12 nov. 2019

David Lynch: The Art of Life


                                        " El arte no cambia nada, el arte te cambia a tí"

Documental dirigido a seis manos por Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el cual se centra en la obra pictórica de David Lynch, y su universo creativo, que no sólo está en las películas sino en los proyectos emprendidos por el artista nacido en Montana (USA); este trabajo audiovisual, ajeno al universo cinematográfico de Lynch, no sólo es una revisión de cómo se fue formando este artista, sino la lucha que tuvo que enfrentar con su familia, principalmente su padre, al igual que sus dudas - como persona, pintor y artista en general-, sus años de "descontrol" y finalmente, en el momento que su decisión artística, lo va a llevar por otro, por otro camino, en el que el cine estaba al final de éste. Este retrato íntimo, de muy buena factura narrativa, no solo es un acercamiento al hombre, sino a la figura del artista, en la que los miedos como las competencias de Lynch, se van remarcando por una voz en off, que es la del propio Lynch, con una serie de imágenes de archivo, y una puesta en escena, en la que la pintura, las gruesas pinceladas y  diversos materiales van al ritmo creativo de quien dirigiera Blue Velvet, El Hombre Elefante o Mulholland Drive; aunque son secuencias que muestran el acto creativo de Lynch, también nos muestran su retrato más personal, interactuando con su pequeña hija, con sus rutinas y deberes, a un ritmo pausado, reflexivo, en el que su característico cabello, forma de andar y copiosa fumadera, también son reflejos de sus trabajos.


Dentro del documental cabe destacar, el trabajo con la voz en off de Lynch, no como un narrador omnipresente, sino más bien, como una serie de grabaciones sonoras encontradas, en las que las memorias del director son ilustradas de diversas maneras, donde vemos tanto su vida familiar como sus primeras obras, donde reconocemos su miedo a ser padre y las imágenes mas paternales, con su última hija; y es en este punto, donde este documental tiene grandes aciertos y nuevas piezas de engranaje de esa gran dispositivo, que es el mundo lynchiano, donde los alfabetos dan miedo, la pintura se hace pesadilla y las cabezas de borrador crean un nuevo universo.   Documental que vale la pena ver para los más aficionados al señor Lynch -incluyéndome- o para los neófitos en este director, pero igualmente un trabajo, que logra reflexionar sobre el acto de crear y lo que esto implica, y en esa parte, también es u documental que funciona a cabalidad.

Montaje Paralelo: Documentales sobre David Lynch

8 nov. 2019

El carruaje Fantasma: Metáfora sobre los males de una época



“La muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.” (André Malraux)

El cine nórdico silente se destacó por sus estilizados planteamientos visuales, donde la expresividad del paisaje, naturalismo fotográfico e inusitadas sobreimposiciones con ecos fantasmagóricos o místicos, le dieron relevancia dentro de la cinematografía mundial, y de cierta forma, un cine que alimentó al hollywoodense desde los efectos visuales y ciertas narrativas de vanguardia. Dentro de este cine, resuenan los nombres de Mauritz Stiller, el productor Charles Magnusson, los fotógrafos y hermanos Jaenzon y principalmente Victor Sjöström, que en nuestro caso lo conocimos como el profesor Borg, en Fresas Salvajes (1957) de Ingmar Bergman, a quien influenció sobremanera, y heredó mucho de su estilo visual y forma de filmar, eso sí, cada uno con su propia visión del mundo, mucho más positiva en el caso de Sjöström, que lo deja en evidencia en ésta, su obra cumbre y la más conocida.   Profundizar en la obra del director sueco, es hacerlo en la filmografía de dicho país, por que esa conocida Edad de oro del cine sueco (1917 -1923) tuvo como protagonista a Sjöström, y a esos componentes visuales a los que Roman Gubern (2006) alude en alguno de sus libros, es decir el paisaje expresivo, la adaptación literaria y el trabajo lumínico, que no sólo son evidentes en El Carruaje Fantasma sino en varias obras de la época. Igualmente es importante aclarar, que sí bien este largometraje tiene un fuerte contenido "expresionista", también se acerca al contenido social de la época y a cierto melodramatismo que no era ajeno al cine sueco de esos años, y que tampoco escapa al estilo de este director, donde lo teatral, literario e innovador tuvieron cabida.



