29 ene. 2020

Parasite: La clase parasitaria



No todo el mundo trabaja de la misma manera, ni se relaciona del mismo modo con las fuerzas productivas. Con la aparición de la propiedad privada la sociedad se divide en dos grandes grupos o clases: la de las personas que poseen propiedad privada, que son dueñas de los medios de producción (tierras, fábricas, ...) y la de aquellas personas que no son dueñas de dichos medios y sólo disponen de la fuerza de su trabajo para sobrevivir. De este modo, son básicamente dos las clases sociales en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de producción: la clase explotadora. En función de las peculiaridades del modo de producción de cada sociedad, del modo en que cada sociedad produce bienes, las clases sociales serán distintas.*



Aunque Parasite, la última película del realizador surcoreano Bong Joon ho, ha despertado los más diversos elogios, buenas críticas y favor del público; así como la Palma de Oro en Cannes, lo que más resalta en las críticas o análisis, es su "sorpresiva" aparición en el panorama cinematográfico; idea que puede resultar curiosa, cuando en la corta carrera de Joon ho, existen títulos tan representativos como Mother (2009), Snowpiercer (2013) o Memories of a Murder (2003) - las cuales he visto - y otras que para el cine fantástico, ha sido fundamentales como The Host (2007) y Okja (2017), sin dejar de lado, la prolificidad temática y de estilo que este egresado de la Universidad de Yonsei ha puesto en escena; sin embargo, temas como la crítica social, la incomodidad, tanto de los personajes como situacionales, o los complejos cambios de humor, son líneas temáticas marcadas por el humor negro y donde la sociedad surcoreana, sincretismo de culturas e ideologías, es puesta a prueba; también cabe resaltar, que en la películas del surcoreano, la hibridación, es un camino que se bifurca entre los temático y el tono de sus obras, que pasan del humor más evidente a la violencia o el dolor más punzante, como lo pudimos observar en Parasite, una crítica al capitalismo, al vacío social contemporáneo y a ese cada vez más evidente (re) concepto de la lucha de clases según el postmarxismo (1).

Pensada como una comedia no exenta del suspenso como género y violencia efectiva como respuesta propia del universo de este director, lo que realmente resulta redondo en este trabajo, es la capacidad de Joon ho, de hacer largometrajes con todos los vericuetos narrativos para hacer emocionar al público, intrigarlo y a la vez darle una bofetada en la cara para hacerlo pensar sobre cómo se desmorona socialmente, no sólo Corea del Sur, sino todo lo que emula a la cara más decadente del capitalismo, que es el chauvinismo "gringo".


El guión escrito por el mismo director, nos puede recordar a esas farsas tragicómicas, donde la familia pobre se enfrenta a la familia rica, sin embargo la película va más allá, no sólo por su evidente crítica social, sino porque hace una radiografía de la lucha de clases contemporánea vista a través de la óptica de la sátira y el humor, pero que como apunta Joon ho, es "una comedia sin payasos, y una tragedia sin villanos" (2); poniendo en escena, un inteligente relato, muy bien facturado tanto en la construcción de personajes - en los primeros cinco minutos conocemos a la familia Kim, su desempleo, problemáticas y talentos-, como a nivel narrativo, aunque lineal pero con un constante paralelismo, que cada vez más se va haciendo incómodo y superlativo pero enfatizando en la dialéctica del choque de clases, en el que el mundo de los Kim como el de los Park, una acaudalada familia surcoreana, tan alienada social, tecnológica y estructuralmente, se une, gracias a la intrusión de los primeros en la casa de los segundos, como si se tratara de una Heist Movie.

Joon ho, logra a través del humor absurdo -recordemos en Snowpiercer como estaban separadas las castas-, los drásticos cambios de giro, los diálogos punzantes - el mejor, el del olor del patriarca de los Kim-, y un eficiente relato que transita entre géneros (thriller, drama, humor y violencia), estilos y formas, tanto en lo narrativo como en lo visual, sin salirse del naturalismo propuesto, no exento de metáforas, caricaturización y cierto tono grotesco, que viene de la misma sátira social.

