16 ene. 2017

Grandes Películas 100 años de cine



Autor: Andrew Heritage
Año: 2015
País: USA
Editorial: Parragon 
Género: Compilación

Este libro dividido en diez capítulos, que en este caso son géneros del cine, no sólo es una recopilación de grandes películas, importantes en su época o a través del tiempo, sino un registro histórico de obras, estilos y manifestaciones del cine, principalmente en Estados Unidos y Europa; el escritor, editor e historiador cultural Andrew Heritage, compila una serie de películas, desde el cine silente de los años 20 hasta producciones recientes - más o menos 2010-, separadas por diversos géneros, donde se analiza de forma somera la importancia de la misma, otra obras que tuvieron repercusión en el momento y la "subjetividad" del autor, que sí bien no se detiene demasiado en las críticas, en algunas quedan plasmadas sus impresiones y gustos.  De todas formas, es un libro que más que ceñido a una cronología, lo hace a partir de géneros y estilos, y en este punto resalta la obra.

Vale la pena analizar los capítulos sobre cine histórico contrapuesto al documental, el de drama y el cine negro, como respuesta y el de comedia, en el que parece hacer el análisis más histórico de todo el libro.

Impecable en su trabajo editorial, su esposa es la editora, también destaca en el manejo de las fotos y la distribución del mismo diseño; un trabajo que sí bien no es precisamente histórico o profundo en su teoría cinematográfica, hace análisis bastante acertados sobre las más diversas películas, haciendo un recorrido afortunado por los mas diversos géneros, estilos y formas de hacer cine.


15 ene. 2017

The wailing: el miedo a lo extraño


                                                  "El que teme es un esclavo."
                                                                                   Séneca
El director surcoreano Na Hong -jin, con tres largometrajes en su haber y varios premios en su corta carrera, ha demostrado, que los géneros cinematográficos están para ser alterados y manipulados como lo viene a hacer en su último trabajo The Wailing (El extraño), mezcla inestable de terror, humor, thriller y elementos sobrenaturales en una pequeña aldea surcoreana. Guionista de sus películas, donde el fatal destino y la naturaleza errática del hombre, son protagonistas, y con The Wailing, deja en claro, cuales son esos cometidos, cuando en un pequeño pueblo, suceden varios y extraños asesinatos, azotando principalmente la zona rural, las supersticiones, el miedo a lo sobrenatural y la naturaleza tranquila de los policías y habitantes, se empieza a alterar con estos acontecimientos, y con la presencia de un japonés, que se esconde en las profundidades del bosque.


Aunque la premisa de este largometraje parece sencilla, la trama misma se va convirtiendo en un rompecabezas, entre los eventos sobrenaturales, la aparición de un chamán, el japonés y el misticismo entorno a éste, "fantasmas" en pleno día, un asesino en serie y el miedo irracional que se va apoderando del pueblo, donde la maldad, ya no es un ente abstracto, sino que recorre las calles de esta comunidad.

The Wailing, que pasa perfectamente del humor al miedo en algunas secuencias, también está implicado en el thriller, lo sobrenatural, se revisita el género de terror del cabello largo y otra serie de elementos -zombies incluídos - que difícilmente puedan catalogar a esta obra, pero que podría conectar con el concepto de maldad, implicado en cada uno de los personajes.


El pulcro y detallado trabajo fotográfico de Hong Kyung-pyo, no sólo se adapta al ambiente tétrico de la obra, sino a esa constante tensión, que se empieza a vivir a mitad de la película,  aún así, el fotógrafo, más que ceñirse al género de terror, opta por un naturalismo totalmente ajeno al género, sino que los mismos elementos de la naturaleza o de la noche o las sombras del bosque, generen la tensión.

Lo mismo se podría decir de la música de Jang Young-gyu, Dalpalan, que sí bien tiene un tono tensionante, son más las secuencias, y el manejo de la cámara, la que produce miedo o alteración, es más un acompañante que refuerza la sensación que se propone. 

Con el cine surcoreano, principalmente el ligado a los géneros, hay algo bastante logrado en el trabajo de cámara y montaje, que sí bien se desliga del plano/contraplano y cortes rápidos, lo que sucede en el cuadro cinematografico, ya sea en panorámicas o planos más cerrados, tiene el mismo peso dramático y narrativo, sin perder fuerza en la estructura de la obra, y The Wailing, también se adapta a ésto.

