17 oct. 2016

Blood Simple: (Neo)noir a lo Coen



           
                                     "La violencia no es sino una expresión del miedo."
                                                                                                  Arturo Graf

El debut de los hermanos Coen, no sólo va a marcar la referencia de un estilo para el cine independiente americano sino una constante búsqueda por parte de estos directores de romper con los parámetros del género cinematográfico, donde la violencia, el humor negro y los conflictos noir son protagonistas; con Blood Simple, Ethan y Joel Coen van a darle un nuevo sentido al cine negro, uno donde las combinaciones del género, los entramados narrativos y la ambientación propia del cine de terror van a estar en función de la misma paradoja de la obra; los Coen que iniciaron en el montaje de cine de terror barato, como productores de campo y otros oficios, tuvieron que recurrir no sólo a su talento en la escritura para crear su primer largometraje sino a ese término tan de moda en este momento como el "crowfounding", que en la época de estos directores radicados en Manhattan, simple y sencillamente se llamaba colaboración y riesgo, como finalmente lo hicieron sus inversores - familia incluida-. Con un moderado éxito en taquilla y una mejor respuesta frente a la crítica, esta obra va a ser el punto de partida para un estilo que se definirá aún más en Fargo, No Country for Old men, entre otras.

Con cuatro décadas de labores y obras a sus espaldas, estos directores nacidos en un pequeño condado de Minnesota, no sólo son grandes representantes del cine independiente sino que han retomado varias obras clásicas del cine, y las han asumido a su estilo y forma, algunas como homenaje, otras como remakes y en cierto modo, todas con un aire a cinefilia, marcada desde la infancia de estos realizadores, que ponen en escena sus ideas y gustos.


  
Escrita por estos hermanos, que se decantan por un noir en su estilo y forma pero que a la vez rompen con esos mismos códigos del género, introduciendo un humor negro - característico en estos directores-, una ambientación de cine de terror "ochentero" y unos personajes tan desligados del cine criminal que con sus erráticas acciones, se prestan no sólo para que el guión tome rumbos narrativos de intriga y traición, sino de desazón y cuotas "sobrenaturales" que se manifiestan en la obra, que inicia como la infidelidad de una joven mujer con uno de los empleados de un tiránico dueño de un bar a las afueras de Texas, y que finalmente se termina convirtiendo en un ola de violencia, traición y muerte.

El argumento, citando el que aparece en wikipedia, nos cuenta como Ray (John Getz) uno de los empleados del bar de Julian Marty (Dan Hedaya), no sólo ayuda a escapar a Abby (Frances McDormand), esposa de Julian, sino que terminarán en un relación en medio de motel en la carretera, sin embargo, la desconfianza de Julian quedará registrada en una fotos que ha tomado el detective privado Loren Visser (Emmet Walsh) contratado por Julian; obsesionado con la traición éste, contratará de nuevo al detective, peor en esta ocasion para que mate a la nueva pareja, de ahí en adelante, las traiciones, muerte, confusión y desengaños será el camino por el que transitarán todos estos personajes, que como buen desarrollo de película noir , el cruel destino, el fatum alcanzará su objetivo.

La violencia - exagerada-, los parajes americanos, el miedo y la confusión, van a ser los puntos referenciales de los Coen, que conciben una obra, donde los detalles, los entramados y la confusión, de la que se reirá en su lecho de muerte el detective, se compaginarán en una mezcla de géneros e influencias, dando pie, a esos híbridos, de los que tanto se ha alimebtado el cine de géneros en los últimos años, y que los Coen, con su debut, propusieron de la mejor manera.   



Si bien para Barry Sonnefield, el trabajo de dirección fotográfica casi es anecdótico, aunque colaboró en los tres primeros largometrajes de los Coen; también cabe destacar que su labor en este largometraje es bastante funcional, no sólo en el diseño lumínico  sino en la ambientación creada, ese aíre a cine de terror, de marcados contrastes, luces frías y demás, se acoplan a los parajes estadounidenses, las luces neón del bar y los encuadres de cámara - y su economía-, que marcan la solidez visual de esta "opera prima". Con unos recursos muy bien trabajados, Sonnefield, más conocido por ser director de Men in Black, crea una amalgama de conceptos, que se van a trasladar a la configuración neonoir de este largometraje, que juega a ser muchas películas, y de cierto modo funciona, tanto lo visual como lo sonoro de la misma.

Igualmente la música de Carter Burwell, experto en música cinematográfica y acompañante sonoro en gran parte de la obra de los Coen, no sólo crea una banda sonora que pasa perfectamente del terror al humor, a partir de una cuantas notas y esos sonidos electrónicos propios de los ochenta - que funcionaban también en el cien de horror-; Burwell con unas notas de piano que se hacen constantes en el largometraje, logra encumbrar bastante bien la ambientación de ésta. 

Y no podemos dejar de lado el trabajo de montaje por parte de los Coen ayudados por Don Wiegemann, trabajo mas que destacado, no sólo por la compaginación de la obra sino por esa sobreimposiciones, las secuencias de la carretera, de ensoñación y las secuencias de violencia, que marcan muy bien esas economía de recursos de estos directores, pero que a la vez, saben muy bien lo que hace el montaje; cabe destacar esa escena en la que Frances McDormand cae en la cama, cuando es asesinado Julian o la escena de la casa, que pasa perfectamente del cine de horror al humor, en unos cuantos planos.



Como suele suceder en las obras de los Coen, muchas veces quienes se terminan robando los aplausos por su actuación, son los secundarios, en este caso el que realiza Dan Hedaya, un antagonista tan débil, sucio y sangriento, que en definitiva es el perfecto retrato que sintetiza el estilo de este largometraje, igualmente es destacable el papel de Frances McDormand, que más allá de una genial interpretación, es la elaboración psicológica de su personaje, una "vamp" en el peor de los sentidos, que a diferencia de las mujeres fuertes del noir, en este caso es más una superviviente, que en su huida y miedo, termina convirtiéndose no sólo en el objeto de deseo sino en la femme fatale de este enrevesado planteamiento; el trabajo de Emmet Walsh no solo destaca por ser un secundario de lujo, sino por que en este caso encarna la personalidad del detective sucio, ambicioso y grotesco, que genera todos los conflictos y complejidades entorno a la trama; aunque sin ser una gran actuación la de John Getz, en cierto modo funciona, y su transformación, al igual que la de los demás personajes es mas que convincente. En resumidas cuentas, unas muy buenas actuaciones que se complementan por los demás recursos técnicos y artísticos.

Un trabajo que vale la pena, no sólo por ser el debut de los Coen, sino porque va a marcar el estilo de estos directores, en cierto modo, la película se convierte en un "modelo" del cine independiente, y en ese trazo que el cine de los ochentas abrió a la posmodernidad y la "hibridación" de géneros y demás recursos cinematográficos.

Zoom in:   Premio del jurado en Sundance, 2 Spirit Award, una de las primeras películas en recurrir al "crowfounding"; presentada en Toronto, Cannes y demás festivales.

Montaje Paralelo: Neonoir - Crimen


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