buen corazón al arquetipo del Hard Boiled, que ya no sólo se enfrenta a los delicuentes sino al propio sistema policial; aunque Lang nos presenta a una Femme Fatal al uso y al sádico sicario - el siempre magistral pero poco querido Lee Marvin-, son piezas narrativas muy bien interconectadas para este relato, en el que ahondamos en esa profunda pero medular corrupción política, que hace de la honestidad, un problema, en este punto es donde el cine de Lang, con esa  fuerte carga social y capacidad para hacer enojar al establishment, se hace relevante. Igualmente, hay que reconocerle el gran trabajo fotográfico a Charles Lang, a la economía en los planos, y a esa, sútil y ambigua sensación de más que tener un final feliz, cerrar un capítulo, algo pírrico para el protagonista.


Otra gran apuesta de Lang, que cada vez más incomodaba a los grandes estudios, y a ese McCartismo latente, que veía comunistas en cada guión o película que hablaba sobre justicia social y honestidad.


Montaje Paralelo: Naked City  (1948) 


 


6 ene 2026

The Scenic Route: Amores.....

 



La paradoja crítico de cine y cineasta, no está en su relación, o en su traslación de lenguajes, sino en su aplicabilidad  formal, es decir, esa idea de la interpretación y la intelectualidad concebida en lo teórico, no siempre es fácil de acoplar con las imágenes en movimiento, a menos que sea una estructura videoartística, experimental o ensayos cinematográficos, que en cierta forma, es lo que propone Mark Rappaport con Scenic Route, un melodrama - que en algunos casos raya en el soap opera- con tintes intelectuales, en la que dos hermanas jóvenes y un frío hombre, conforman un triángulo amoroso, tan confuso como problemático. 

Aunque la historia escrita por Rappaport, no es ajena a las narrativas clásicas de relaciones amorosas, en este caso un triángulo amoroso, lo que descoloca de esta obra, es la forma en la que actúan los personajes y cómo interactuán éstos con su entorno, con una afectación que recuerda a las óperas, y la literatura decimonónica en pleno New York de finales de los 70.   Rappaport,  pone en escena junto al cinefotógrafo Fred Murphy, una serie de imágenes pictóricas, poéticas y algo naif,  relacionadas con el amor así como con la dinámica de cada uno de los personajes. 


Minicrítica

Aunque tiene momentos visuales importantes, y algunos trucos muy inteligentes dentro de su narrativa, la obra se queda corta a nivel de historia, los personajes son muy forzados, y su intento de emular grandes obras como persona de Bergman o en algunos casos hasta el estilo videoartístico, no trasciende de ese punto; eso sí,la película de Rappaport, si alude a la perfección esa idea ya trasnochada, del cine independiente, que en los años 70, tuvo repercusión en el lenguaje audiovisual, montaje y estilo, que lograron acoodar de una manera más efectiva e inteligente el New American Cinema. 



28 dic 2025

Old Joy: el silencio de la montaña

 



           "La verdadera amistad llega cuando el silencio
            entre dos personas es cómodo"
                                                      David Tayson
   

Las road movies, siempres son sobre los personajes, pero en ese recorrido, los paisajes emulan las sensaciones o los vacíos de éstos, esta premisa, tan simple como efectiva, ha estado presente en el cine y la literatura, como eje central de sus historias, desde lo épico hasta lo psicológico; premisa que logra recoger Kelly Reinhardt en su segundo largometraje: Old Joy, una road movie y buddy movie tan personal y distanciada, como los planos de esta directora, en el que prima la pausa y la introspección como estilo. Reinhardt junto a Jon Raymond escriben el guión, basándose en uno de los cuentos cortos de Raymond, en el que los paisajes de Oregón y la amistad masculina  son retratados; porque Old Joy, nos cuenta la historia de Kurt y Mark, viejos amigos, que tras varios años se reencuentran para acampar en la Cordillera de las Cascadas al este de Oregón. Eso sí, el viaje no sólo es un desplazamiento por los bellos pasajes de esta zona de Estados Unidos, sino un estudio sobre las periferias, las decisiones asumidas,  y en cierto modo, esa precariedad escondida, vista con el ojo de quien documenta; porque Mark (Daniel London) quien espera a su primer hijo, y se ha alejado de una vida de hippismo precario, tiene un último acercamiento a esa vida, que aún vive  su amigo Kurt (Will Oldham - músico y actor, no muy alejado de su personaje); los paisajes, el silencio y la música de Yo la tengo, no sólo nos acerca a la historia de dos amigos que viajan, sino al quiebre de sus mundos, y por ende de su amistad e ideologias. 


