27 dic. 2016

Aquella casa al lado del cementerio: De casas malditas y otras maldiciones


"Nadie sabrá alguna vez si los niños son
 monstruos o los monstruos son niños“

Primera película que veo de Lucio Fulci, que con su descarnado estilo llevó a cuotas de culto el "gore italiano"; este cineasta que pasó por lo más diversos géneros, encontrando en el terror y en el subgénero de los zombies, sus mayores logros y éxitos comerciales. El cine de Fulci, criticado por la violencia de sus imágenes siendo censurado en diversos países, convirtiéndose ésto en influencia para directores como Quentin Tarantino y otros realizadores de terror, gore u otros géneros.

Más de tres décadas haciendo películas iniciando en la comedia y convirtiéndose en uno de los maestro del horror para este graduado en Filósofía y Letras, expulsado de la Escuela de medicina,  gracias a esto convertido en cineasta del Centro Sperimentale di Cinematografia, nos muestra a un hombre que más que gusto por la violencia era alguien que disfrutaba del humor negro traduciéndose en sadismo, torturas y violentas pero coreografiadas muertes con un fondo deprimente, turbio pero elegante en medio de la rudeza de su estilo; un cine que rompía con los parámetros de los géneros, donde el autor se involucraba más allá de la dirección - y el dinero- e introducía su propia visión, ideas  y percepciones del mundo (política y religiosa), en cierto modo configurando películas de ambiente extraño,  oníricas o pesadillescas, que a la final se convirtieron en la firma de este director nacido en Roma.

A finales de los años 70 y gran parte de la década del 80, el trabajo de Fulci, más allá de la crítica, será bastante bien recibido por el público, y su explicita violencia, narrativa inconexa y sarcástico estilo, se reflejará como su mayor periodo de éxito, con películas como The Beyond, Zombie 2 y Aquella casa al lado del cementerio, película de la que vamos a escribir.


Con guión de Dardano Zachetti, del mismo Fulci y Giorgio Maruzo, que nos acercan al terror sobrenatural de las casas encantadas en el New York de los años 80. La trama, como es habitual en este tipo de obras, se centra en una familia que debe dejar la ciudad y trasladarse a una antigua casa en el campo; casa con algún tipo de maldición, en este caso una serie de asesinatos que pondrá en peligro a los Boyle. 

La película inicia con el brutal asesinato de una joven pareja en el sótano de una antigua casa, a continuación pasamos a un apartamento en la ciudad de Nueva York, donde un pequeño niño observa un cuadro de una casa (fotografía), en la que aparentemente, una niña le está avisando que no vaya allá. Mientras los Boyle, los padres del niño que observaba el cuadro, se mudan a antigua casa en la parte rural de Nueva Inglaterra, ya que el padre Norman (Paolo Malco), debe acoger el trabajo de su compañero el Dr. Peterson, el cual se suicidó en extrañas circunstancias. Ya ubicados en esa casa, Lucy (Catriona Mccoll), se dará cuenta que es la misma del cuadro, y los eventos sobrenaturales, ruidos y asesinatos empezarán a ocurrir.

Más allá del guión, tomando como referencia un cuento con tintes Lovecraftianos, el argumento es una sucesión de misterios por resolver, como el personaje del señor Freudstein, un extraño cirujano que habitó la casa, una serie de asesinatos y la casa como el ente maldito, además de la niña que constantemente le avisa sobre los peligros al pequeño Boyle; aunque en algunos pasajes la incoherencia reine, este eurosplatter, es más un vínculo entre la ensoñación y la pesadilla, que un lineal argumento, pero que se pueden entender tanto los estereotipos como las cualidades mismas del género, pero con las obvias manifestaciones anárquicas de Fulci, que en cierto modo, es el motor de la misma obra.


