6 ene 2026

Cómo ser un inteligente crítico de cine por Matt Groening (Life in Hell)*

 


*su uso es meramente pedagógico, tomado libremente de la red.


The Scenic Route: Amores.....

 



La paradoja crítico de cine y cineasta, no está en su relación, o en su traslación de lenguajes, sino en su aplicabilidad  formal, es decir, esa idea de la interpretación y la intelectualidad concebida en lo teórico, no siempre es fácil de acoplar con las imágenes en movimiento, a menos que sea una estructura videoartística, experimental o ensayos cinematográficos, que en cierta forma, es lo que propone Mark Rappaport con Scenic Route, un melodrama - que en algunos casos raya en el soap opera- con tintes intelectuales, en la que dos hermanas jóvenes y un frío hombre, conforman un triángulo amoroso, tan confuso como problemático. 

Aunque la historia escrita por Rappaport, no es ajena a las narrativas clásicas de relaciones amorosas, en este caso un triángulo amoroso, lo que descoloca de esta obra, es la forma en la que actúan los personajes y cómo interactuán éstos con su entorno, con una afectación que recuerda a las óperas, y la literatura decimonónica en pleno New York de finales de los 70.   Rappaport,  pone en escena junto al cinefotógrafo Fred Murphy, una serie de imágenes pictóricas, poéticas y algo naif,  relacionadas con el amor así como con la dinámica de cada uno de los personajes. 


Minicrítica

Aunque tiene momentos visuales importantes, y algunos trucos muy inteligentes dentro de su narrativa, la obra se queda corta a nivel de historia, los personajes son muy forzados, y su intento de emular grandes obras como persona de Bergman o en algunos casos hasta el estilo videoartístico, no trasciende de ese punto; eso sí,la película de Rappaport, si alude a la perfección esa idea ya trasnochada, del cine independiente, que en los años 70, tuvo repercusión en el lenguaje audiovisual, montaje y estilo, que lograron acoodar de una manera más efectiva e inteligente el New American Cinema. 



28 dic 2025

Justine Kurkland: cuando la fotografía inspira a la literatura y el cine*

 












*el uso de las imágenes es netamente pedagógico y tomadas libremente de la red  





Old Joy: el silencio de la montaña

 



           "La verdadera amistad llega cuando el silencio
            entre dos personas es cómodo"
                                                      David Tayson
   

Las road movies, siempres son sobre los personajes, pero en ese recorrido, los paisajes emulan las sensaciones o los vacíos de éstos, esta premisa, tan simple como efectiva, ha estado presente en el cine y la literatura, como eje central de sus historias, desde lo épico hasta lo psicológico; premisa que logra recoger Kelly Reinhardt en su segundo largometraje: Old Joy, una road movie y buddy movie tan personal y distanciada, como los planos de esta directora, en el que prima la pausa y la introspección como estilo. Reinhardt junto a Jon Raymond escriben el guión, basándose en uno de los cuentos cortos de Raymond, en el que los paisajes de Oregón y la amistad masculina  son retratados; porque Old Joy, nos cuenta la historia de Kurt y Mark, viejos amigos, que tras varios años se reencuentran para acampar en la Cordillera de las Cascadas al este de Oregón. Eso sí, el viaje no sólo es un desplazamiento por los bellos pasajes de esta zona de Estados Unidos, sino un estudio sobre las periferias, las decisiones asumidas,  y en cierto modo, esa precariedad escondida, vista con el ojo de quien documenta; porque Mark (Daniel London) quien espera a su primer hijo, y se ha alejado de una vida de hippismo precario, tiene un último acercamiento a esa vida, que aún vive  su amigo Kurt (Will Oldham - músico y actor, no muy alejado de su personaje); los paisajes, el silencio y la música de Yo la tengo, no sólo nos acerca a la historia de dos amigos que viajan, sino al quiebre de sus mundos, y por ende de su amistad e ideologias. 


