15 mar. 2016

Titus: Metáfora de violencia


                           "Antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas."
                                                                                                            Confucio


El cine es una suerte de proceso en la que se conjugan las actividades que uno ejerce y las necesidades que muchas veces se pueden suplir a través de éste, es decir, hay películas que aparecen en cierto momento, convirtiéndose en la mejor forma de explicar una situación, época y hasta sentimiento expresable por medio de la imagen, y esto fue lo que sucedió con el primer largometraje de Julie Taymor, cineasta, artista multimedia y directora de ópera y teatro, nominada a los premios Tony,  a los Oscar y a otro tanto en diversas categorías, estilos y formatos por sus obras llenas de color, de desproporcionado montaje, riqueza musical y originalidad como lo anotan en wikipedia; Taymor, de un amplio bagaje cultural y estético, principalmente en sus concepciones visuales del teatro, las marionetas y puestas en escena, ha logrado mimetizar sus intereses plásticos e intelectuales tanto en sus películas como en sus operas o narrativas dramaturgicas, que se hacen bastante notorias en su primer largometraje Titus, inspirado libremente en la obra homónima de William Shakespeare,  que ésta misma había llevado al teatro un par de años atrás.  Nacida en Boston (Masachussets), esta creativa mujer que estudió en Europa,  que recorrió gran parte del mundo, no sólo se alimentó culturalmente de las influencias de su país, sino de la cultura asiática, de las mitologías y folclor de otras latitudes como de sus mismos intereses visuales que terminan plasmados en sus obras.

Fuente: Makers
El guión adaptado libremente por Taymor, nos acerca a los últimos días del Imperio Romano y al ficticio personaje de Tito Andrónico, general del ejercito de dicho imperio, que regresa a su patria después de una cruenta batalla, donde ha perdido a varios de sus hijos (soldados); sin embargo su regreso es victorioso, tras haber derrotado a los Godos, y capturado a la reina de éstos; esta cruel, violenta y sangrienta obra escrita por Shakespeare, no sólo es llevada a la pantalla grande por la directora estadounidense sino que ésta la convierte en una metáfora de la sociedad de ese momento,  en una glorificación de la violencia como parte de su misma crítica a las situaciones complejas de un cambio de siglo, y de los diversos acontecimientos donde la venganza y la decadencia moral estaban a la orden del día, y que el dramaturgo inglés, ya había plasmado en papel, cuatrocientos años atrás.

La mezcla de tiempos o su atemporalidad, no afecta la estructura narrativa, que es bastante lineal, iniciando con la secuencia del niño que juega con unos soldados romanos, y este juego se convierte en la realidad del mismo, a partir de ésto, veremos no sólo el protagonismo de Tito (Anthony Hopkins), sino el motor narrativo de esta obra, que es la venganza, asimilada en los papeles del mismo Hopkins, de Tamora (Jessica Lange) y los demás personajes que ponen es escena los actos más discutibles de la naturaleza humana. Este ejercicio entre intelectual y popular, es descifrado por la directora, a partir de los tiempos, y la construcción de los personajes, pero ante todo por esa inteligente estructura dramática - de la que debemos felicitar ante todo al señor Shakespeare- que perfectamente pasa por los pasajes más oscuros del gore, el dramatismo, el absurdo o el surrealismo, con un fondo de ambiente teatral .



La lograda fotografía de Luciano Tovoli, cinematógrafo habitual de Dario Argento y de Barbet Schroeder, no sólo se acopla al estilo artificioso de la directora estadounidense sino que logra conjugar las "realidades" de lo contemporáneo con la antigua Roma, es decir sabe utilizar los referentes pictóricos de tal época sin dejar de lado esa esencia posmodernista que se intuye en esta obra; sin dejar de lado, que el diseño de producción de Dante Ferreti, un habitual en los premios Oscar y el vestuario de Milenna Cannonero, hacen de este conjunto visual, no sólo un gran logro sino una verdadera apuesta a la imagen como un narrador secundario, que parece ser el fuerte de Taymor, a la que el barroquismo, el exceso y lo estético parecen tener mayor preponderancia sobre el esto del conjunto cinematográfico.

La música y montaje, con cierto apego al videoclip, aunque funcionan técnica y narrativamente, tampoco hacen una gran diferencia, y en definitiva están por debajo de su conjunto visual. Aún así, el trabajo de la montajista francesa Francoise Bonnot, tiene unas particularidades y recursos que no sólo se apoyan en la compaginación del largometraje sino en el discurso visual creado, la secuencia inicial, cuando los soldados llegan al Coliseo, es una muestra de las capacidades de esta editora francesa. En resumen, la capacidad creadora de esta directora para llevar la decadencia del Imperio romano a nuestra época o mejor a ese término ambiguo de victorianismo pop, no sólo está dispuesto como un elemento decorativo sino que tiene toda carga metafórica, política y de representaciones artísticas, que también van a generar un discurso sobre la violencia, la venganza y la descomposición social, desde una óptica muy artística pero que crítica y asume una responsabilidad desde ese mismo dispositivo o elemento.



Eso sí, por cualquier duda, Taymor se asoció a dos excelentes y conocidos actores como Hopkins y Jessica Lange, para los papeles principales, al siempre extravagante Alan Cumming como Saturnino, quienes no sólo entregan sus mejores interpretaciones sino que dan fidelidad al obra Shakesperiana, principalmente Hopkins y Cumming, que vienen del teatro más puro; sin embargo, y para mi gusto, quien se roba todos los aplausos, y el que mejor interpreta a un personaje cargado de sombras, grises y humanidad en el peor sentido de la palabra es Harry Lennix como el perverso Aaron, súbdito y conspirador de los godos, y el mejor representante de la crueldad y venganza en Roma, o en nuestra propia época.

Un trabajo realmente épico, de una carga visual más que lograda, que si bien, pierde fuerza con el paso del tiempo, y con la misma durabilidad del relato, son más los puntos a favor, y ante todo, esa inteligente puesta en escena, que hacen de la "opera prima" de Taymor todo un disfrute desde lo artístico y un paso muy pop por el Imperio Romano.

Zoom in: La arquitectura va a tener un papel preponderante dentro de esta película, no sólo en su parte visual sino como referente de la violencia, el Coliseo, etc.

Montaje Paralelo:  Romeo y Julieta (1996) 


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