Un lento viaje a la nada

Reinhardt, representante de eso que los críticos denominan como slow cinema, nos presenta una historia "mínima", donde la alegoría, tanto política, sexual como del desamparo se refleja en estos dos personajes, outsiders de sus propias decisiones; la contemplación, que une al relato del escritor con el de la cineasta, es también la contemplación de algo inevitable, y es, como en los paisajes, el fin de los caminos, porque Kurt y Mark, ya van en caminos distintos, desde que inicia la obra; en cierto modo, y como sucede con las road movies, el paisaje es el otro narrador, fotografiado  de  manera acertada  por Peter Sillen - director y documentalista-, que emula un poco el trabajo de James Benning, y principalmente de la fotógrafa Justine Kurkland,  quien inspira a Jon Raymond para escribir Old Joy, fotografías de adolescentes  y "espíritus libres", viradas a hombres de mediana edad, y con sus espíritus menos libres, uno que se ha adaptado a la sociedad y otro, que en su inadaptabilidad, ha pérdido su propia estabilidad mental. 

Aunque puedo decir con total sinceridad que Old Joy no me gustó, cada vez que reviso más sobre la obra de Reinhardt, sobre lo que encierra esta película, que en cierto modo, es una sugerencia, una reflexión a medio camino, un viaje a la nada, algo resuena en mi cabeza, para seguir buscando información sobre ésta, y reflexionar que Old Joy, es, de una manera muy subjetiva, un estudio sobre las libertades, y decisiones  olvidadas, y hasta de un modo muy político, de cómo nos ve  la sociedad.


Zoom in: Ganadora de varios premios y nominaciones, principalmente de críticos 

Montaje Paralelo: Sideways (2004)

23 dic 2025

Los ojos sin rostro: contra/caras

 



Hacía tiempo que quería ver una  de las obras referenciales e iniciales del cine de terror francés, en este caso, el segundo largometraje de uno de los creadores de la Filmoteca Francesa y más cercano al documental como Georges Franju  con su  Les yeux sans visage  (1959) obra que inspiró a cineastas tan disímiles como John Carpeter o Pedro Almodovar,  citando a ésta, como  inspiración para alguno de sus trabajos; pero en este caso, la sensación fue más de decepción que otra cosa; eso sí, no se le puede restar su calidad, ambientación y particular historia; lo que no se entiende, a pesar que para la época y censura, tuvo que afrontar "la corrección estética", ésta, no logra - para mí- ir por ninguno de los otros caminos de la "prohibición", o darle un vuelco de hoja a la historia o trasgredir la historia, y sí bien, como dice Pauline Kael, es una obra de terror elegante, no logra el cometido que estaba esperando de una historia donde un cirujano plástico de renombre en su intensión de recuperar la belleza de su hija, comete los peores actos. 

Escrita a varias manos, e inspirada en la novela homónima de Jean Redon, esta obra de terror con tintes a thriller, y ambientación poética- nostalgica, fue un  intento de revalidar o explorar el género del terror con un tonio más autoral, que sí bien, lo logra Franju y sus colaboradores, algo en esa estilización se termina perdiendo, posiblemente esa idea de la máscara - la que utiliza Christianne, la hija del cirujano-, como algo fantasmal  y perturbador, acá no cobra todo el sentido, al igual que la amabientación - con todo lo correcta y efectiva- , no se cohesiona con el tono de la historia.



Los ojos de Schüfftan 

Aunque no sea la película que más me haya gustado, si le debo reconocer el gran trabajo del fotografo Eugen Schüfftan, un judio alemán, que legó no sólo grandes diseños lumínicos sino un efecto tan preciso para el cine ciencia ficción y misterio, que perduró hasta entrado el chroma; el gran aporte del alemán a esta historia es la ambientación  fantasmal y misteriosa, que en sus mejores momentos recuerdan a una pesadilla o a esa mezcla entre expresionismo, cine de la Hammer y los thrillers más particulares del momento, como por ejemplo, la secuencia final, la cual es el punto más interesante de este trabajo.