El guión que parte del cuento homónimo de Selma Lagerlof, escritora sueca, premio nobel y adaptada por varios directores por su estilo cinematográfico, nos acerca a la leyenda de un carruaje fantasma que recoge el alma del último pecador muerto en nochevieja, convirtiéndose en el nuevo guía como castigo; escrita como una serie de flashbacks, y el recuento de unos borrachos que cuentan dicha leyenda, pero cuando uno de estos muere, justo en el filo de la medianoche, la leyenda se hace real, y conoceremos el destino de David Holm (Sjöström), protagonista de esta obra, y de los males de la época, alcoholismo, violencia, crueldad y desapego. Con unos recursos narrativos innovadores y arriesgados para su época, la obra es un ejercicio mediado entre lo moralizante (la bebida) y lo fantasmagórico, pero de forma estilizada (1), sofisticada y vanguardista, no tanto por lo que cuenta sino por como lo cuenta, y en esto Sjöström, recurre a sus mejores ideas, que van desde el psicoanálisis Freudiano, el teatro y la lectura de una época.

El inteligente y arriesgado relato trabajado por Sjostrom, más que una película de terror, es un drama expresionista, que pone en la figura de Holm, los males del mundo, uno donde el alcoholismo, el desinterés por la familia y la agresividad, son pagados con conducir un Carruaje Fantasma.



La fotografía de Julius Jaenzon, habitual en la obra de Sjöström, y de por sí, del cine silente nórdico, no sólo destaca por la maestría de los planos, mezcla de naturalismo y fantasía, sino por lo componentes técnicos, en este caso la doble exposición, al igual que el manejo de los matices, generando una cierta distorsión visual, propia de lo que entendemos como expresionismo; sin dejar de lado, que sí bien es una obra donde el estatismo está presente, las múltiples capas, no sólo de la doble exposición sino de la configuración visual, hacen del trabajo un rico ejercicio compositivo, que sí bien es pausado, no por ello cae en lo teatral, por el contrario la mezcla del riesgo narrativo como visual, es absolutamente cinematográfico. 

Pero en definitiva, son las actuaciones, tanto de Sjostrom como de Hilda Bogstrom, en donde mayor resuena este trabajo, no sólo porque son actuaciones contenidas sino porque la construcción de los mismos, está muy bien delimitada, y con ciertos tintes autobiográficos - entendiendo la vida familiar de los padres del director sueco-; el alcoholismo y desprecio hacía sus semejantes está muy bien encarnado por el director sueco que entra en contraposición con el papel de la monja de ejercito de salvación (Bogstrom), y en ese paralelismo, es donde, las actuaciones como el desarrollo  narrativo tiene sus mayores cuotas de calidad, aunado al gran trabajo fotográfico, y el mismo montaje, entendido como la armazón de la obra.




En otro apartado, cabe destacar, que como mencionábamos más arriba, esta película, puede parecer en un principio una obra  expresionista - tan en boga en ese momento-, pero donde realmente pesa más el naturalismo de sus escenarios (los nórdicos), el leve maquillaje y la  contención,  puesta en escena, en diferentes contextos que lo acercan más al "realismo" con ciertos toques sobrenaturales (2), en el que puede aflorar el terror o la angustia; aún así, Sjöström, de la misma corriente conceptual y moral que Dreyer, impone en su obra, o en esta obra, un final feliz, o mejor una redención , en la que el personaje de Holm o el mismo Sjöström, lava sus pecados /recuerdos/ vivencias.

Para mí, una de las mejores obras de ese periodo, tanto visual como narrativamente, además de la iconografía implícita en esta obra, es decir, el carruaje, la parca y en contradicción con lo escrito anteriormente, ese halo de expresionismo que queremos encontrar en este trabajo de tintes morales con un empaque sobrenatural.

Zoom in: La novela, en gran medida gracias a su adaptación cinematográfica, conoció numerosas ediciones y reediciones en todo el mundo (3)
Montaje Paralelo: Der Muder Tor (1921) - Cine Mudo - Expresionismo  - Dreyer 



   

2 nov. 2019

Ciclo Restaurados: Charlas y concierto






En el ciclo de Restaurados, en la Cinemateca Distrital, aunque no vimos ninguna de las obras restauradas, a excepción del reel del material de los Acevedo, en el día de la inauguración y video-concierto, sí tuvimos la oportunidad de escuchar a dos personalidades muy importantes dentro del campo del cine latinoamericano, en primera instancia al peruano  Isaac León Frías, catedrático, critico y escritor sobre cine latinoamericano, y uno de los fundadores de la revista Hablemos de Cine, fundamental para latinoamericana, el cineclubismo y de cierta forma para la conservación audiovisual; a Frías lo escuchamos tanto en la franja de Escrituras de Películas, en la que conversó con el Docente Yamid Galindo, amigo y compañero de trabajo, y en una segunda charla en torno a las tendencias del Cine Latinoamericano actual; por otra parte, también estuvimos en la charla del músico para cine silente  Jope Maria Serralde junto a Jaime Andrés Monsalve, quienes en un conversatorio muy musical, nos explicaron o hablaron sobre la música para imágenes de archivo. 

