17 jul. 2018

The Great Martian War 1913 -1917: Mash up cinema, mockumentary, History channel y otras historias de extraterrestres


                           "Jamás en la historia de las guerras, había sido tan despiadada
                          y tan completa la destrucción."
                                                                                       La Guerra de los Mundos

Este falso documental (mockumentary) hecho para la televisión, específicamente para History Channel, no sólo fue un homenaje al centenario de La Guerra de los Mundos, uno de los títulos de ciencia ficción más importantes y reconocidos de la literatura mundial sino una dedicatoria a ese "engaño" radial que en los años 30 formuló el gran Orson Welles sobre esta misma obra, porque The Great Martian War 1913 - 1917, es un engaño disfrazado de historia, de ucronía alterna a la Gran Guerra (la primera, aunque nunca se específica) que funciona en su conjunto, jugando de manera acertada con las posibilidades cinematográficas, que hoy algunos denominan como mash up cinema, cine de montaje u otras han llamado found footage pero en su expresión más comercial. Dirigida por el documentalista Mike Slee, del que ya habíamos hablado por haber dirigido Colombia Magia Salvaje (2015); que logra darle, junto a un grupo de expertos en posproduccón, efectos y demás  (Plazma Design/Impossible Factual), un estilo entre realista, low -fi y collage, porque, además de las entrevistas - muy bien trabajadas desde la posproducción emulando los años 80 y el video de la época-, este largometraje, tiene secuencias "recuperadas" de la primera guerra mundial (imágenes de archivo) asimiladas a elementos creados en 3D y agregados a la puesta en escena, manejando tanto el montaje, que como en Kuleshov o los teóricos, asumen dicha realidad al empatar y yuxtaponer imágenes, sus movimientos y las mismas acciones, tanto del material de archivo como las creadas en computador.  


Si bien esta película la seleccioné más por una cuestión de investigación o trabajo, el resultado es bastante satisfactorio como falso documental pero mucho más como trabajo de posproducción, igualmente sí se analiza como proyecto mash up o de hasta de la misma narrativa super cut, de la que escribe Andy Baio en su texto Supertcut: Anatomía de un meme, porque lo que finalmente impacta de este material, es el uso del material de archivo y las imágenes creadas en computador, casi como un ejercicio pedagógico de historia (falsa) o ucrónica, de montaje/edición y del mismo uso del cine, es decir de reciclar y darle otro uso a materiales ya utilizados con fines documentativos. Es verdad que uno podría entrar en un debate sobre la ética y moral del uso histórico de tales imágenes, pero en este caso lo que sale indemne es la creatividad, y una breve introducción a lo que parece tener destinado el cine no industrial o las mega producciones, es decir, un cine donde el reciclaje, la reutilización y  el (re)uso cobran sentido.



16 jul. 2018

La mirada de Ingmar Bergman




“Cine como sueño, cine como música. Ninguna forma de arte va más allá de la consciencia ordinaria como el cine, directo a nuestras emociones, profundo en el cuarto crepuscular del alma. Un pequeño movimiento en nuestro nervio óptico, un efecto de shock: 24 cuadros iluminados en un segundo, la oscuridad en medio, el nervio óptico incapaz de registrar la oscuridad. En la mesa de edición, cuando corro la película, cuadro por cuadro, aún tengo esa mareadora sensación de magia de la infancia: en la oscuridad del armario, lentamente enrollo un cuadro después del otro, veo cambios casi imperceptibles, lo enrollo más rápido – un movimiento.”  (1)                                                                                                                                                                      


"....Fue también entonces cuando Bergman comenzó a depurar los primeros planos que sustituyeron, en parte, a los prolijos diálogos de su cine anterior y que, con el tiempo, se destacaron como cada vez más centrales en su estética cinematográfica. No por nada, el primer plano ha sido considerado como una “rúbrica” de Bergman y como un verdadero “icono”." (2)
                                                                                       
                     
                             

"El espacio que ocupan los actores -hombre y mujer- la manera particularmente sutil con la que Bergman, mediante efectos especulares, de la mirada o de pura disposición espacial, afirma y cuestiona a un tiempo su relación en el encuadre. La famosa frontalidad Bergmaniana, mas que un mero avatar de su experiencia teatral; es una imagen que sugiere la separación ontológica entre los seres aún cuando compartan un tiempo y un espacio." (3) 
                                                  
     