Mucho más claro y notable es el trabajo de Sergio Salvati, habitual director de fotografía de Fulci, que hizo parte de ese equipo técnico y artístico que lo acompañó en los años 80, en ese tour de force  de violencia, sangre y destripamientos. Salvati, artesano de la luz, logra crear unos opresivos ambientes en la antigua casa y mucho más cruda en los exteriores, aún así, el manejo de color, la exageración de la misma y las marcadas sombras, son más que suficientes para darle todo ese refuerzo siniestro que necesitaba esta obra.

La música de Walter Rizatti, marcada por los sonidos del piano, más que contrastar con el ambiente, se acomoda a ese estilo funesto y melancólico, que también tiene la obra de Fulci; música que como un prolongado misterio, refuerza esa transgresión sobrenatural  y cíclico hálito de decadencia, que finalmente es el espíritu de esta película.

Con el trabajo de montaje de Vicenzo Tomassi, otro habitual de Fulci, es difícil entablar ese punto intermedio entre la "coherencia"  de la compaginación y del trabajo de edición, ya no como construcción narrativa sino como estructuración de las secuencias tanto en la violencia como en la superposición de la imágenes, y en esto Tomassi, es más que sobresaliente, y un experto, al entender la concepción del director italiano.

Pero en definitiva, quien se lleva los aplausos en el apartado técnico es Giannetto de Rossi, maquillista y supervisor de los efectos especiales, que fueron censurados y criticados por su realismo y brutalidad, pero que en cierto modo, era la gran apuesta del euro-splatter, gore o demás subgéneros en la Italia de los 80. El trabajo de Rossi, no sólo es efectivo en su realización sino en la afectación que produce, sobre todo, por sus primeros y descarnados planos, principalmente la sangre convertida en gusanos o la decapitación de uno de los personajes.

       
Musa de su trilogía del Infierno, Catrina MacColl cumple por completo las expectativas, y es tal vez, la única que logra una actuación decente, frente al poco expresivo niño Giovanni Frezza y el mismo Paolo Malco; tal vez, y más que por la actuación, cabe destacar a la bella Ania Pieroni, experta en esos papeles de víctima misteriosa, que también participó en dos películas de Dario Argento, de resto, son papeles menores, y en algunos casos, poco efectivas sus actuaciones, como el mismo cameo de Fulci, que sí bien no tiene mayor relevancia dentro de la obra, por lo menos hace de enlace en lo que presuponemos que va a pasar.

Aunque esperaba más de la película, realmente cumple y vale la pena observar el trabajo de Fulci, no tanto por su guión, sino por la capacidad de afectar a través de sus imágenes, y llevar sus narrativas a contextos casi surrealistas, principalmente dentro de la pesadilla, y en cierto modo por la libertad de romper con los parámetros del género, sin perder la iniciativa del mismo. Y a la final, porque el trabajo de De Rossi, es bastante directo y cruel, así mismo como la ironía vestida de sangre y demás fluidos, están muy bien delimitados por Fulci. No es un trabajo para recomendar a estómagos sensibles, pero sí para descubrir otras formas de narrar o mejor de "hacer lo mejor posible" con mucha violencia y cierta sensibilidad.

Para finalizar, aunque en muchos análisis se escriba que la película es una explotation del Resplandor de Kubrick, las diferencia son obvias en todos los sentidos, o por lo menos, la capacidad de Fulci para desligarse de los géneros, hace que se aleje de los postulados  de tal clásico, sin negar que tiene influencias y obvias estructuras del cine de "casas malditas". 


Zoom in:  El actor que hacía de Dr Freudstein (Giovanni De Nava) pasaba por un maquillaje diario de 2 horas, que comenzaba a las 7 a.m. En la tarde al finalizar de rodar, el actor tenía que quitarse la máscara y todo el maquillaje ya que en la noche trabajaba en una obra de teatro, lo que enfurecia a Lucio Fulci, debido a que esto retrasaba el rodaje de la película. (1) 

Montaje Paralelo: El resplandor (1980)





(1) http://www.abandomoviez.net/db/criticas.php?lectura=2&film=123

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