27 jun. 2020

Black Moon:o el unicornio de Malle

                   "Creo que sí, estás demente. Pero te diré un secreto:                                                las mejores personas lo están"
Aunque del director Louis Malle, hemos visto un par de obras,  no es precisamente un director memorable para este blog, no solo tengo vagos recuerdos de Ascensor para el Cadalso (1957), sino que Pretty Baby (1978), más allá de la polémica, tampoco me pareció del otro del mundo; aún así, técnica o formalmente, se reconocían obras de gran calidad, cosa que no llega a suceder con su extraña asimilación de los cuentos infantiles  y la guerra de los sexos, que es El Unicornio, o Black Moon, como se titula originalmente. Malle, que no fue ajeno a la polémica: política, sexual y a la censura, siempre fue un autor pulido y con un gran equipo técnico que lograron imprimir sus ideas cinematográficas. Pero lo anterior no sucede con El Unicornio, obra surrealista y fantasiosa, en el que la Alicia de Caroll se queda en la figura de Cathryn Harrison, en medio de una guerra, literalmente de los sexos, con una puesta en escena tan pobre como ridícula.  

Aunque se le puede dar el beneficio de la duda al director francés, ya que ésta, fue una película atípica en su filmografia, y que el guión, fue firmado a varias manos, incluyendo a una de las nueras de Buñuel (Joyce), al propio Malle y al director artístico Ghislain Uhry, más como un ejercicio artístico que narrativo, que de todas formas, falla en su cometido.



La película nos presenta a Lilly (Cathryn Harrison), una adolescente, que escapando a una guerra mundial entre hombres y mujeres, termina entrando a una casa tan excéntrica como fantasiosa, en la que los unicornios gordos y vulgares, los ancianos con cuerpos de bebe, y los árboles que sangran son parte del decorado. Con obvias referencias al Alicia en el país de las maravillas, a los cuentos infantiles, las mitologías, y la irracionalidad del surrealismo, se debate este cuento, que juega de mala forma a una fantasía freudiana, de eros y tanatos, con una mala puesta en escena.

Porque Black Moon, más que una película rara, es una película errada, en la que ni la fotografía de Sven Nykvist, le da el suficiente peso - de todas maneras las copias no Criterion de este tipo de obras, no dejan apreciar mucho el trabajo visual-, así como el trabajo de arte y decorados, que se pierde en la bruma de una puesta en escena torpe y mal trabajada. De todas formas, vale la pena escribir sobre algunas secuencias, en la que el ojo del fotógrafo sueco, recoge lo mejor de la luz, las sombras y los primeros planos, principalmente las charlas entre la joven y la anciana.



Aunque en el apartado sonoro ganó un Cesar, -el Oscar  francés-, no logra transmitir ni la sensación de miedo o pesadilla, ni mucho menos el absurdo esperado; es decir, aunque hay que reconocerle que está bien diseñado el trabajo sonoro, no es satisfactorio - probablemente, uno está pensando en Lynch o hasta en las piezas musicales que escogía Tarkovski, pero acá no hay unidad.

Aún así, y aunque parecería que detesté la película por completo, hay muchas cosas para reconocerle: las secuencias en la cocina, el cerdo y el gigantesco vaso de leche - un gran homenaje a la Alicia de Carroll-, las charlas entre la anciana y su rata parlante, y una que otra paradoja propia del surrealismo y del mismo Buñuel; pero el problema es que esto en conjunto no cuadra, no encaja del todo, y se hace caótica, y un poco estúpida, como  en la secuencias de la guerra, los gritos de la actriz principal y la batalla entre los mellizos, que raya en lo ridículo.      


Creo, a final de cuentas, que fue una película que no envejeció con dignidad, y que su surrealismo se quedó corto, así como las actuaciones y principalmente, su puesta en escena, en la que ni Nykvist, ni la música de Tristán e Isolda, aumentan la calidad. 

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