Lo parasitario, como organismo que se alimenta del otro, no sólo alude a la familia Kim, o a lo que sucede en el refugio anti pánico de los Park, o a las mismas preconcepciones de la adinerada familia, sino en cierta medida, a una sociedad que no le aporta a los demás, que es la que refleja el director, pero que también podemos evidenciar en obras como Burning de Lee Chang Dong y otras, en las que vemos la otra cara del desarrollo y capitalismo surcoreano.




Kyung -pyo Hong, es uno de esos directores de fotografía que no sólo han logrado establecer un estilo sino que ha encontrado en un falso naturalismo, su mejor receta, como vimos en Burning  (2018), The Wailing (2016) y otra obras de Joon ho, en  la que sí bien predomina el verismo o la luz natural también se apropia no sólo de otras fuentes lumínicas sino del artificio que puede surgir del fuego, una puesta de sol o los brillos de las ventanas, es posible que esto suene, igual a lo que otros fotógrafos usen como herramientas, pero en el caso de Hong, lo que llega a ser diferente, está en el tono de las obras, en las que habitualmente se rompe, con la intención original del género - por lo menos las que hemos visto-, y en este caso, este director de fotografía nominado en varias ocasiones, se llega a adaptar muy bien a los espacios, tanto los cerrados (claustrofóbicos) como los abiertos (estetizantes), y las delimitaciones sociales, como lo hace con los Park y los Kim.   Aunque varias secuencias, merecen ser anotadas frente al apartado fotográfico, tal vez las más importantes - y las que recuerdo-, tienen como eje central a las ventanas, la primera, en la que vemos como le arrojan agua  a un borracho, en un pulcro trabajo de siluetas, la otra estaría marcada, por la lluvia y el gran ventanal- puerta de la casa  de los Park, en la que vemos al hijo de éstos acampar, también cabe destacar los detalles tanto de los celulares, los bombillos y otros objetos pequeños, pero que narrativamente son de gran importancia; con lo escrito anteriormente, lo podemos ligar al montaje, porque dichas secuencias, también tienen un gran trabajo de contigüidad de imágenes, y obviamente del paralelismo, que habíamos escrito líneas más arriba.

Aunque, no salimos un poco de los apartados habituales del cine, cabe destacar de esta película, el manejo de los espacios, ya no sólo desde el valor de dirección de arte, sino desde lo arquitectónico, porque las diferencias sociales se evidencian a partir de dichos espacios, pero también en la ubicación de la casa, sin embargo, el punto más fuerte de esta idea, está en la casa de los Park, no sólo en la disposición de las ventanas o los largos corredores, sino en cada detalle de la casa, los reflejos del piso y ventanas, es decir, cada uso está justificado tanto en lo narrativo como en ese diálogo crítico, sobre las diferencias sociales.

     

Es innegable, que algunas veces las grandes actuaciones se pueden confundir con la empatía a los personajes principales, ya sean los antagonistas, protagonistas o en este caso, frutos de una sociedad desentendida; sin embargo, en el trabajo de Joon ho, priman las grandes interpretaciones, para un ejemplo el trabajo  Kim Hye-ja en Mother o de la misma Tilda Swinton en Snowpiercer; pero en este caso, la coralidad es la que permea el trabajo de interpretación, aún así cabe destacar el trabajo de un habitual de Joon ho y Park Chang Wok como lo es Song Kang-ho, quien siempre destaca en su papeles de hombre explosivo, a pesar de su aparente calma; igualmente cabe reseñar el performance de los demás personajes: Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik, que a su estilo, reflejan esa complejidad de la Coreas del Sur contemporánea. 

Aunque no puedo decir, que sea mi obra favorita del director surcoreano  -creo que es Mother-, si es verdad, que es una de las obras más destacables de este director, y del año pasado, porque logra de forma equilibrada, entretener, hacer pensar y legitimar,esa idea del cine como vehículo de crítica y poder, en el que tiene cabida este largometraje, en el que las risas, el horror, la sorpresa y cierta incomodidad, están presentes. Una más que recomendable y digna merecedora del Cannes.

Zoom in: Nominada a los Oscar a mejor película extrajera y mejor director,  mejor director y película en los BAFTA, Ganadora del Cannes (Palma de Oro)

Montaje Paralelo: Burning (2018) 





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