La paradoja crítico de cine y cineasta, no está en su relación, o en su traslación de lenguajes, sino en su aplicabilidad formal, es decir, esa idea de la interpretación y la intelectualidad concebida en lo teórico, no siempre es fácil de acoplar con las imágenes en movimiento, a menos que sea una estructura videoartística, experimental o ensayos cinematográficos, que en cierta forma, es lo que propone Mark Rappaport con Scenic Route, un melodrama - que en algunos casos raya en el soap opera- con tintes intelectuales, en la que dos hermanas jóvenes y un frío hombre, conforman un triángulo amoroso, tan confuso como problemático.
Aunque la historia escrita por Rappaport, no es ajena a las narrativas clásicas de relaciones amorosas, en este caso un triángulo amoroso, lo que descoloca de esta obra, es la forma en la que actúan los personajes y cómo interactuán éstos con su entorno, con una afectación que recuerda a las óperas, y la literatura decimonónica en pleno New York de finales de los 70. Rappaport, pone en escena junto al cinefotógrafo Fred Murphy, una serie de imágenes pictóricas, poéticas y algo naif, relacionadas con el amor así como con la dinámica de cada uno de los personajes.
Minicrítica
Aunque tiene momentos visuales importantes, y algunos trucos muy inteligentes dentro de su narrativa, la obra se queda corta a nivel de historia, los personajes son muy forzados, y su intento de emular grandes obras como persona de Bergman o en algunos casos hasta el estilo videoartístico, no trasciende de ese punto; eso sí,la película de Rappaport, si alude a la perfección esa idea ya trasnochada, del cine independiente, que en los años 70, tuvo repercusión en el lenguaje audiovisual, montaje y estilo, que lograron acoodar de una manera más efectiva e inteligente el New American Cinema.
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