  
Aunque se puede tener un sentido de confusión, y notarse el absurdo en la misma construcción del largometraje, son esas mismas herramientas de pesadilla, sumadas a la tensión, sangre y extrañeza, las que van conformado esta obra, que asusta, no por sus "lugares comunes" del género, sino por su lograda puesta en escena, y sensación perturbadora de horror y fatalismo, que se va construyendo paso a paso, en la evolución de la obra, y en esto sí es muy sólido el guión del surcoreano.

Frente a las actuaciones, cabe destacar a Hwang Jung-min, y de Kwak Do-won, el chamán y el policia, respectivamente, que a la final, se terminan convirtiendo en los puntos inestables de la historia, uno más racional que el otro, pero al fin y al cabo, el que desata la ira y el que se lleva toda la carga de fatalismo y miedo de la obra.

Zoom in: Presentada en Cannes en A Certain Regard

Montaje Paralelo: Thirst (2009)


14 ene. 2017

Conversatorio: Neruda: más allá de la película



Pedro Adrián Zuluaga (izq.) y Alvaro Castillo (der.)

Este conversatorio como antesala al estreno de la última película de Pablo Larraín, Neruda, no sólo fue un encuentro para hablar sobre la vida de este poeta chileno,sino una reflexión a dos voces, sobre la película y lo que se planteó en la misma; organizada por Babilla Cine y por el Fondo de Cultura Económica en la Librería García Marquez, tuvimos la oportunidad de escuchar al crítico de cine  e investigador Pedro Adrián Zuluaga y al librero y escritor Alvaro Castillo Granada, que sentaron sus posiciones frente a la obra, sobre Neruda, el contexto de la película y demás, vistos desde sus oficios y conocimientos.

La La Land: Nostalgia en la tierra de los sueños


                             "No basta con oír la música; además hay que verla."
                                                                                          Igor Stravinski

De las tres películas que ha escrito y dirigido Damien Chazelle, hemos visto, no sólo las mejor recibidas por público y crítica sino las que han marcado referencia en la carrera de este cineasta nacido en Providence, Rhode Island. Chazelle, que ha encontrado en lo musical, inspiración para sus obras, principalmente el jazz, convirtiéndolo no sólo en un personaje más, sino en la estructura de éstas, y un molde para el desarrollo narrativo y visual de los largometrajes,  eso lo vimos en Whiplash, y también lo veremos en su último trabajo La La Land, un musical, en su máxima expresión que homenajea a esas obras de género que destacaron en los años 50 y 60.

El graduado de Harvard, músico frustrado y guionista de las más disimiles obras - hace poco lo vimos participar en 10 Cloverfield Lane, la malograda The Grand Piano, entre otras-, parece labrarse con cada largometraje, no sólo un futuro asegurado sino uno de los más prometedores directores de su generación, que en los últimos Globos de Oro, confirmó esa idea, al ganar en todas las categorías con La La Land, su última obra, y de la cual vamos a escribir a continuación. 


El guión escrito por Chazelle, nos lleva a Los Angeles (California), al Hollywood de los sueños por cumplir, donde conocemos a Mia (Emma Stone), una aspirante a actriz que trabaja como camarera en una cafetería en los sets de filmación, el destino la unirá a Sebastian (Ryan Gosling) un pianista de jazz que trabaja en bares de mala muerte, aspirando a poder crear su propio club de jazz. En el camino descubrirán que el amor, sus carreras y el destino, no siempre están en la misma dirección.

Desde el inicio de la obra nos encontramos con un plano secuencia musical, que va a marcar el estilo de la obra y el tipo de narración de la misma, una mezcla de ensoñación y amargura que trasciende durante todo el relato, es decir, Chazelle, utiliza los tópicos del género, rompe algunos parámetros, juega con los arquetipos y se desplaza cómodamente por las alternativas y sutilezas del musical, es en este punto, donde más funciona el guión de Chazelle, con un humor inteligente, que homenajea al género, puntualmente a dos películas como lo son: Los paraguas de Cherburgo  y Cantando bajo la lluvia, pero con el estilo del director, donde nostalgia y cierto desapego, hacen más contemporáneo el sentido de esta obra, que tampoco está exenta de ternura y sensibilidad, pero muy bien estructurada en su colectividad narrativa.

Aunque el tiempo cinematográfico de la obra es lineal en la mayor parte, tiene un logrado flashforward o mejor una "probabilidad" narrativa, contada a través de la música, que hace de esa secuencia uno de los puntos más efectivos, sensibles y mejor narrados que tiene este trabajo; es un engaño, pero que gran engaño hace Chazelle, y más como una pieza musical. No podemos dejar de lado algo importante en esta película, su estructura narrativa está concebida desde lo musical, y eso se hace evidente en esa secuencia después de los créditos, casi delimitada como un "pentagrama argumental", y esos elementos que la ubican dentro del género musical, también están abiertos a elucubraciones y planteamientos sobre el mismo cine, el papel de Hollywood, del "estrellato" y sobre el mismo oficio cinematográfico como muchas está planteado en un "metacine"; es decir Chazelle, no sólo nos muestra la cara amable de esa "tierra de sueños" sino su contraparte, y en este caso, la realidad y el destino de los sueños.