"Lo más importante es que la gente sea vista pero que no se vean los roles que interpretan. Durante toda la vida existe una sociedad que espera que interpretes cierto rol. Si te quitas la máscara estás desnudo. Un viejo sacerdote me dijo una vez que el amor debe hacerte sentir maduro y niño pequeño, pero no podías ser las dos cosas a la vez. Un día te toca ser el niño y al siguiente te toca hacer de adulto maduro y esto es así. Tienes que ser la persona que eres." (4)
                                                          


Con Sven Nykvist


(1) Linterna Mágica . 1987
(2) Ingmar Bergman. Maaret Koskinen. 
(3) Maestros del Cine: Ingmar Bergman. Jacques Mandelbaum 
(4)  Entrevista de Juan Cruz para El País (España) 

                                                                                

15 jul. 2018

The Killing of a sacred deer: Sacrificios familiares

"Del latín sacrificĭum, un sacrificio humano es la ofrenda de un ser humano a una deidad en señal de homenaje o expiación. En sentido amplio, es toda muerte ritual de una o muchas personas a manos de un tercero o de una institución."

Aunque es la segunda película que vemos del cineasta griego Yorgos Lanthimos, podemos entender que éste ha logrado crear su propio universo, uno donde la alienación, el absurdo, el automatismo (actoral) y la extrañeza (ambiental) son los fundamentos para una obra de un "singular naturalismo" que denuncia cripticamente a las sociedades actuales, la familia, el deseo y las mismas actitudes del hombre contemporáneo, porque Lanthimos más que original en sus planteamientos, lo es, en la forma que construye la narración, los ambientes de la misma, y en el desarrollo de los personajes como sus mismas causas, que cercanas al teatro del absurdo, lo abrupto y contradictorio es lo natural, como lo observamos en su último largometraje The Killing of a Sacred Deer, paradoja sobre el bien común, el amor paternal y sus sacrificios; porque finalmente, además del absurdo/sobrenatural/enfermedad que se va apoderando de la pantalla, esta es una obra que parte de la premisa a cuál de mis hijos quiero más y una especie de sacrificio bíblico. Lanthimos que parece partir de lo más básico para crear sus largometrajes, es en ese transito de la creación, donde mezcla sus obsesiones, conjeturas y representaciones disfrazadas de humor negro, autómatas actuaciones y un delicado, cruel y sinsentido acercamiento a la humanidad. Este director teatral y cineasta, graduado de la Escuela de Cine de Atenas, no sólo está considerado como uno de los más importantes, de la llamada Nueva Ola Griega sino el que mejor se ha acomodado a los "estándares internacionales" -festivales y público-, sin perder su estilo y forma.    


Con guión de Lanthimos y Efthymis Filippou, colaborador habitual del director griego, y un reconocido novelista y periodista; que han encontrado en la alienación, el absurdo y cierta oscura ironía frente al comportamiento humano puntos de referencia para crear sus historias donde el hombre del común se ve envuelto en los más oscuros conflictos, venidos de su necesidad de seguridad, apoyo o de sus más comunes hábitos, que a medida que transcurre la obra, se van haciendo más obsesivos, decadentes y de un universo propio, donde lo sobrenatural, el absurdo o la demencia parecen hacer parte normal de éste. 

La película inicia con un falso conflicto o por lo menos, se intuye una doble lectura en la amistad entre un eminente cirujano Steven (Collin Farrell) y Martin (Barry Kheogan), un adolescente huérfano de padre, que se va inmiscuyendo en la vida del cirujano, su familia, creencias y tranquilidad. La familia del hombre, compuesta por su esposa, una exitosa oftalmóloga (Nicole Kidman) y dos niños, se va perturbando por una misteriosa enfermedad que los acecha, como si de una maldición se tratara, detrás de todo ésto parece estar la figura de Martin, o lo que es aún peor, un oscuro secreto que Steven y el adolescente tienen en común; pero la enfermedad como la plaga bíblica, sólo será calmada con el sacrificio de uno de los familiares de Steven. El giro de la narración entre siniestro y absurdo, como en las anteriores obras de Lanthimos, será un tour de force entre la lógica (se rompe el aparente naturalismo del trabajo), lo impasible (de los personajes) y el decadente planteamiento, donde el hombre debe sacrificar por sus errores, como si de un apocalipsis personal se tratara. 