De resto no hay mucho mas que escribir sobre esta obra, que sí bien ha sido gran influencia para el cine de los últimos años - cabe recordar esa secuencia/segmento en Holy Motors de Leo Carax -, no ha envejecido de la mejor manera, y se quedó en la sobriedad de un director que quería ajustarse a las norma de la época.

Zoom in:  Tuvo una versión estadounidense o renombrada para los Estados Unidos en formato de programa doble


21 nov 2025

Franja Estrenos Internacionales: No other Land

 


“El origen de la cuestión palestina-israelí ́ no es un enfrentamiento entre dos pueblos históricamente vecinos que pugnan por un territorio ni entre dos movimientos nacionalistas. Es, principalmente, un proceso de colonialismo de asentamiento sionista activo en la actualidad.” (1)


Hace casi un año escribíamos sobre la dificultad de explicar el conflicto palestino-israelí, en un pequeño especial de cine documental sobre tal conflicto,  no sólo una explicación de índole social, cultural o político sino principalmente de índole humano, es decir, al mostrar el lado más decadente de la colonización, el capitalismo y el odio al otro como lo es, el documental ganador del Oscar: No Other Land, obra que pudimos observar hace un par de semanas en la franja de estrenos Internacionales en la Cinemateca de Bogotá, pero una que aún resuena en estos ecos de fascismos, discursos de odio  y blanqueamientos raciales, como el que se sigue viviendo en Palestina; porque No Other Land, además de un discurso y documento de resistencia de la Cisjordania ocupada, es igualmente reflejo de hacia dónde está virando el mundo, tanto en ideologías como en pensamientos, donde el fuerte tiene la razón y lo correcto está mál visto; es precisamente donde este documental dirigido a varias manos, nos adentra, principalmente en la vida del joven activista palestino Basel Adra, quien desde niño ha documentado - y heredado- la lucha contra el desplazamiento en su pueblo Massafer Yatta (una aldeas palestinas en el extremo sur de Cisjordania que bordean lo que se entiende como la Línea Verde o la frontera con Israel), a su vez, y como cara de la misma moneda de lucha, está Yuval Abraham, periodista israelí, quien comparte las ideas de Basel, pero quien debe confrontar no sólo a sus compatriotas sino a su dualidad  como libre observador; es esta amistad y sus visiones del mundo, la que hacen de este documental un trabajo tan eficiente como humano, para tratar de entender este conflicto, que al día de hoy, no parece finalizar.


Lo que documentan tanto Basel como Yuval, junto a Hamdan Ballal Al-Huraini - quien fuera arrestado y torturado por el ejercito y colonos israelíes- y Rachel Szor, es la destrucción progresiva de sus tierras, para colocar campos de tiro, y seguir desplazando al pueblo palestino, todo bajo la mirada e intervención del ejercito, de entidades estatales y de los colonos israelíes, que  miran al palestino como un "ilegal" en su propia tierra. Un trabajo que media entre lo archivístico - los años de grabaciones caseras pero con propósito de Yuval- y de la amistad, y en parte pequeño espejo, de estos dos pueblos separados por la insensatez política y religiosa.   

 



La opresión, la violencia sistemática, no sólo ha aumentando con los años - si uno revisa bien el documental, aún no estaba en su punto más crítico el conflicto - guerra - genocidio-, sino la división entre estos dos pueblos - tanto en su punto geográfico, como en el resto del mundo-, y el documental, así como el grupo de trabajo, nos muestra todo lo contrario, que más que puntos en común, en términos religiosos o políticos, deben primar los humanos, como lo vínculos que se ven en pantalla entre Yuval y Basel, como de los otros dos directores, uno israelí y el otro palestino, e igualmente, así como el mundo ha empezado a vislumbrar este conflicto - tan viejo como la historia de dicha región-, también es uno que ha visto en vivo y en directo, las acciones más crueles, y eso lo hace aún más desesperanzador hacia el destino de la humanidad, como lo decía alguna filósofa.  Aún así, el mensaje de la obra y de los propios directores, es mucho más optimista, en medio de la niebla de totalitarismos, fanatismos e indiferencia.


Uno de esos documentales que vale la pena volver a ver, y seguir tratando de entender como la ilógica de este conflcito aun perdura. 



