14 oct. 2015

Sweet smell of Success: Periodismo Noir


                                    "Usa cualquier color, siempre y cuando sea negro"

Aunque de una filmografía relativamente pequeña, el trabajo de Alexander Mackendrick tuvo cierta repercusión en la década de los 50 y parte de los años 60, no sólo por su depurado estilo sino por la capacidad de asimilar en los géneros sus propias posturas estéticas, donde lo "barroco" o superlativo, tomó protagonismo. Mackendrick, de origen escocés, tuvo en la publicidad y luego en los documentales de propaganda de guerra británicos, un relativo éxito; también logró hacer parte del equipo de rodaje de Roma Ciudad Abierta de Roberto Rosellini, y más adelante, después, de haber dirigido varias comedias al más puro estilo británico, se mudó a Hollywood donde dirigió su película más conocida Sweet smell of success, un noir en todo su apogeo; la carrera de este director luego vinculado a las películas televisivas y  la docencia, que finalmente, fue su forma de asimilar la complejidad del cine. Dentro de su filmografía cabe destacar The Ladykillers, comedia que fue readpatada por los hermanos Coen, sin el éxito y el estilo de Mackendrick, El hombre vestido de blanco y obviamente la ya citada Sweet...., donde el humor negro, los inteligentes diálogos y cierta decadencia se aliaba con individuos tan oscuros como el humor de este director.


Con un guión original de Ernest Lehmnan, que parte de su propia novela, con tintes autobiográficos, de su labor como escritor de artículos de "cotilleo" - chismes-  y sobre uno de los columnistas más importantes y polémicos de ese momento como lo fue Walter Winchell,  considerado el padre de ese tipo de periodismo; sin embargo, el guión terminó en manos de Clifford Oddets, quien le imprimió un estilo más noir, dramático en su ambientación y aún en la misma carga política de ese momento. 

La película se va a centrar en las influyentes pero brutales columnas de cotilleo de J.J Hunsecker (Burt Lancaster), las amorales prácticas de Sidney Falco (Tony Curtis), su agente de prensa que es capaz de cualquier cosa para que esas noticias aparezcan en tales columnas; en cierta forma, un padrinazgo de poder, corrupción y odio al mejor estilo de gangsters de la palabra, del periodismo; por otro lado, está la hermana de Hunsecker, Susie (Susan Harrison), la cual está enamorada de Steve Dallas (Martin Miller), un incorruptible y talentoso guitarrista de jazz, relación de la que está en contra el columnista, y utilizará todos los medios y al propio Falco, para que se finalice tal historia de amor; las calumnias, mentiras e intrincado juego de poderes, mostrará el verdadero rostro de estos personajes, unos tan oscuros, tan negros, como lo declara una de las premisas de este género.

Los guionistas junto a la visión de Mackendick, van a crear uno de los noir más interesantes, rompedores e inteligentes del género, no sólo por asumir su personalidad sino que van a tener sus propias reglas y parámetros, alejándose de los detectives hardboiled o las femme fatale, para pasar a un mundo de corrupción y de periodismo cercano al mundo del hampa, que sin necesidad de armas, disparan a través de sus máquinas de escribir, o sus brutales acciones; todo ésto bajo unos punzantes diálogos, que van a reemplazar la fotografía tenebrista o de clarooscuro - que igualmente va a aparecer al final del trabajo- y tantos otros elementos, que han llevado a esta obra a ser considerada una de las mejores de este director y estar presente en las listas de las mejores películas.


La excelente fotografía por parte del chino-americano James Wong Howe, considerado uno de los maestros de la luz de mitad del siglo XX, quien supo utilizar las sombras y la profundidad de campo como parte de la narrativa, también fue un profundo analista de la imagen, innovador a nivel técnico, y ante todo un explorador de la composición, de la luz, ópticas y demás, como parte de su propio lenguaje fotográfico. Wong Howe, no sólo crea un estupendo diseño lumínico en blanco y negro en esta película, sino un retrato de la Nueva York de los años 50, con tintes a fotografía de crónica, y el laconismo que se refleja en tales calles y en los mismos personajes, igualmente, tanto en técnica como a nivel fílmico, es un trabajo muy bien coordinado, y eso lo vamos a notar en la secuencia inicial, rodada en exteriores, con cierto espíritu "realista" pero a la vez con la artificialidad propia del género, y tal desafío, no sólo es superado por este cinematógrafo sino que su propuesta va a ser emulada por otros técnicos y artistas. 

Igual de notable es el aporte musical de Elmer Bernstein, uno de los compositores musicales más prolíficos y premiados de la industria cinematográfica; obviamente, el jazz va a ser el protagonista de esta película, música que hace parte tanto del contexto de ésta (diegética) como otra que afecta a la misma narración con sus sonidos dramáticos, efusivos pero altamente expositivos frente a los caracteres y la atmósfera (decadente) de esa ciudad y sus componentes. Igualmente, el montaje - la escena final es más que contundente-, el diseño de producción y todos esos elementos característicos del cine noir, se hacen presentes de la mejor manera en esta película, considerada como una de las mejores de ese género tan particular y visualmente preponderante.



Las actuaciones de Curtis y de Burt Lancaster, no sólo fueron alabadas por crítica y espectadores sino por los premios de la Academia y diversos festivales, actuaciones que no sólo están marcadas por la dinámica de éstos sino por el mismo desarrollo de estos papeles, personajes que rayan en lo criminal, en el tono más oscuro de la moral y con cierto eco a épocas pasadas, y otras éticas de trabajo. Sin embargo, haciendo un comparativo entre estos dos personajes, es Curtis, quien se lleva todo el peso dramático, es el más complejo y a la vez, en medio de todo, es un hombre que camina por la zonas más grises de esa ciudad  y de sus propias reglas, y por ende la interpretación más humana, sin quitarle categoría  a  Lancaster, que se crea un papel digno de la mafia, incestuoso en el sentido trágico/griego, y aunque puede caer en lo superlativo  o arquetípico, es la capacidad dramática de éste, la que no le resta o quita peso a su actuación. Los demás actores hacen una más que notable presentación, y aunque Susan Harrison, no es la gran actriz o compita con los anteriores, si logra crear un retrato de una joven mujer, entre inocente pero con cierto pasado, que emula a otro tipo de Femme fatale.

De las mejores películas que he visto, de uno de mis géneros preferidos; una obra más que sobresaliente dentro del estilo pero con su propia huella fílmica, que logra abrirse camino entre los parámetros del noir, y aún así tener sus propios componentes, y en cierta forma, hablar de forma sutil sobre el macarthismo, sobre la situación social de la época, y tener todos esos argumentos sobre la moral y los juicios que anteponen la verdad de una sociedad marcada por un inmediatismo a la fama y el poder. Una obra maestra, tanto del género como del cine en general, y un trabajo a recuperar por todas sus capacidades técnicas, artísticas y demás, que la han hecho acreedora a pertenecer a las mejores obras del cine estadounidense.

Zoom in:  La película ha sido parte fundamental de la cultura audiovisual estadounidense
A pesar de no haber sido muy bien recibida en sus primeras muestras, después de su estreno, las buenas críticas y público empezaron a darle un carácter de culto.
La productora de Lancaster compró los derechos del guión

Montaje Paralelo: Citizen Kane (1941) - Noir - Periodismo




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