27 jul. 2015

Cine colombiano: Cánones y discursos dominantes*

Ver libro: Cine Colombiano:cánones y discursos dominantes

Autor: Pedro Adrián Zuluaga
Año: 2013
País: Colombia
Editorial: Cinemateca Distrital
Género: Ensayo

Pedro Adrián Zuluaga es uno de los críticos y ensayistas cinematográficos más representativos del país, sus ácidas pero puntuales críticas frente al cine nacional - y latinoamericano-  no sólo quedan registradas en textos aislados, sino que sus investigaciones marcan una relación bastante importante frente al contexto del audiovisual colombiano, los estudios culturales y la misma crítica, como un énfasis entre lo histórico y lo representativo, que hacen de este ensayo un buen punto de partida para conocer el apel de la crítica en el país, y obviamente los textos frente a estos mismo temas.

El ensayo divido en dos capítulos y una conclusión(es), nos va situando no sólo en el pensamiento del periodista paisa sino en las diversas fuentes que apoyan la situación tanto del cine de las primeras décadas, sino del canón, de los parámetros que indican que es o que puede, pudo o podría ser el audiovisual de nuestro país.

Zuluaga, va consolidando su tesis desde la misma formación del canón, y a partir de diversas fuentes va construyendo una idea de cómo o el por qué de un cine nacional que sigue en proceso y construcción, como la misma crítica.


Algunas notas tomadas del libro:

"La palabra canon remite en un principio a la música y la religión, y evoca sitios o tiene marcados puntos con el autoritarismo, la jerarquización y la inmovilidad."
"Un canon es asumido como un precepto, modelo o regla que en cierta forma se resume en lo que aprueban los autores."

Zuluaga tomando la idea de Harold Boom sobre el canon, escribe: "detrás del canon, parece acechar una forma de institucionalidad y un ejercicio de poder que actúa no sin violencia, al menos no simbólica."

"En el canon se hereda y como tal se renueva por sus mismas condiciones."

Según Fermín Fevre: "no sólo en latinoamerica sino en todo el mundo, la critica ha sido ejercida por filósofos, periodistas, profesores, historiadores, poetas y literatos, hasta alcanzar y limitada especialización y hasta profesionalización."


"La crítica  de cine en Colombia ha sido aventurera e inestable como el cine nacional, pero no ha carecido de marcos institucionales, y es posible rastrear su tradición, aunque no se trate de una disciplina intelectual con una estela tan venerable o al menos tan estudiada, como lo es la tradición de la crítica literaria."

Zuluaga escribe: "hay que decir que la categoía de cine colombiano es huidiza y ha estado sometida a permanente disenso. Con los años 70 se pone a punto una visión teórica del cine, porque se propone el inicio de una industria, que aún no se ha dado."

"Jorge Gaitán Duran decía entorno al grupo - Cineclub de Colombia formado por Luis Vicens- y al cine que: (el cine) tiene la edad física del hombre moderno y se nutre de toda la historia."
"La historiografía del cine colombiano podría ser visto como un documento. Pero no se trataría de un documento sobre el cine colombiano, el cual permanece elusivo y hasta opaco como objeto, sino un documento sobre los propios mecanismos de la elaboración historiográfica."

Carlos Alvarez: "el cine con el que Colomboa debe comenzar en serio tiene que ser documental por la imagen directa, sincera, valiente, que devuelve inmediatamente."

Zuluaga toma un texto de Ana María López: "a diferencia de otros cines nacionales, que entraron en el discurso académico anglosajón por vía de obras de historia "maestras" escritas por nativos - Krakauer o Eisener en Alemanía- los diversos cines latinoamericanos se consideran primero de manera ahistórica, mediante eventos contemporáneos reportados en artículos breves y poco analíticos, que ofrecían ante todo, discursos políticos."

Tomando la idea de Ilene Goldman de su texto Recent Colombian Cinema, Zuluaga nos da a entender que: "la postulación de mecanismos de identificación entre pasado y presente en la subjetividad del espectador, sugiere una identidad nacional basada en la experiencia común de la violencia, que sin embargo como escribe éste, se quedan cortos y más aún se definen estos estudios de violencia que parecen ser los más recurrentes." 

Para Calle Archila, "la producción de imágenes sobre la violencia obedece a un mandato irrenunciable e inscrito en el imaginario colectivo cultural de una país como Colombia."

Juan Guillermo Ramírez: "son varios los cineastas colombianos actuales que han hecho del tratamiento de la violencia un discurso propio, intransferible...una suerte de subgénero fílmico que puede ser abordado indistintamente de una forma realista - dramática-, hiperbólica o sencillamente gratuita."

Para Rory O´Brien, "la violencia también está asociada a los procesos de modernidad y posmodernidad de la sociedad colombiana; resulta de tal modo, de todo menos un accidente o una contingencia que un fenómeno del devenir histórico colombiano."

Oswaldo Osorio: "es la realidad del país la columna vertebral del cine nacional en cuanto a sus temáticas, y entre más aciagos son los tiempos, más se empeñan los directores en hablar de lo que está pasando. Porque si el cine es el espejo de la vida, la idea con ese reflejo es justamente que la gente se ve en él....generando otra perspectiva...y esa problemática ha sido protagonista."

"Para Walter Mignolo, un canón implica estructuras simbólicas de poder y hegemonías relacionadas con esencias culturales."
La violencia - en estas prácticas-, tanto de los cineastas como de los críticos e investigadores, hay complejas simetrías con el poder. Al privilegiar las preocupaciones de orden social y la confianza en la referencialidad o el carácter reproductor de la realidad que posee el cine, también el análisis sobre las películas se concibe sobre determinado por el contexto político y económico; esta consideración desplaza el análisis de los elementos del lenguaje cinematográfico a un lugar, la mayoría de las veces, a uno secundario. En la misma operación se puede llegar  a reducir el país a esos discursos emasculando la capacidad liberadora y sí se quiere civilizadora del trabajo artístico, volviendo funcional al arte y condenándolo a ilustrar o reiterar miméticamente  las energías sociales.
"Pero es mayor la propensión a considerar el realismo escueto como una marca de estilo del cine colombiano, y en buena medida a eso hemos llegado paradójicamente a través de un comercial de ideas en el que los críticos hemos sido traficantes consumados..."
"El canon como dice Boom, es un arte de la memoria... sin nada que ver con el sentido religioso.....La memoria es un espacio de la legitimación por excelencia, y aunque existan las memorias no oficiales, y el cine en un principio ayude a construirlas, puede ser también que promueva una lectura oficialista de la historia y domestique el pasado, banalizando lo extraño y traduciendo y representando lo irrepresentable."
"La ficción del tercer mundo por tanto cae en el neorrealismo o bien en el realismo mágico...Lo que no se acepta es pelíuclas que se aparten de esas dos vías."
Tres discursos rectores del cine colombiano: exotismo, macondismo o el mito de los orígenes y el canibalismo o estrategia de apropiación.


* Este material es de uso pedagógico

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