24 jun. 2017

La mujer del animal: "caricaturización" de la violencia


                                           "La violencia es un animal incontrolable, 
                                           que suele terminar atacando a su propio amo." 
                                                                                        Renny Yagosesky

Uno de los cineastas más reconocidos del país, que ha cosechado varios premios internacionales por su cine crudo y realista, teniendo como eje a los excluidos y las zonas periféricas de su ciudad natal o del mismo país. Gaviria, gran entusiasta del neorrealismo italiano y de las complejidades sociales colombianas, no sólo ha dado su opinión sino su visión sobre la realidad de nuestra sociedad. Poeta y psicólogo, aspectos que se pueden visualizar  en sus guiones y  corta filmografía - cuatro largometrajes-, se aúnan a relatos tomados de las calles y de la más cruda realidad, a la que parece ser la firma de este director. Desde joven y con apoyo de las instituciones culturales del país ha ido construyendo a lo largo de los años y con casi cuarenta años de carrera una sólida reputación no exenta de críticas y repudio por su cine con tintes de "pornomiseria" o chacalismo cinematográfico, como en cierta forma se puede visualizar o determinar en La mujer del animal, su último trabajo el cual vamos a analizar.


El guión escrito por Gaviria, tomando un caso de la vida real, nos acerca a las comunas de Medellín de los años setenta y ochenta, donde una joven mujer fue secuestrada, tomada como esposa y maltratada hasta los límites por un hombre denominado como El animal, un delincuente de poca monta pero brutal en sus acciones; Gaviria se alimenta de esta historia y la traduce en un monótono ejercicio de violencia e idealización de la misma y la pureza femenina.

La película inicia con la expulsión del convento de una joven mujer por disfrazarse con las ropas del las monjas, ésta huye hacia la ciudad, y se refugia en la casa de su hermana mayor en la zona periférica de Medellín (Colombia); así conocemos la  historia de Amparo (Natalia Polo), la cual no sólo va conociendo las idiosincrasias de esa zona de la ciudad, sino al hombre que la drogará y hará su esposa, un maltratador compulsivo, violador y delincuente de poca monta, que amedranta dicha zona marginal. Libardo, El Animal (Tito Alexander Gómez), se termina convirtiendo en un reflejo de esa comunidad y en la peor pesadilla de Amparo.

Crónica hiperrealista de violencia contra la mujer, de machismo hiperbólico y vileza extrema, que con varias elipses, lugares comunes y estreotipados retratos latinoamericanos le apuesta mucho más al shock visual y de la violencia, que al mismo trabajo narrativo.  


  
Aunque el trabajo fotográfico de Rodrigo Lalinde, es tal vez de los mejores que ha realizado para Gaviria, ha trabajado en todas las producciones del director paisa, su naturalismo con ecos poéticos, se pierde en medio de tanta violencia, putazos y turtuoso viacrucis feménino; sin embargo, el trabajo en el color, las panorámicas de la ciudad, el manejo de cámara y detalles contrastan bastante bien con la dureza del relato.  Un punto a reconocer es ese ambiente opresivo generado en las calles y recovecos de las comunas de Medellín, casi como una cárcel con luces neón de fondo.

Etienne Bousac, es posiblemente uno de los montajistas más importantes y reconocidos del país, aunque su labor se pueda ver opacada por la misma naturaleza de la obra, la construcción "narrativa" y algunas secuencias de violencia, están muy bien montadas por este colombiano de origen francés, que opta por la sobriedad, y el plano/contraplano como respuesta inteligente a su trabajo.

Uno de los puntos más débiles de este trabajo está en su diseño de producción, que más que anacrónico, no logra emular esa realidad temporal que parece sólo estar dedicada a la violencia y el shock.



Las actuaciones de esta película también tienen ese conflicto de discordancia, tanto en los papeles de Natalia Polo como de Tito Alexander Gómez, porque sí bien se siente el choque frente a éste último y pesar con el de Polo, también cabe decir que las interpretaciones se van haciendo cada vez má débiles, sobreinterpretadas y en el caso de Gómez, casi como una caricatura de la maldad, un estereotipo propia del cine de acción más rocambolesco de un VanDamme o Steven Seagal; al igual sucede con el personaje de Polo, que es tan inocente y puro, que termina cayendo en el vacío del lugar común. Es decir, es una película que falla en la construcción de los personajes, y aún así, es efectiva en la manipulación de tales interpretaciones.

Posiblemente, una de las peores películas que he visto este año, no tanto por el contenido gráfico de violencia o lo tortuosa que resulta su historia, sino por su consolidación de obra de denuncia y causa social, explotando los mismo elementos que parece criticar, con un guión errático, una fallida construcción de personajes, y una perorata de violencia contra la mujer, que a la final se termina consolidando como idealización de la pureza, idiosincrasia y representación del machismo latinoamericano; un trabajo que sí bien, tiene elementos sólido en su parte técnica, fotografía y montaje, su exceso de violencia, de vulgaridad y monotonía, le restan a dichos elementos; también porque la obra caen en vacíos dramatúrgicos, que como la pornografía o el cine de violencia excesiva, se termina justificando en lo shokeante, lo explícito para desarrollar su construcción

Como conclusión, un tortuoso trabajo que peca en creer que la realidad más cruda, es una forma de narración y que su soporte sea ese mismo capricho de violencia y "escupirle en la cara" al espectador como reflexión, cayendo en las mismas justificaciones "intelectuales" del gore o el CAT III. Un trabajo que sí bien no es para olvidar, si pierde su oriente y mensaje en su panfletario discurso.

Zoom in: Premiada en el Festival de La Habana y Málaga

Montaje Paralelo: Ella (2015) - La vendedora de Rosas (1998) 



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