Pero si la narración de la obra se va haciendo más extraña, no sólo es debido al guión sino al trabajo fotográfico de Thimios Bakatakis, otro que ha hecho equipo con Lanthimos, logrando crear a través de su lente un "mundo" que en su aparente naturalismo, la pesadilla es lo común, y el "alargamiento" de los espacios dan cabida a esa sensación de soledad y agobio, que en alguna entrevista se dice que emularon los espacios del The Shining de Kubrick, pero el triunfo del fotógrafo está en no en caer en los vicios de los lugares comunes del claroscuro o las tinieblas del terror sino que la luz y colores neutros logran el mismo efecto. Obviamente el manejo de cámara, los reflejos y los planos amplios hacen más evidente esa sensación de estar entrando en un universo donde todo es posible, principalmente el mal y la tragedia. Para destacar las secuencias del hospital - ver la primera imagen anterior al texto-, muchas de las toma nocturnas tanto exteriores como interiores, como los reflejos en vidrios, que también son una barrera de comunicación.   

Si bien la música es una mezcla de autores, que van de lo clásico a lo más contemporáneo, la selección no sólo marca ese tono agobiante sino que traduce las sensaciones de la obra, sin embargo el Hecatone de Johnnie Burn y el De Profundis de Janne Ratya, son las que mejor se apropian de ese ambiente tan extraño y decadente que se retumbando en "pantalla"


En la obra de Lanthimos las actuaciones pueden tener una doble lectura, la primera es que el director griego utiliza a sus actores como "modelos" que sintetizan ese mundo desconectado y absurdo, donde la enfermedad es la respuesta a una injusticia, pero también, son interpretaciones cargadas de una contención que delimitan la "credibilidad" o diégesis  de la obra, sin embargo a pesar de la frivolidad de los personajes,  tanto el papel de Farrell como el de Nicole Kidman, funcionan, y destacan en ciertos pasajes, principalmente al final de la misma, donde la tragedia se ha convertido en sacrificio; pero en definitiva el que mejor se acopla a dicho universo es Barry Kheogan, que más que hacerlo bien, es el mejor moldeado por Lanthimos, donde se va a reflejar toda la perturbación y enajenación de la sociedad actual, la familia, los miedos a perder un hijo y al mismo desentendimiento de la lógica contemporánea.

Un trabajo que sí bien supera a Canudo (Dogtooth) en técnica y estilo aún sigue en ese surreal, extraño y complejo universo creado por Lanthimos, donde sin romper el naturalismo, nos adentramos en las pesadillas modernas, que no siempre se traducen en grandes catástrofes sino en los infiernos personales. De nuevo, un más que recomendable trabajo del director griego, que cada vez se confirma como uno de lo más originales creadores de estos últimos años.

Zoom in: Mejor Guión en Cannes (ex aqueo), premio de la crítica en Sitges, entre otras nominaciones principalmente a película, guión o director.

Montaje Paralelo:  Funny Games (1997) 


      


12 jul. 2018

Yi -Yi: Lecciones de vida ....y cine, amor y más.


              "Vivimos tres veces más desde que el hombre inventó las películas. 
              Significa que las películas nos dan el doble de lo que nos da la vida diaria…"

Yi -Yi no sólo fue el último largometraje del cineasta taiwanés Edward Yang, sino que fue su obra cumbre, ganadora en Cannes y legado cinematográfico, debido a su temprana muerte. Yang, que hizo parte de esa llamada Nueva Ola Taiwanesa junto a Hou - Hsiao -hsien y Tsai Ming -liang, puso en escena tanto la vida- palabra que va  a ser esencial en su obra-  como los cambios de una sociedad  en medio del paisaje urbano, donde modernidad y tradición se conjugan; lo cotidiano y el detallismo se convierten en parte de su escritura visual y la realidad es sólo una bella remembranza de nuestros miedos, amores, disgustos o penas, como lo podemos ver en el sencillo pero armonioso diseño visual de la obra. Es curioso anotar que Edward Yang, no sólo no estuvo formado como cineasta, es Ingeniero Eléctrico sino que su ingreso al cine fue por las puertas de la televisión hongkonesa y su innato talento que lo llevaron a realizar largometrajes, si bien desconocidos para la mayoría, muy bien recibidos por crítica y festivales, como lo terminó siendo Yi-Yi, primera y esperemos que no la última obra que vemos de este director.



Yang escribe un guión que empieza con un matrimonio y termina con un funeral, en medio de este ciclo de la vida nos acercamos a la familia de NJ Jian, su esposa, dos hijos y la abuela de éstos, que viven en Taipei, en un cómo apartamento de clase media. La enfermedad y coma de la anciana, un encuentro fortuito entre un antiguo amor de NJ, las exploraciones de Yang Yang, el hijo menor, la búsqueda espiritual de la madre y los conflictos del primer amor de la hija, se irán cruzando con otras pequeñas historias, otros conflictos, dramas y alegrías, que como la vida, está llena de las más diversas sensaciones, como lo repiten varios de los personajes. Una película agridulce, llena de detalles y cotidianidad, pero enmarcados en la fría belleza de la ciudad.