Un lento viaje a la nada

Reinhardt, representante de eso que los críticos denominan como slow cinema, nos presenta una historia "mínima", donde la alegoría, tanto política, sexual como del desamparo se refleja en estos dos personajes, outsiders de sus propias decisiones; la contemplación, que une al relato del escritor con el de la cineasta, es también la contemplación de algo inevitable, y es, como en los paisajes, el fin de los caminos, porque Kurt y Mark, ya van en caminos distintos, desde que inicia la obra; en cierto modo, y como sucede con las road movies, el paisaje es el otro narrador, fotografiado  de  manera acertada  por Peter Sillen - director y documentalista-, que emula un poco el trabajo de James Benning, y principalmente de la fotógrafa Justine Kurkland,  quien inspira a Jon Raymond para escribir Old Joy, fotografías de adolescentes  y "espíritus libres", viradas a hombres de mediana edad, y con sus espíritus menos libres, uno que se ha adaptado a la sociedad y otro, que en su inadaptabilidad, ha pérdido su propia estabilidad mental. 

Aunque puedo decir con total sinceridad que Old Joy no me gustó, cada vez que reviso más sobre la obra de Reinhardt, sobre lo que encierra esta película, que en cierto modo, es una sugerencia, una reflexión a medio camino, un viaje a la nada, algo resuena en mi cabeza, para seguir buscando información sobre ésta, y reflexionar que Old Joy, es, de una manera muy subjetiva, un estudio sobre las libertades, y decisiones  olvidadas, y hasta de un modo muy político, de cómo nos ve  la sociedad.


Zoom in: Ganadora de varios premios y nominaciones, principalmente de críticos 

Montaje Paralelo: Sideways (2004)

23 dic 2025

Los ojos sin rostro: contra/caras

 



Hacía tiempo que quería ver una  de las obras referenciales e iniciales del cine de terror francés, en este caso, el segundo largometraje de uno de los creadores de la Filmoteca Francesa y más cercano al documental como Georges Franju  con su  Les yeux sans visage  (1959) obra que inspiró a cineastas tan disímiles como John Carpeter o Pedro Almodovar,  citando a ésta, como  inspiración para alguno de sus trabajos; pero en este caso, la sensación fue más de decepción que otra cosa; eso sí, no se le puede restar su calidad, ambientación y particular historia; lo que no se entiende, a pesar que para la época y censura, tuvo que afrontar "la corrección estética", ésta, no logra - para mí- ir por ninguno de los otros caminos de la "prohibición", o darle un vuelco de hoja a la historia o trasgredir la historia, y sí bien, como dice Pauline Kael, es una obra de terror elegante, no logra el cometido que estaba esperando de una historia donde un cirujano plástico de renombre en su intensión de recuperar la belleza de su hija, comete los peores actos. 

Escrita a varias manos, e inspirada en la novela homónima de Jean Redon, esta obra de terror con tintes a thriller, y ambientación poética- nostalgica, fue un  intento de revalidar o explorar el género del terror con un tonio más autoral, que sí bien, lo logra Franju y sus colaboradores, algo en esa estilización se termina perdiendo, posiblemente esa idea de la máscara - la que utiliza Christianne, la hija del cirujano-, como algo fantasmal  y perturbador, acá no cobra todo el sentido, al igual que la amabientación - con todo lo correcta y efectiva- , no se cohesiona con el tono de la historia.



Los ojos de Schüfftan 

Aunque no sea la película que más me haya gustado, si le debo reconocer el gran trabajo del fotografo Eugen Schüfftan, un judio alemán, que legó no sólo grandes diseños lumínicos sino un efecto tan preciso para el cine ciencia ficción y misterio, que perduró hasta entrado el chroma; el gran aporte del alemán a esta historia es la ambientación  fantasmal y misteriosa, que en sus mejores momentos recuerdan a una pesadilla o a esa mezcla entre expresionismo, cine de la Hammer y los thrillers más particulares del momento, como por ejemplo, la secuencia final, la cual es el punto más interesante de este trabajo.

De resto no hay mucho mas que escribir sobre esta obra, que sí bien ha sido gran influencia para el cine de los últimos años - cabe recordar esa secuencia/segmento en Holy Motors de Leo Carax -, no ha envejecido de la mejor manera, y se quedó en la sobriedad de un director que quería ajustarse a las norma de la época.

Zoom in:  Tuvo una versión estadounidense o renombrada para los Estados Unidos en formato de programa doble