En la inauguración, como explicábamos líneas más arriba, escuchamos al grupo de rock alternativo Oh´laville, quienes asumieron el reto de sonorizar cuarenta años de los archivos fílmicos Acevedo; un ciclo donde la variedad fue la protagonista, como la misma programación de la Cinemateca, en la que había de todo un poco para la vista, oído y demás.

26 oct. 2019

Animales Nocturnos: Venganza en clave de arte





“la imposibilidad de vivir fuera del texto infinito –no importa que ese texto sea Proust, o el diario, o la pantalla televisiva: el libro hace el sentido, el sentido hace la vida”.
                                                                                                             Roland Barthes

Con Tom Ford, el exitoso diseñador de modas estadounidense, aplica el término "que no hay que estudiar cine para hacerlo", eso sí, se deben de tener buenos contactos, dinero, talento y un bagaje cultural expresado de diversas maneras como lo hace este arquitecto convertido en modista, y desde hace casi una década, cineasta, aunque en el 2005, creó su productora Fade To Black. Aunque sólo ha realizado dos largometrajes, ambos  han sido bien recibidos por público y crítica, además de los premios en festivales y muestras; pero cuál ha sido la fórmula o el concepto detrás de este hombre, la primera, y que se hace evidente, es la elegancia de sus obras, que tienen como protagonistas a personajes complejos, frustrados y en un transito de cambio absoluto (en cierta forma, una especie de absolución negativa), por otra parte, y ya centrándonos en Animales Nocturnos, porque Ford logra acercarse a esa idea de la intratextualidad de manera notable, jugando con lo literario, lo cinematográfico y las emociones,  como parte de la narrativa y desarrollo de la obra, en una especie de venganza artística, como dice el cineasta en alguna entrevista.  


Este doble relato basado en la novela Tony y Susan de Austin Wright, se puede entender como una venganza a través de la literatura pero también como un reflejo de la alta sociedad americana, vista como una especie de demonio, que en su frivolidad y hedonismo, recibe su merecido (una pequeña parte) de la manera más poética posible. Elementos que no son ajenos al director estadounidense, que de cierta manera vive en la paradoja de ese concepto; igualmente, la obra es un acercamiento a la idea del autor versus su creación, pero en este caso, una creación como venganza, en las que las realidades o diégesis: literaria y cinematográfica, se unen  narrativamente. 

El guión adaptado por Ford, es una mezcla de "diálogos", en este caso el cinematográfico y literario, cuando Susan Morrow (Amy Adams) una exitosa galerista de arte, recibe el libro de su expareja Ewdard Sheffield (Jake Gyllenhaal) llamado Animales Nocturnos, el drama y suspenso literarios se verán reflejados en el pasado y fin de la relación de estos personajes; la venganza, muerte y traición en este caso es una metáfora de desamor.

El inteligente y muy bien elaborado guión, no sólo destaca por su estructura sino por lo que implica conceptualmente, reflejado tanto en la figura y evolución del personaje(s) de Gyllenhaal como de la narrativa, que está mezclada entre el thriller de la realidad del libro como de lo dramático-social de la realidad en la que Amy Adams es la protagonista. Igualmente, cabe destacar los inteligentes diálogos, las frases memorables y cierta "voz", en la que el propio Ford, pone sus pensamientos.




Pero también es una obra que visualmente es impactante, y muy bien divida en su concepto por parte de Seamus McGreavey, director de Fotografía, que tanto en lo documental como en las grandes producciones (Avengers, High Fidelity) logra colocar sus sello de calidad, en este caso, porque emula muy bien la superficialidad y encanto del mundo de Susan Morrow y de la clase alta americana, e igualmente el naturalismo sombrío del mundo de Animales Nocturnos, donde lo rural, los exteriores, la carretera y la violencia, están muy bien representadas, cayendo en cuenta que el sol no tapa las manchas oscuras del alma humana.  De todas maneras, no todo el crédito se le puede dar al fotógrafo norirlandés, porque existe un trabajo impresionante en la dirección de arte y sus demás componentes, es decir, desde el vestuario hasta el maquillaje, que "rompen" que los dos universos vistos en pantalla.

Musicalmente es un trabajo que también destaca, al igual que lo hace desde el montaje, en su versión macro, como en lo secuencial, donde es muy pertinente, ya que el paralelismo narrativo como emocional está muy bien identificado. 


