27 nov. 2017

Seminario Maria: I walked with a zombie


“aquellos ojos que tan hermosos habían sido, giraban amarillentos y ya sin luz en las orbitas ahuecadas: la nariz se le había afilado: los labios y graciosos aunque ligeramente gruesos, retostados ahora por la fiebre, dejaban ver los dientes que ya no humedecían: con las manos crispadas sostenía sobre el pecho un crucifijo, y se esforzaba en vano por pronunciar el nombre de Jesús, que yo le repetía, nombre del único que le podría devolver a su esposo. Había anochecido cuando expiró”
Como ya se ha hecho habitual en este blog, con retraso señalamos la película y presentación del crítico, periodista y analista cultural Pedro Adrián Zuluaga, sobre su Seminario Maria, la novela de Jorge Isaacs y sus interpretaciones no sólo frente a otras cinematografías sino narraciones entorno a esta historia de amores trágicos e imposibles.

Aunque sólo se pudo asistir a la primera sesión de las cuatro, con esta bastó para entender esas señas de identidad que ha dejado la novela del escritor colombiano, y como ha marcado no sólo diversas caracterizaciones cinematográficas sino literarias, tanto a nivel de ensayo, crítica o reinterpretaciones en los más diversos lenguajes -idiomático o de forma-, y esto fue lo que el analista caleño nos dijo con su característico estilo y profundo debate sobre la manifestación de la imagen como lo pudimos ver en I walked with a zombie de Jacques Tourneur, cineasta del lado b de Hollywood, que con su trilogía de terror para la RKO se hizo famoso, por la economía de su estilo y la capacidad de concreción en sus obras; el francés que hizo del noir todo un lenguaje también logró imprimir en este largometraje ese característico tono fatalista y sombrío que hizo famoso en sus largometrajes.


Con  guión de Curt Siodmak y Ardel Wray, quienes se basan en la novela Jane Eyre y un artículo periodístico sobre zombies, vudú y colonizaciones político-culturales como sucedió en varias islas antillanas y del Caribe tanto en el siglo anterior como en plena Guerra Mundial (II); pero también, como analiza Zuluaga, porque se acerca a la novela Maria de Jorge Isaacs tanto en su carácter trágico, exotismo, cierta novedad frente al tema del racismo y un carácter romántico que se amplifica a su propio lenguaje.

En los menos de setenta minutos que dura el largometraje, nos acercamos a la historia de Betsy Conell (Frances Dee) una enfermera canadiense contratada para cuidar a una mujer 
en una alejada plantación azucarera- otra relación con la novela- en las Antillas. En el camino se encontrará con Mr. Hollan (Tom Conway) su jefe, el esposo de la mujer a la que debe cuidar y un hombre tan misterioso como lo que sucederá en dicha isla. La mujer, llamada Jessica está en un estado catatónico, pero para los habitantes, ella es una zombie, entre rituales, magia y miedo, la enfermera también encontrará el sentido de este viaje.

Además de ser un clásico de la serie B, este trabajo se hace mítico por su puesta en escena, es decir la forma supera al fondo, no tanto porque su guión no sea efectivo sino porque la sencillez de la historia se hace más simbólica con los elementos de traición familiar, magia y destinos fatales, propias al género en el que fueron efectivos Siodmak (terror) y Tourneur.


El camarógrafo y operador estadounidense J. Roy Hunt, aunque no muy conocido, tuvo una basta filmografía que empezó en la I Guerra Mundial y hasta mediados de los años 50, sus intervenciones más que todo estuvieron relacionadas al cine de serie B, el Terror, el Noir y varios directores de culto, que como Torneur, lo alinearon en su equipo de sombras marcadas, contrastes y luces duras.  Entre la artificialidad propia del género y los planos generales, el estadounidense crea un ambiente tan exótico como sombrío, que a la final fue el sello de marca de este tipo de cine.

Tal vez la música de Roy Webb no sea la más acertada para esta obra, pero igualmente, fue un maestro de la música cinematográfica y su unión con Val Lewton, dejó un legado sonoro interesante para el cine B y los mismos subgéneros. Mucho más interesante viene a ser el trabajo de montaje de Mark Robson, que inició como asistente de montaje en el Ciudadano Kane, y más adelante, dirigiendo sus propias películas como Ídolo de Barro, la última de Bogart o  ser nominado a mejor director en los Oscar;  la labor de Robson, es tan  minuciosa en la compaginación como alegórica en su estructura, entendiendo la economía de medios y esa capacidad de hacer uso de lo simbólico  y la insinuación para narrar y crear esos ambientes claustrofóbicos y algo sórdidos, que se terminó convirtiendo en la identidad de la RKO, y el patio de atrás de Hollywood.


Si bien el trabajo de Tom Conway como el de Frances Dee son correctos, también hay que reconocer que son personajes arquetípicos y que no se salen de tales parámetros, por el contrario están demasiado apegados al estilo, afectando en cierta medida su labor en las secuencias más dramáticas o en los puntos más complejos de la historia. De todas maneras, funcionan bastante bien sus interpretaciones y sobresalen a las de sus protagonistas.

Como conclusión, tanto del seminario como de la película, una obra de culto que logra empatar muy bien Zuluaga con la novela María, y que muestra esa capacidad de entrelazamiento que los lenguajes: literarios y cinematográfico, llegan a tener en su conglomerado referencial. Una película y seminario - que ya pasó- igual de recomendables.

Zoom in : Película que hizo parte de esa saga de terror financiado por Val Lewton y la RKO.

Montaje Paralelo: Zombies 



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