4 ene. 2017

The Witch: Lo sobrenatural como reflexión


                          "Y el inmenso cortejo de brujas surcó los aires como un río
                          de fuego dirigiéndose hacia el corazón de la tormenta..."
                                                                                                    Phillip Pulman


Opera prima del joven director y escenógrafo estadounidense Robert Eggers, que además de su formación teatral, ganó experiencia como diseñador de producción tanto en cine como en televisión; nacido en New Hampshire, que hace parte de su primer largometraje, y con cierto gusto por la fantasía y los cuentos folclóricos, este novel director se ha ganado no sólo una serie de premios por una obra que rompe con los parámetros del cine de Terror, sino que su nombre está sonando para una serie de proyectos que van desde la vida de Rasputín hasta un remake de Nosferatu. 

   
El guión escrito por Eggers, tomando elementos de su ciudad natal y folclor local, nos acercan a la Nueva Inglaterra del siglo 17, y las colonias religiosas (puritanas) asentadas allí. De una de esas comunidades será expulsado William (Ralph Ineson) y su familia, los cuales se tendrá que desplazar a una alejada granja en el bosque. Los conflictos, miedos y señalamientos se empezarán a formar en esta familia, en el momento en que Samuel, el recién nacido, es secuestrado por lo que parece ser una bruja. Las mentiras, lo sobrenatural y la decadencia de una familia supeditada por el pecado y la religión, los llevará a mostrar realmente su peor y más oscuro secreto.

Estructurada como un drama familiar pero con los componentes del cine de terror, nos adentramos en un ejercicio sobre el miedo mismo, ya no sólo el sobrenatural sino al mismo hombre, a la familia, al pecado. Porque la obra de Eggers, puede tener una doble lectura, la primera y más obvia, sobre la brujería y la segunda sobre la rebelión a ese miedo, encarnado en la hija mayor Thomasin (Anya - Tailor Joy).

Aunque es obvio el contexto de este largometraje, también está cuestionando elementos como la religión, el choque entre madre e hija, el aislamiento y al miedo como un desencadenante de la frustración, el odio y la desconfianza, que finalmente es de lo que se va a alimentar esta tragedia sobrenatural.

  
El impecable y pictórico trabajo fotográfico de Jarin Blashke, no sólo es una mezcla de naturalismo y fuertes contrastes en interiores o escenas nocturnas, sino una reinterpretación del arte barroco y el realismo americano, sin dejar de lado la influencia del cine de terror, principalmente ese de regiones apartadas y brujería realizado en los años 70. Blashke, crea un diseño fotográfico que aunque marcado por la luz natural, las texturas y tétrico ambiente se va desarrollando de forma acertada, hasta llegar a la parte final, donde el tenebrismo y el fuego serán los protagonistas.

La música de Mark Korven, entre tradicional y "tensionante", van creando no sólo una atmósfera cargada de miedo, dramatismo sino de una profunda presión que va pesando sobre los personajes, música alejada de los sobresaltos pero absolutamente tétrica como la oscuridad que se va posando sobre la aislada granja. El chelo, y otros instrumentos propios del barroco van marcando el tono de la obra.

Y obviamente unido al gran trabajo fotográfico está el diseño de producción o arte de Andrea Kristoff, que nos acerca a ese 1630 en los apartados bosques de Nueva Inglaterra, también es valioso el sobrio trabajo de edición, que a pesar de sus secuencias relativamente largas, maneja un dinámico postulado entre plano/contraplano, enfatizando la tensión y esa misma sensación de miedo, que constantemente está presente en la obra.

    
Además de sus valores técnicos y estéticos, cabe destacar las actuaciones de Ralph Inneson y de la hasta ese momento debutante Anya Taylor -Joy, que viene a ser la gran protagonista de la obra, objeto de la discordia, deseo y destino.

Con The Witch, se viene a hacer una reflexión sobre el cine de terror, ya no sólo en sus parámetros estéticos y narrativos sino en la profundidad de sus historias, en cierto modo, guardando un tema a reflexionar más allá del terror y de lo visto en la pantalla, sino en su concepción de lo que es el miedo, de la desintegración de la familia como en cualquier obra de Haneke, y de esa deformación moral que producen las religiones, como a la final termina siendo estructurado este largometraje, porque The Witch, y su mitología o folclor, no sólo está dimensionado por estas fuentes sino por ese transito entre la libertad de un personaje, que como en The Descent (Neil Marshall) es su entorno la que termina acelerando su cambio, su proceso en los desconocido, en el monstruo, en la deformación de unos valores, ya decadentes de por sí.

The Witch, se viene a convertir en una suerte de "el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe", y en este caso es el miedo extremo, al pecado y la religión. Un trabajo realmente recomendable, y cómo las últimas películas celebradas de terror, se debe ir con la mente abierta a propuestas que desde lo visual y la reflexión, también producen miedo, terror y monstruos, como es nuestra imaginación. 

Zoom in : Mejor director en Sundance, nominada a mejor película dramática, terror, actriz nueva y opera prima.

Montaje Paralelo: El tiempo del lobo (2013) - Brujería 




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