Pero si tenemos que encontrar la mejor excusa para ver esta obra, está en el trabajo de Linus Sandgren, Austin Gorg y David Wasco, quienes literalmente ponen en escena está colorida, teatral, "artificiosa" y superlativa visión sobre la tierra de los sueños, el amor y el éxito. Este grupo, encabezado por el director de fotografía sueco Linus Sandgren, que posiblemente realice su mejor trabajo hasta la fecha, no sólo por el manejo cromático de la luz, las efectivas composiciones, detalles y homenaje a los grandes clásicos musicales, sino por lograr expresar a través de la fotografía las sensaciones y diferencias de los personajes, igualmente, por el riesgo asumido en algunas secuencias, algunas emulando a otras obras y en otros casos, llevando a la exageración el manejo cromático como parte de la idea musical o del mismo contexto de la obra. Por otra parte, el Diseño de Producción y arte de Austin Gorg y David Wasco, queda evidenciado en el manejo del color, principalmente los colores primarios y el verde, presentes tanto en el vestuario, luz, fondos y demás, todo muy bien pensado tanto en la dinámica de las coreografías, como en la narración y en la misma evolución de la pareja protagonista.

Y sí es una película musical, obviamente el trabajo de Justin Hurwitz debe destacar, como sucede en esta, su tercera colaboración con Chazelle. Hurwitz, compañero y amigo del director, logra compaginar los gustos y sensaciones, trasladando de forma efectiva y afectiva en la pantalla. Aunque no se podría decir, que uno de los actores - Gosling o Stone- lo haga mejor que el otro, frente a lo musical, parece funcionar mucho mejor el papel masculino, no sólo por el tipo de música, mucho más melancólico y acorde a las características del jazz sino por el mismo instrumento, un piano, que en cierto modo marca el camino del personaje, aún así, tanto en los puntos más dramáticos como en los humorísticos, las composiciones de Hurwitz, destacan, y en otros realmente llevan a ese punto de ensoñación, melancolía y romanticismo, que requiere el largometraje.

Otro punto fuerte del largometraje es la edición de Tom Cross, otro del grupo Chazelle, que ya había mostrado sus capacidades en Whiplash,  que aquí saca sus mejores cartas, no sólo en las secuencias musicales, sino en los detalles, compaginación, estructura y esos invisibles empates entre la "fantasía" y la realidad.


Pero como sucede en estas películas, quienes finalmente se llevan todo el peso dramático, narrativo y artístico, es la pareja protagonista; no sólo por la obvia configuración de la trama, sino porque en este caso, la química y ese aíre nostálgico del viejo Hollywood, queda muy bien representado por Stone y Goslling; además, hay que reconocerlo, las actuaciones de los dos, es bastante buena, y aunque no se salen de su zona de confort, sus papeles se acomodan bastante bien a otros personajes que han interpretado, en este caso, la evolución, choques y amor, está muy bien reflejada en sus interpretaciones. Cabe destacar el pequeño papel de J.K Simmons y de John Legend, que más que secundarios, hacen parte de un enorme listado personajes que aparecen en el largometraje.

Aunque los musicales no son mi fuerte - realmente aún le tengo un poco de desconfianza a todo lo que tenga baile y gente cantando porque sí-, después de haber visto Los Paraguas de Cherburgo, le empecé a dar una oportunidad a este tipo de obras, y afortunadamente con La La Land, uno se encuentra con un trabajo sólido, que refresca al género musical, con una narrativa muy bien estructurada, visualmente impecable, tal vez maquillada para los Oscar y demás festivales, pero eso no le quita su profunda nostalgia y humanidad en medio de su bella artificialidad. Uno de esos trabajos, que no sólo marcan la carrera de Chazelle, sino que aflora lo mejor de este género, y que hace del cine, ese pequeño espacio para soñar, aunque detrás de ésto, se escondan muchos ilusiones rotas. 


Zoom in: Ganadora de los siete Globos de Oro a los que estaba nominada, nominaciones en BAFTA, Critics Choice Award, premio del público y demás.

Montaje Paralelo: Los paraguas de Cherburgo (1964) - Cantando bajo la Lluvia (1952)