Con tintes de comedia este drama familiar visto a través de los ojos del padre, del hijo menor y de la adolescente Ting Ting, construyendo un relato donde se mezclan sus acciones, exploraciones y contacto con el mundo; son tres horas, donde esta familia y sus cercanos nos cuentan la vida, sus crisis, pero ante todo, cómo llegó el amor, cuando la voz del padre se traduce en las acciones de los hijos, tal vez, de los momentos más bellos tanto en narrativa como en montaje. 

Pero no sólo nos podemos quedar en la historia, esta es una obra donde los diálogos se hacen cada vez más poéticos, filosóficos y de un profundo amor por el cine, la música y el budismo, aseveraciones que podemos escuchar del japonés que quiere ayudar a la empresa del padre, y en sí, al mismo hombre que duda sobre sus propias virtudes, o las del niño cuando se despide de su abuela, o de esa voz en off, que habla en pasado pero se traslada a los hijos, al igual que el encuentro con la adolescente con quien sería su primer amor, y muchas otras charlas que van creando ese ambiente nostálgico y tan cercano que propone Yang.



La fotografía puede sustituir la palabra o las sensaciones dentro de una obra, como lo hace  Wei- Han Yang que a través de los planos amplios, el posicionamiento de cámara o el uso de los reflejos, asimila esa dualidad que quiere expresar el director, es decir la tradición y la modernidad, que está solucionada en esos bellos reflejos en las ventanas de las oficinas o apartamentos; en cierta medida haciendo uso del interior /exterior y una serie de capas expresivas que llegan a expresar mucho más que las palabras; pero Han Yang no sólo hace un uso expresivo de la fotografía, técnicamente logra imágenes de gran potencia, que sin hacer uso de grandes contrastes o manifestaciones de colores, logra en la sencillez de un plano general toda la potencia de lo que significa la soledad, la ciudad y cierta melancolía que atraviesa a cada uno de los personajes, a excepción del niño, donde, hasta la fotografía tiene un valor cómico o inocente, como éste.

Delicadeza es una palabra que le cabe perfectamente a esta obra, una delicadeza que se asume desde lo sonoro, desde esas notas musicales de Peng Kai Lai, que si se unen a las imágenes de personas solitarias en medio de la vastedad de la ciudad, cobran mayor relevancia.

Pero, donde creo que la obra tiene mayor fortaleza es en el montaje, sutil pero igualmente expresivo, que no sólo marca el dramatismo de la misma sino ese aire poético y metafórico que no sólo está en las palabras sino en las imágenes que se yuxtaponen, o en la unión narrativa de los personajes; una secuencia para remarcar, una voz en off hablando sobre la violencia - cuando el joven asesina al amante de la madre de su novia- se mezcla con la imágenes de un videojuego, igualmente, esa secuencia paralela, en la que el padre NJ Jian, se reencuentra con su antiguo amor, y las palabras de éstos, de sus recuerdos son las acciones de su hija con su primer amor, es decir, pasado y presente, unidos por la palabra y el montaje; y muchas otras secuencias en las que Po Wen Che estructura un sólido relato, lleno de humanidad, ternura, dolor y comedia.

  
Aunque, el que tiene mayor peso dramático es Nien-Je Wu interpretando al padre, esta es una película de actuaciones corales, donde no hay un protagonista sino que todos los personajes tienen un peso determinado en la obra; aún así, hay que reconocer que el niño, en su ternura, expresividad e inocencia es quien se lleva cierto protagonismo, porque finalmente, es la contraparte de los demás personajes, no sólo por el humor sino porque es quien aún explora y vive su vida en función de lo que desconoce, como lo hace con las fotografías, el buceo o el amor.

Una bella película, que sí bien es de un ritmo pausado y su larga duración puede hacer mella, la unión de las historias, la humanidad de la misma, el trabajo fotográfico, los reflejos en las ventanas de los edificios, las secuencias de "el primer amor" y tantos otros elementos, confirman, lo que se dijo de esta obra en el año 2000, que fue la mejor de ese año, y como premonición a la vida de Yang, un bello y humilde legado.

Zoom in: Nominada y ganadora en diversos festivales, incluyendo Cannes a Mejor director, Círculo de Críticos, Premios Cesar, entre otros.
Para muchos críticos y especialistas, la mejor película del año 2000, y una de las mejores del sigo XXI.

Montaje Paralelo: Familia