Montaje Paralelo: Five Broken cameras (2011) - Palestina Libre

Zoom in: Ganadora del Oscar a mejor documental - también en la Berlinale. 

Uno de los colaboradores en el documental fue asesinado por colonos israelíes. 




(1) Ramos, Tolosa Jorge (2020) UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE PALESTINA-ISRAEL. Editorial Catarata. 

22 oct 2025

Franja Estreno Nacional: Forenses

 



Nuevamente, retomamos el contenido en este blog con la segunda película de Federico Atehortua, documental con tintes ambiguos y dificil de clasificar, como lo viene siendo el documental latinoaméricano, en el que el archivo, lo perfomático y la memoria, se agolpan no sólo para contar una historia sino para reflexionar sobre el país; una especie de cine que piensa, en el que se elaboran "manifiestos de la memoria" alrededor de la desaparición forzada, eje central de esta obra, dividida en tres relatos: el del propio director y su tio desaparecido, el de Katalina Angel, una directora y artista trans, quien se inspiró en la muerte de una desconocida - también de la comunidad trans- frente a su casa, y de Karen Quintero, antropóloga y forense, quien como una traductora, evidencia lo que los otros dos vivieron.


Atehortua, nos presenta un documental en primera persona, su voz, o mejor sus reflexiones que se van ensamblando con las otras voces, la de Karen y Katalina; reflexiones que aluden al desaparecido como parte del mapa - estructura-  del país, y a su vez como agente político, uno que está en "fuera de campo" como indica el director. Igualmente, es una obra de texturas, formatos y estilos, todos con intencionalidad, tanto el de emular como el de identificar esa relación con la memoría, ese concepto tan manido pero a la vez tan acogedor para el cine, ya no sólo latinoaméricano sino el de la ausencia y las otras violencias, en lo que acierta el director, no sólo recogiendo esas otras voces sino ensamblándolas como un todo, que como indica alguno de los portagonistas, hace del cine un dispositivo que trae a la vida a nuestros muertos.


Una breve reflexión  

Los Atehortúa, Federico y Jerónimo, le han dado al cine colombiano otro rostro o sí se quiere otra intención, no necesariamente la más accesible, pero sí una con varias capas, donde el medio hace eco de su capacidad  para reflexionar, es decir como escribieron los Epstein o lo Foucalt, una máquina que piensa, y en este trabajo eso es más que evidente, no sólo por esa voz - la del director- que nos va conectando con sus ideas y reflexiones, sino por el montaje y el sonido, que median con sus propias voces - así apunten hacía el mismo fin, estabelcer ese vinculo de lo forense y de los desaparecidos, como actos político- artísticos-, además, porque este cine de lo relacional, tiene la capacidad de ser uno más horizontal  - no se necesita de grandes medios- y a la vez antihegemónico, vislumbrando otras posibilidades del audiovisual; aún así, también este es un cine de la mescolanza, de lo heterogéneo  y la ambiguedad, que no siempre es fácil para todo público, encerrándolo en ese terreno de lo inclasificable, que muchas veces, descoloca tanto al que observa como lo observado; pese a ello, el cine de estos directores y de otra camada de realizadores que se mueven en la misma línea, es necesario, ya no para hablar de un cine nacional si no de uno  como pensamiento.

25 mar 2025

Otras miradas sobre la violencia en el cine colombiano

Si algo tiene de complejo el cine colombiano, es su clasificacíón, no sólo por su interrupción histórica a nivel de análisis y crítica, sino porque éste hasta hace unos pocos años ha tenido una catalogación determinada por forma y estilo, en el que la violencia como las drogas, supuestamente, han sido puntos centrales de su narración, y sí se quiere de su estética; aún así, como propone Correa (2009, pág. 1) el cine colombiano es un objeto de estudio elusivo, la etiqueta misma es problemática y parece esquivar continuamente la mirada del analista (1), es decir un cine sin unidad aparente, tanto en temáticas como en desarrollo; aunque esto ha cambiado, y las diversas leyes, estudios y festivales han dispuesto en este cine colombiano, más que una identidad un carácter reconocible, aún así hay que entender que como específica Orozco, 2009:

El hecho de que gran parte del análisis sobre cine colombiano proviene de investigadores cuya primera concentración es la literatura marca de modo particular la mirada sobre el cine. (...) Esta mirada de literatos y especialistas culturales sobre el cine puede -en algunos caso- tener como consecuencia una mayor atención a los elementos más emparentados con la literatura: la narrativa, los personajes, el marco temporal y espacial, por ejemplo, olvidando repasar cuidadosamente en el lenguaje de la cámara (2)

