8 nov 2019

El carruaje Fantasma: Metáfora sobre los males de una época



“La muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.” (André Malraux)

El cine nórdico silente se destacó por sus estilizados planteamientos visuales, donde la expresividad del paisaje, naturalismo fotográfico e inusitadas sobreimposiciones con ecos fantasmagóricos o místicos, le dieron relevancia dentro de la cinematografía mundial, y de cierta forma, un cine que alimentó al hollywoodense desde los efectos visuales y ciertas narrativas de vanguardia. Dentro de este cine, resuenan los nombres de Mauritz Stiller, el productor Charles Magnusson, los fotógrafos y hermanos Jaenzon y principalmente Victor Sjöström, que en nuestro caso lo conocimos como el profesor Borg, en Fresas Salvajes (1957) de Ingmar Bergman, a quien influenció sobremanera, y heredó mucho de su estilo visual y forma de filmar, eso sí, cada uno con su propia visión del mundo, mucho más positiva en el caso de Sjöström, que lo deja en evidencia en ésta, su obra cumbre y la más conocida.   Profundizar en la obra del director sueco, es hacerlo en la filmografía de dicho país, por que esa conocida Edad de oro del cine sueco (1917 -1923) tuvo como protagonista a Sjöström, y a esos componentes visuales a los que Roman Gubern (2006) alude en alguno de sus libros, es decir el paisaje expresivo, la adaptación literaria y el trabajo lumínico, que no sólo son evidentes en El Carruaje Fantasma sino en varias obras de la época. Igualmente es importante aclarar, que sí bien este largometraje tiene un fuerte contenido "expresionista", también se acerca al contenido social de la época y a cierto melodramatismo que no era ajeno al cine sueco de esos años, y que tampoco escapa al estilo de este director, donde lo teatral, literario e innovador tuvieron cabida.



El guión que parte del cuento homónimo de Selma Lagerlof, escritora sueca, premio nobel y adaptada por varios directores por su estilo cinematográfico, nos acerca a la leyenda de un carruaje fantasma que recoge el alma del último pecador muerto en nochevieja, convirtiéndose en el nuevo guía como castigo; escrita como una serie de flashbacks, y el recuento de unos borrachos que cuentan dicha leyenda, pero cuando uno de estos muere, justo en el filo de la medianoche, la leyenda se hace real, y conoceremos el destino de David Holm (Sjöström), protagonista de esta obra, y de los males de la época, alcoholismo, violencia, crueldad y desapego. Con unos recursos narrativos innovadores y arriesgados para su época, la obra es un ejercicio mediado entre lo moralizante (la bebida) y lo fantasmagórico, pero de forma estilizada (1), sofisticada y vanguardista, no tanto por lo que cuenta sino por como lo cuenta, y en esto Sjöström, recurre a sus mejores ideas, que van desde el psicoanálisis Freudiano, el teatro y la lectura de una época.

El inteligente y arriesgado relato trabajado por Sjostrom, más que una película de terror, es un drama expresionista, que pone en la figura de Holm, los males del mundo, uno donde el alcoholismo, el desinterés por la familia y la agresividad, son pagados con conducir un Carruaje Fantasma.



La fotografía de Julius Jaenzon, habitual en la obra de Sjöström, y de por sí, del cine silente nórdico, no sólo destaca por la maestría de los planos, mezcla de naturalismo y fantasía, sino por lo componentes técnicos, en este caso la doble exposición, al igual que el manejo de los matices, generando una cierta distorsión visual, propia de lo que entendemos como expresionismo; sin dejar de lado, que sí bien es una obra donde el estatismo está presente, las múltiples capas, no sólo de la doble exposición sino de la configuración visual, hacen del trabajo un rico ejercicio compositivo, que sí bien es pausado, no por ello cae en lo teatral, por el contrario la mezcla del riesgo narrativo como visual, es absolutamente cinematográfico. 

Pero en definitiva, son las actuaciones, tanto de Sjostrom como de Hilda Bogstrom, en donde mayor resuena este trabajo, no sólo porque son actuaciones contenidas sino porque la construcción de los mismos, está muy bien delimitada, y con ciertos tintes autobiográficos - entendiendo la vida familiar de los padres del director sueco-; el alcoholismo y desprecio hacía sus semejantes está muy bien encarnado por el director sueco que entra en contraposición con el papel de la monja de ejercito de salvación (Bogstrom), y en ese paralelismo, es donde, las actuaciones como el desarrollo  narrativo tiene sus mayores cuotas de calidad, aunado al gran trabajo fotográfico, y el mismo montaje, entendido como la armazón de la obra.




En otro apartado, cabe destacar, que como mencionábamos más arriba, esta película, puede parecer en un principio una obra  expresionista - tan en boga en ese momento-, pero donde realmente pesa más el naturalismo de sus escenarios (los nórdicos), el leve maquillaje y la  contención,  puesta en escena, en diferentes contextos que lo acercan más al "realismo" con ciertos toques sobrenaturales (2), en el que puede aflorar el terror o la angustia; aún así, Sjöström, de la misma corriente conceptual y moral que Dreyer, impone en su obra, o en esta obra, un final feliz, o mejor una redención , en la que el personaje de Holm o el mismo Sjöström, lava sus pecados /recuerdos/ vivencias.

Para mí, una de las mejores obras de ese periodo, tanto visual como narrativamente, además de la iconografía implícita en esta obra, es decir, el carruaje, la parca y en contradicción con lo escrito anteriormente, ese halo de expresionismo que queremos encontrar en este trabajo de tintes morales con un empaque sobrenatural.

Zoom in: La novela, en gran medida gracias a su adaptación cinematográfica, conoció numerosas ediciones y reediciones en todo el mundo (3)
Montaje Paralelo: Der Muder Tor (1921) - Cine Mudo - Expresionismo  - Dreyer 



   

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