Pero todo lo demás se alinea con las actuaciones de Gyllehaal, en un doble papel, de la siempre bella e inquietante Amy Adams, y un actor como Michael Shannon, que en todo lo que hace - o casi siempre- destaca, ya en sea en sus roles más duros, complejos o contradictorios, como le sucede en esta obra; tampoco se le puede restar calidad a las actuaciones de Isla Fisher, en un papel corto pero absolutamente dramático como el de Aaron -Taylor Johnson. Actuaciones, que en el caso de Gyllenhaal, evolucionan y en el de Adams y Shannon, tocan sus más profundas fibras, de cierta, son construcciones de la misma personalidad.  

Un excelente trabajo, que tanto visual como narrativamente son impactantes, donde la elegancia de Ford se hace evidente, pero también su capacidad para narrar, no sólo desde lo literario sino desde emotivo, en donde la película triunfa de manera singular. Un trabajo para volver a ver, y hacer un análisis desde lo intertextual y los conceptos de autor vs. obra, la creación y obviamente la superficie visual, porque tampoco se puede negar que es una obra, donde la moda, la superficie están presentes.

Zoom in: Ganadora en Venecia, Globos de Oro y nominada en diversas categorías incluyendo Bafta y Oscars.

Montaje Paralelo: Neo Noir


9 sept. 2019

Hara Kiri: El honor del samurai



"Aparte de los casos de derrota en una acción armada, existían otros motivos por los que un samurái podía decidir suicidarse, de acuerdo con el concepto de honor o bushido. Así, el seppuku podía ser una forma de expiar la culpa por un error (sokotsu-shi), de hacer pública una animadversión (funshi) o de protestar por una decisión injusta (kanshi). También para defender la propia inocencia (memboku) o acompañar al señor en la muerte (junshi)." (1)

Interesante re-make por parte del prolífico director japonés Miike Takashi que, aunque no se aleja demasiado de la obra original, el uso del 3D y uno que otro vericueto narrativo, le dan personalidad a este trabajo en el que el japonés, más que desplegar todas sus cualidades como autor, se centra en la (re)factura de un clásico de culto como lo fue el Hara Kiri de Kobayashi (1962). El siempre polémico y excesivo Takashi, en esta ocasión, no sólo es contenido en la violencia y sangre, sino que por el contrario tiene una de las visiones más humanistas y apropiadas a estas épocas, que el propio Kobayashi, descifró en su momento; donde la muerte digna de un samurai, también es reflejo y reflexión de una sociedad en cambio, y de ciertos males que aún nos aquejan.



Concebida como un racconto, la historia no es sólo el recuento de un hombre que desea morir, sino las razones que lo llevaron a tal honor, en tono de venganza y catarsis. Es decir, la trágica historia que cuenta Kageyu (Ebizo Ichikawa), sobre Motome, cada uno con la misma intención, pero un diferente fin, marcados por el mismo destino, la tragedia de una época y la prepotencia de los superiores.

Con tres claras y evidentes líneas o capítulos, la obra se desarrolla bajo el relato del personaje interpretado por Ichikawa,  que además de contar sobre Motome, lo hace sobre sí mismo, sus conexiones emocionales y finalmente, la apoteosis, trágica pero honorable, como toda muerte de un samurai; todo esto bajo la elegante fotografía Nobuyasu Kita, habitual en la obra de Takashi, y quien principalmente, saca a relucir sus mejores "trucos" fotográficos, en el clímax de la obra, en el que el wuxiapan (Shaw Brothers, género de las artes marciales), cubre la pantalla de nieve, acrobáticos y coreográficos enfrentamientos con katanas y calculados movimientos de cámara. 



A destacar el montaje de esta obra, no sólo en su estructura sino en muchas de las secuencias, tanto dramáticas como de violencia, que de todas formas están sustentadas por la gran actuación de Ichikawa, de Hikari Mitsushima,  Eita,  y demás, que refuerzan el sentido dramático de la misma. En este aparatado, podemos anotar la impresionante banda sonora de Ryuichi Sakamoto, música que no sólo nos traslada al Japón Imperial, sino a las múltiples sensaciones detrás de la voz de Kageyu, la fatalidad y violencia de una época de transición; tal vez, en este punto, es donde música y montaje sobra un excelente sentido de ritmo y forma.

Aunque la obra original es superior, en definitiva es un gran esfuerzo de Takashi,demostrando que es uno de los directores más interesantes del Japón, no sólo porque es un obra correcta y bien estructurada narrativa y visualmente, sino porque demuestra que es capaz de hacer cualquier tipo de película, y cada una está marcada con su sello personal. Un trabajo recomendable, que vale la pena volver a ver, y que con los años, seguirá ganado fuerza, así como lo sigue haciendo su versión original.

Zoom in:  Presentada en el Festival de Cannes 2011, y presentada a concurso en Cannes y Sitges.

Montaje Paralelo:  Samurais - Seppuku - Hara Kiri (1962)