Esta aclaración es importante no sólo en términos de homogeneidad estilística, sino como parte de una representatividad formal,  es decir, lo que se entiende como Cine Colombiano que se puede determinar tanto en lo que se narra como en el cómo, además de sintetizarlo en un corpus central, que viene a ser la violencia, la cual siempre ha entrado en debate, no sólo como temática sino como la única forma de identificar a este cine, sin embargo tanto investigadores, analistas y los mismos directores, plantean lo siguiente, en que se debe "abordar  la violencia y no dar la espalada a la realidad. En el centro del dilema, entonces, subsiste la discusión sobre mirar la violencia, ser indiferentes o encontar otra manera de abordarla", como lo anota Suárez en su libro (2009, pág. 183), porque, como anota otro autor: el cine de ficción no tiene obligación con la realidad, sino con la puesta en escena. (3)

La frase final es la que mejor puede representar el cine colombiano de los últimos años, principalmente un cine que sí bien no esta exento de violencia o que describe el conflicto armado colombiano, su obligación está más con la puesta en escena, así mismo, en  cómo se cuenta dicha idea o conceptos,  además de todas las herramientas narrativas y técnicas que el cine de los últimos años ha heredado de diversas fuentes, lógicas y análisis; con esta breve introducción nos vamos a acercar a cuatro películas colombianas, relativamente recientes, y que sí bien están centradas en la violencia, sus discursos, narrativas y formas son, no sólo más certeras con el lenguaje contempráneo del cine, sino más efectivas en sus puestas en escena, ajenas a hiperrealismos y hasta incómodas en sus planteamientos, pero también más estilizadas y efectivas en sus relatos, de cierta forma, un cine tan colombiano como global en lo que se cuenta, pero con esa personalidad que ha ganado con los años, tanto por esta generación de realizadores formados en el oficio de la imagen en movimiento y nuevas lecturas del cine nacional.      



Monos (2019)



Aunque la idea de los niños jugando a la guerra o inmersos en la teatralidad de la misma, no es una novedad en el cine, sí es un aporte importante, cuando su artificio se traslada  ya no sólo para relatar un  conflicto, en este caso el colombiano, sino mutarlo en uno netamente cinematográfico, es decir que la guerra, se nutre de este lenguaje, en el que tiene más peso la "puesta en escena", no apartándose de la realidad sino adaptándola a dicho recurso,  en este caso un discurso del caos y la inmadurez, que nunca han sido ajenos a las guerras; aunque esta descripción podría encuadrarse dentro del cine bélico más autoral, sintetiza lo que sucede con una de las películas más interesantes del cine colombiano, como lo es Monos, dirigida por Alejandro Landes, el cual se sumó a esa oleada de realizadores colombianos, que ya fuera por su  formación o espíritu creativo, trastocaron esa idea de un cine colombiano, uno en el que la violencia además de estar presente, es un motor estético tanto en su fotografía, tal vez una de las mejores del cine colombiano, por parte del holandés Jasper Wolf, y de un montaje conceptual -a varias manos-, que tal vez tenga la elipsis más lograda del cine nacional: zona fría a la selva, en un corte que cambia de tono y estructura a la obra; así mismo, un sonido que emula a Apocalypse Now (Copolla), y en varias ocasiones, el "quiebre" de la cuarta pared - como lo hace Rambo, la actriz que interpreta dicho personaje-, en cierta forma, es una película digna de lo referencial, porque es una obra que se alimenta de imágenes y sonidos clásicos del cine independiente estadounidense y autoral europeo, es decir, Monos es una película posmoderna, que enfatiza en la complejidad del conflicto colombiano  a través de lo que la imagen en movimiento puede decir, ya sea a través de referencias como la de Apocalypse Now, Cero en Conducta o hasta del cine experimental como de nuestra idiosincrasia(s): latinoamericana, colombiana y tercermundista. 


