18 ene. 2016

Suave el aliento: Tímido pero desolador retrato del amor.


                              "Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino."
                                                                                      José María Pemán


Opera prima del cineasta bogotano Augusto Sandino, que además de haber realizado varios cortometrajes ganadores, es el creador de la empresa audiovisual Schweizen Media Group y del Simposio Internacional de cine de autor; este graduado del Art Center of Design en Los Angeles y de la EICTV en San Antonio de los Baños, fue otros de los directores colombianos que presentó una producción en el 2015, un año realmente valioso para la cinematografía del país. Este primer largometraje del director, montajista, guionista y productor, no sólo es un retrato de la otra Bogotá - la clase media-, sino una experiencia personal de éste, que escribe un guión sobre la tres edades del amor en una familia bogotana, amor que parece tener como protagonista al silencio o la falta de comunicación.



Los tres miembros de la familia que protagonizan estas historias de amor son Dolores (Vicky Hernández) una mujer adulta que durante treinta años fue la amante de Vicente (Gustavo Angarita), a su vez esta mujer es la madre de Rafael (Alberto Cardeño) un deportista retirado, que en sus intentos de establecer una familia y una estabilidad económica, no ha logrado su cometido; y por otra parte está Laura (Camila Ariza) una de sus hijas, una adolescente enamorada, que debe enfrentar una importante decisión, y un cambio absoluto en su destino. Con una narrativa pausada, llena de silencios, mezclando estas tres historias, se va generando un guión abierto, que no establece los destinos de estos personajes, sino más bien un recorrido, un camino que parece bifurcarse en otro, como sucede en la vida misma.

Una historia sencilla, que sin embargo tiene en lo paradójico su esencia, tanto en lo referente al amor como en las propias relaciones y destinos que escogen las personas, y esto se refleja en este retrato de una Bogotá que tiene otra historias por contar.


Con dirección de fotografía de Juan Camilo Paredes, que logra crear un trabajo bastante acertado desde el manejo de cámara, composición y diseño visual, más que desde lo fotográfico o lumínico, ya que en este caso, es una fotografía virada digitalmente o desaturada pero conservando ciertos tonos para determinadas secuencias. Aún así, el trabajo fotográfico de Paredes, destaca en los primeros planos de los personajes, y en su soledad, que queda muy bien retratada por este videógrafo y fotógrafo de moda. Más que la música, vale destacar el diseño sonoro de ésta y su diseño de producción; igualmente, el montaje por parte de Sandino, que es bastante coherente con el relato y funciona desde lo estructural.

Obviamente, debemos destacar la labor de Vicky Hernández y Gustavo Angarita, unos actores de lujo para la televisión, cine y teatro colombianos, el apesadumbrado y difícil papel de  Alberto Cardeño, el padre y ex deportista, y la primea incursión en el audiovisual de la joven Camila Ariza. Es una película, que refuerza su parte técnica con las actuaciones, y con este tímido pero desolador retrato del amor.


Aunque toda una banalidad, siempre es curioso ver retratado el barrio donde uno vive o esos lugares cercanos, causando una cercanía, que a excepción del cine comunitario, difícilmente el cine o audiovisual, logra como objetivo o identificación. Además de esta banalidad, vale la pena anotar, que si bien la película peca en su conclusión, en su no final, igualmente ésto mismo la hace "cinematográfica", desde una estructura de relato o semántica audiovisual. Pero también, es valido anotar, que es una obra que se aleja de cualquier tipo de violencia, miserabilismo o decadencia social, por el contrario es un relato de amor, básico en su estructura pero sólido en su misma sencillez.

Retomando la idea de la paradoja, esta película representa muy bien esta idea, es una película diferente, ajena a violencias, o lugares comunes de la miseria, y aún así, la gente no la fue a ver, y su duración en pantalla fue mínima; y esto en cierta forma, nos lleva a la pregunta, qué es lo que quiere ver el espectador colombiano, el mismo que pide que el cine no sea violento, lleno de drogas, prostitución o comedias banales, y aún así no acepta este tipo de obras, obras que se acercan a la realidad de una ciudad, que retratan con sencillez el amor en diferentes etapas, que muestra con respeto el amor en la vejez, y que sin ser perfecta en sus cualidades cinematográficas, por lo menos propone desde su mismo medio, otra historia, otros argumentos e ideas.

Para finalizar, un trabajo que sin ser la gran destacada de las tantas películas que se realizaron el año pasado, si es una obra sólida en su representación del amor, de la familia y de la incomunicación en la que viven, muchas de éstas.

Zoom in: Selección Oficial en el Biff 2015

Montaje Paralelo: Gente de Bien (2015)


   

 

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