3 jul 2018

Mother: "Madre de dios"


              "Todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción."
                                                                                                   Pablo Picasso 



Aristóteles, en su Poética, define de la siguiente manera: La metáfora consiste en trasladar a una cosa un nombre que designa otra, en una traslación de género a especie, o de especie a género, o de especie a especie, o según una analogía; pero a partir del Romanticismo, surge una nueva tendencia para la cual la metáfora no sólo es un ornamento artístico, sino muy al contrario, el verdadero desencadenante del lenguaje, su más primitivo origen. (Cano Reyes, 2012). Esto lo podemos apreciar de una forma magnificada y violenta en la última obra del siempre original y polémico Darren Aronofsky, que desde las posiciones encontradas y una polarizada recepción del público, salió a defender o mejor, explicar su obra, donde la metáfora como Jennifer Lawrence y Javier Bardem fueron protagonistas, teniendo como rasgo narrativo esa lucha entre el creador y su obra, la inspiración y muchos más elementos presentes en la filmografía del director newyorkino, que parece haber encontrado en lo bíblico o su interpretación negativa, un punto de referencia para sus obras, como lo mostró en Noé, y en esta relación metafórica entre la "madre tierra" y el egocéntrico dios creador", que la igual que la humanidad sucumbe ante el ego y las flores. Aronofsky, del que prácticamente hemos visto toda su obra, con Mother saca a relucir su visión más pesimista, irracional e intransigente.   

El guión con la firma de Aronofsky, no sólo es un riesgo conceptual sino narrativo, ya que sin perder la forma de la obra, hay un división en la misma, donde se rompe el supuesto "naturalismo" de ésta y se pasa a un horror, donde la metáfora se convierte en el "todo" del largometraje; es decir, el director newyorkino escribe un guión donde una mujer (Jennifer Lawrence) y su esposo (Javier Bardem) en medio de un idílico pero alejado paisaje, viven sus días, ella trabajando en la finalización de la casa y él, saliendo de su atasco creativo. Cuando un hombre llega a la casa, y sus misteriosas reacciones, además de otros invitados, la calma de la casa, los nervios de la mujer y la estabilidad de la pareja se va haciendo más extraña, oscura y "alejada de la realidad".

Dividida en dos actos, pero no necesariamente explícitos en tal división, la obra que no niega sus influencias del cine  de horror psicológico propio de Rosemary´s Baby, o del cine de casas embrujadas, las reflexiones religiosas, el ánime  y más, se aferra a su complejidad narrativa para acercarnos a los delirios de esta época, que por más simbólicos que se tornen, no dejan de ser consistentes con el estilo perturbador y claustrofóbico que le imprime el director/guionista; es decir el newyorkino, nos muestra una primera parte, donde los invitados nos sólo se van tomando la casa sino el protagonismo psicológico de la misma y otra, donde el delirio con un tono caótico y surreal, nos acerca a la esencia de esta obra, que en definitiva está alejada de todo naturalismo narrativo. 




Mathew Libatique no sólo es el director de fotografía de Aronofsky - ha colaborado en todos sus largometrajes - sino uno, bastante prolífico y consistente, que logra darle esa ambientación tan particular a Mother, es decir el fotógrafo estadounidense, logra encajar naturalismo y artificialidad en un mismo espacio y diseño, a través de la casa, donde los planos alterados - u holandeses como dictan los manuales-, los granangulares  y el clasutrofóbico uso de los detalles, refuerzan aún más esa sensación de agobio y decadencia que se va construyendo hacia la mitad del largometraje. Libatique, que conoce el cine de terror, los arquetipos de obras"menores"  pero a la vez el estilo y estética del videoclip, modula todos estos conceptos y los traslada a la pantalla, guardando un estilo como continuidad y coherencia visual.

Además del gran trabajo fotográfico de Libatique, la música compuesta por el recientemente fallecido Johan Johansson, con sus ambientaciones, sonidos electrónicos y en este caso, ruidos y distorsiones hacen aún más contundente lo opresivo de la obra, aunque Johansson aparezca como un colaborador musical, su estilo y talento es notable dentro del trabajo. 

Tampoco se puede dejar de lado el interesante trabajo en el diseño de producción y efectos especiales, que sí bien facilita ciertos pasajes de la historia, su papel es más decorativo que de forma dentro de la misma. 
  
Aronofsky, es un director que sabe mantener un buen equipo de trabajo, y por tal razón, vuelve a sus filas el montajista Andrew Weisblum, quien no sólo ha participado en las últimas películas del newyorkino sino  en las de Wes Andersson. Montajista, que al igual que Libatique logra encontrar ese punto de coherencia a partir de la unión de planos y secuencias, igualmente porque es un montaje donde ritmo y metáfora son elocuentes, y porque Weisblum, como lo hizo con Black Swan y The Wrestler, logra construir  una nueva lectura a las obras de Aronofsky. 

      


Pero sus virtudes técnicas y audiovisuales no le restan a las actuaciones de Jennifer Lawrence o de Javier Badem, o como sucede con esos secundarios de lujo, que son Michele Pfeiffer y Ed Harris, que por momentos les roban el protagonismo a la pareja principal. Los papeles de Lawrence como Mother y de Bardem como el poeta, no sólo marcados por la complejidad de la historia sino  por el crescendo de su dramatismo pero es innegable que Pfeiffer es la que se roba el "show" con su excesivo e impertinente personaje que va tornado a la obra, en esa sensación de desasosiego y extrañeza que le imprime la llegada de estos personajes y los que se van sumando a esa alienación en cuatro paredes.

Aunque no creo que esté a la altura de la que se le reconoce como su obra maestra que es Réquiem por un Sueño, en definitiva sí es su obra mas arriesgada, y sale más que bien librado no sólo en lo técnico y visual sino desde la coherencia de un relato febril y descontrolado. Aronofsky, como con sus otras obras, no sólo tiene un excelente equipo de trabajo sino que su potencialidad como autor, le dan una personalidad y configuración a sus largometrajes. Un trabajo que no solo vale la pena ver sino  revisar en varias ocasiones para entender estos años de misticismo, de afecciones morales y ante todo de riesgo cinematográfico. Además, para entender los gustos cinéfilos de Aronosfky, que deja muy en claro su gusto por los grandes autores, como Polanski y  los recovecos mentales disfrazados de imágenes cripticas y violentas. 

  
Zoom in: Así como estuvo nominada a grandes premios también lo estuvo en los Razzie a peor película.

Montaje Paralelo: Bebé de Rosemary  (1968) 




Referencias
https://cafecin.wordpress.com/2012/12/01/la-metafora-en-el-cine-por-estefania-cano-reyes/

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