Minicrítica

El gran logro de Landes, es ponernos en la piel de una película que nos habla de una realidad social pero delineada por la analogía, que puede pasar tanto por lo distópico, el onirismo  o una realidad alterada de un grupo de niños/jovénes, hijos de la violencia, todo gracias al gran trabajo fotográfico, música y puesta en escena, que media entre el homenaje cinematográfico, los absurdos de una guerra y una especie de coming of age que entre la rebeldía y a anarquía nos retratan de forma elocuente.  Así mismo, películas como Monos, se desligan más de lo narrativo, centrándose en ese diálogo que las imágenes - montaje - fotografía puede recalcar con mayor énfasis en ciertas temática, en este caso, el conflicto armado colombiano, visto, en cierta forma, más como un collage o una obra suprarrealista.   




Matar a Jesus (2017)



La ciudad Tanática o sicariesca, como lo describe Manuel José Zuluaga, es una estética permeable en el cine nacional (4), principalmente en la Medellín de la época más violenta; estética o narrativa  que ha alimentado a gran parte de dicha cinematografía, la cual ha sabido encajar tanto realidad social como tensión dramática, mediada por la fotografía de la ciudad - uno de los puntos fuertes del cine "paisa", que está  en lo liminal, entre lo poético y lo brutal de la perifería, que además de elemento estético, está en constante tensión dramática, que es lo que podemos ver en la opera prima y obra con tintes autobiográficos de la directora Laura Mora, la cual nos retrata a grandes rasgos, la relación  entre la hija de una víctima y su victimario, pero la narrativa de Mora no se reduce a un acto de venganza, sino a la incomodidad de entender que todos somos víctimas de un conflicto, tanto el sicario como hijo de una sociedad violenta, como la chica - espejo de la directora- que perdió a su padre por dicho sicario, ese constante tour de force  se refuerza con ese imaginario de la ciudad de fondo, un backing que no sólo retrata la distancia entre la perfieria y la ciudad "civilizada" sino como reflejo de los sentimientos de los personajes.

Minicrítica

Si en algo se destaca el trabajo, y en este el caso el guión escrito entre Mora y Alonso Torres, está en la incomodidad de esta relación tal liminal como la misma ciudad, sumado a un interesante trabajo conceptual con lo fotográfico, sin descuidar la técnica; y ese carácter resignificador del dolor, tanto en términos cristianos- cabe recordar que el sicario se llama Jesús-, y muchas de las imágenes  tienen un halo de catarsis y perdón cristiano, eso sí a su forma y estilo, planteado por la directora colombiana.




Entre la Niebla  (2021)


La soledad en el cine, es un disfraz elocuente para cubrir no sólo cuerpos sino heridas, algunas tanto físicas como mentales, por ejemplo, los rastros de las diversas violencias contra los humanos, la naturaleza y los mismos sueños, porque Entre la Niebla, segundo largometraje del realizador bogotano Augusto Sandino, que a través de imágenes muy personales, y a la vez con tintes surreales, además de pocos diálogos, nos acerca a la rutina de F, un joven introvertido que cuida a su padre enfermo, en medio de un remoto paraje de páramo, al cual está profundamente conectado este joven campesino; la soledad no sólo es evidente por los pocos personajes, sino por la lucha de F contra  la explotación del páramo y de la naturaleza en general, sino de su misma condición y anhelos ensombrecidos por la realidad y violencia de un país; con una fotografía potente, al igual que su sonido, donde se mezclan onirismo y realidad social, que nos hacen experimentar las sensaciones y entendimientos ya no sólo del protagonista, sino la de una realidad innegable, la de los jóvenes rurales sin oportunidad y marchitados a la suerte de sus tierras en peligro; sí lo vemos bien, otra forma de violencia.

Minicrítica

Si algo tiene el cine de Sandino, es su esencia autoral, de propuestas arriesgadas pero pausadas que buscan un lenguaje propio, que se ponen en evidencia en este trabajo de tono mágico-realista, que apela a la metáfora y la contemplación para hablarnos de temas, que parecen todavía muy cercanos a la nuestra realidad social, y lamentablemente de gran parte del mundo.



  
Manos Sucias (2014)




La costa pacífica colombiana se ha retratado en los últimos años de varias maneras, apelando a una realidad sombría en medio del color de sus paisajes; idea que aprovechó bastante bien el director estadounidense Josef Kubota Wladyka, quien conoció esta región en un viaje, entre lo investigativo y el asombro del viajero; este director explora en ésta, su ópera prima, no sólo el conflicto del transporte de droga, la ilegalidad y falta de oportunidades de sus pobladores, sino una obra con tintes bíblicos, de hermandad y redención, en el que los instintos más bajos, como en la naturaleza y el mar, emergerán de lo más recondito, como sucede con Jacobo y Delio, dos hermanos que volverán a encontrarse, en este viaje sin retorno, para uno en la pérdida de su inocencia y para el otro en su desesperanza. Con una fotografía naturalista, mediada por el contraste entre el mar, horizonte y los pescadores; con un movimiento perpétuo, que se refleja en la música, la barca, el montaje y las ideas de estos personajes.

Minicrítica

Sí bien no fue la película que más me gustó, y entra el debate sobre qué es el cine colombiano, el punto a favor de ésta, es como el director le da cierta universalidad a la violencia, o mejor una violencia más cinematográfica, que explora sobre la condición humana.



Conclusiones  

Sí en el cine colombiano la relación con los ríos o las urbes han sido tratadas por varios autores, esa misma idea todavía no ha repercutido con otro espacio,  recurrente en el cine de los últimos años en el país, como lo es el paramo, el cual además de su estética, es el que mejor representa al país en su ausencia, como lo vimos en dos de las 4 películas.

Uno de los elementos esenciales del cine colombiano, es su constante movimiento, un desplazamiento, que tanto a nivel fotográfico como de relato, fortalecen a la obra y en cierta forma, dialoga con otras ideas, tanto cinematográficas como sociales.

Más que la violencia, es la forma de contarla, la que le ha dado relevancia al cine colombiano, donde además de explorar con la forma lo ha hecho con sus propias reflexiones. 


Referencias   
 

(1) Correa, Jaime. (2009). La constitución del cine colombiano como objeto de estudio: entre los estudios cinematográficos y los estudios culturales.. Revista de Estudios Colombianos. 
(2) Suárez, J. (2009). Cinembargo Colombia ([edition unavailable]). Programa Editorial Universidad del Valle. Retrieved from https://www.perlego.com/book/1581812/cinembargo-colombia-ensayos-crticos-sobre-cine-y-cultura-pdf (Original work published 2009)
(3) Barreiro, P. (2018). Indómita: Colombia según el cine extranjero (1.ª ed.). Editorial Universidad del Rosario. https://doi.org/10.12804/th9789587842296. pág. 9
(4) Manuel Jose Zuluaga Pérez (2019) Medellín Ciudad Tanatica:  escenarios en la sicaresca cinematográfica.  

18 mar 2025

Versus: Blow Out/The conversation


Aunque el escándalo Watergate y Las Babas del Diablo de Cortazar, no tienen ningún tipo de relación, dos directores de cine, hijos del New American Cinema, tomaron estas referencias, y construyeron dos de las películas más interesantes y - casi que didácticas- sobre el sonido y suspenso cinematográfico. Porque Watergate, además del conflicto político y de haber convertido a Nixon en un ícono de la corrupción, fue también punto de partida para una nueva oleada de paranoía y conspiración cinematográfica, principalmente a través de grabaciones de audio, dando como resultado Blow Out de Brian de Palma y The Conversation de Francis Ford Copolla; además, porque éstos se inspiraron tanto en Las Babas del Diablo de Julio Cortazar que el director italiano Michaelangelo Antonioni conviritió a finales de los años 60 en Blow Up, una especie de sobreinterpretación de la imagen con un fondo criminal, que tanto en Blow Out como en The Conversation, se traslada a lo sonoro. Sin embargo, aunque las dos películas tienen varios puntos en común, compartiendo elementos centrales: personajes solitarios, el uso del sonido como parte de la trama y cierto carácter paranóico, cada una se aferra a su estilo y forma, Blow Out como un thriller de género y la de Copolla mucho más existencialista (filosofía), tanto por el carácter del personaje como por su pesimismo ímplicito.

Los sonidos del .....crimen

Algunas veces olvidamos el poder y capacidad que tiene el sonido dentro del cine, no sólo en los diálogos, música o efectos sino en su carácter discursivo, que además de adentranos en la lógica de la obra también obedece a las lógicas del director o del autor, que dialoga con sus intereses, obsesiones o con la sociedad que está o estaba viviendo, como sucede con estas dos películas, una influenciada por la otra - en este caso Blow Out por The Conversation-, en la que aún se exploraba ese nuevo miedo y paranoía tras Watergate, y muchos eventos desalentadores de los años 60 y 70,  los espionajes corporativos, y un dejo de desilusión, que estuvo presente en estos realizadores formados en escuelas de cine  


Como describíamos líneas más arriba, las dos obras guardan similitudes:  hombres solitarios que trabajan con sonido, en el caso de Blow Out, un sonidista que sale a registrar material para una pelicula slasher, graba lo que parece ser -como avanza el guión- un asesinato político, y por el lado de The Conversation, un detective especialista en vigilancia, graba la conversación de una infidelidad que parece esconder algo más turbio. En los dos casos, la palabra aparente cobra mucho sentido, porque ambas guardan una relación especial con la sobreinterpretación (del sonido) por parte de los protagonistas, uno mucho más culposo y desolador -un estupendo Gene Hackman en The Conversation-, y el otro, más un salvador fortuito - un muy acertado Travolta-; eso sí, cada uno es reflejo de su momento y del género, el papel de Travolta, aunque culposo y de un pasado complejo, se obsesiona con el sonido, tanto por ser meticuloso, como para resolver el misterio y rescatar a la chica, mientras que para el detective en The Conversation, es su fe, trabajo y moral cristiana las que se ponen a prueba tras la grabación que escucha obsesivamente. Es decir, que estamos ante dos hombres que sienten culpa y que con su trabajo quieren expiar su pasado, sólo que el papel de Hackman, y en este caso la visión de Copolla, es mucho más nihilista, más incómoda con el mundo.

La incomodidad está presente en las dos obras, por parte de De Palma está en su múltiples recursos técnicos, que explota bastante bien tanto a nivel visual como sonoro - cabe recordar la secuencia del borrado de las cintas-, y por el lado de Copolla, está en el mismo personaje alternado con la grabación; pero en el primer caso, es más una sensación de stress y en la otra, de constante incomodidad, con un personaje ensimismado. Así mismo, es una obra en la que los personajes toman caminos distintos en su evolución, el sonidista crece personalmente después de haber entrado en las entrañas de la paranoía, mientras que para el personaje encarnado por Hackman, es otro paso más, en su largo camino de desolación; cada uno fiel a las premisas del thriller, uno más genérico y otro más autoral, que las secuencias finales, hacen énfasis en su destino, uno que nunca veremos.



Un contrapunteo

Uno de los elementos más interesantes, es lo sonoro, tanto en su uso como parte del relato como en su función didáctica/homenaje, porque Blow Out es un metarelato sobre el oficio del sonido cinematográfico mientras que en The Conversation, el sonido es parte del espionaje y aparataje detectivesco, pero, aunque el homenaje al cine por parte de De Palma funciona en su forma y estilo,en el trabajo de Copolla, y en este caso particular de  Walter Murch - montajista y diseñador sonoro fundamental para el cine estadounidense-, su triunfo está más en lo discursivo, y en la capacidad autónoma que tiene el sonido dentro del cine; es decir mientras que en Blow Out vemos la "arquitectura" de cómo se arma el trabajo sonoro de una película y todos sus entramados, lo cual funciona como homenaje y narrativa, en The Conversation, el sonido se convierte en un "diálogo" sobre el poder del sonido, el contrapunteo con las imágenes y un detonador de la culpa y aislamiento del detective.

Lo curioso, y eso sí es algo personal, con la obra de Copolla, aunque alejada del oficio cinematográfico, es la que mejor demuestra cómo funciona dicho oficio, y su diseño sonoro, tanto en la construcción narrativa, raccord sonoro y discursividad, cabe recordar esa secuencia, en la que el detective empieza a mejorar el sonido, y se empata con los recuerdos de la pareja charlando, y tenemos todo un modelo de edición de sonido, y otro par más de ejemplos, que se vuelve en todo un master class sobre montaje de cine; eso sí, con la obra de De Palma  vemos todo el aparataje y la técnica  de cómo se realiza lo que citabamos anteriormente.


Conclusiones

Aunque las dos películas guardan cierta cercanía a nivel temático, cada una fue representativa en su género o estilo, reivindicando de forma acertada el papel del sonido en el cine, y mostrándonos que en Hollywood, los miedos,  paranoía y pésimos gobiernos, generan grandes obras de cine; es decir que estamos cerca de nuevas obras maestras.