28 feb. 2016

Nightwatching: La ronda de noche descifrada



                    "La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, 
                    no el copiar su apariencia."
                                                                                                                     Aristóteles


Aunque no es la primera vez que reseñamos una obra de Peter Greenaway en este blog - lo hicimos con la serie para Channel Four TV Dante-, y mucho menos, la única que hemos visto del artista inglés; si es el primer largometraje que analizamos,  en este caso, uno de sus "ensayos", y puesta en escena sobre una obra de arte, personaje o interpretación del mismo tema, que ha venido descifrando en los últimos años este polémico y dramático cineasta. Formado como artista plástico y especializado en pintura, Greenaway ha intentando desde sus comienzos, darle al cine, no sólo un nuevo lenguaje, sino una transformación radical, en cierto modo, una reinvención de éste. Con un estilo que puede ser considerado de (neo) Barroco, por sus excesos visuales, una puesta en escena heredada del teatro y de lo pictórico,  donde la muerte, el sexo y los pensamientos del director se sobreponen en estos conjuntos cinematográficos. El inglés, que varias veces ha declarado la muerte del cine, aún sigue expresando a través de este medio sus inquietudes intelectuales, experiencias visuales y como en el caso de esta obra, todo un ensayo sobre el trabajo de Rembrandt, el arte como construcción narrativa y una suerte de "academicismo" que se mezcla con sus propias interpretaciones e ideas sobre la Ronda de Noche, ese magnífico cuadro del pintor holandés, que para algunos fue el punto de decadencia de éste, y el nombre (en español) de esta película.


  
El guión escrito por el director, es una audaz interpretación y ensayo ficcional en tono de thriller sobre el cuadro Ronda de Noche de Rembrandt, y sobre el mismo artista, su decadencia, su penoso destino, las mujeres entorno a su obra y finalmente el misterio entorno al mismo cuadro, del que el director ejerce toda manifestación ya no sólo como un elemento de suspenso -reflejándose la conspiración de un asesinato- sino un cierto entramado de lo que es la pintura de ese momento y el arte mismo, reflejado en la sociedad que parece condensarse en dicha obra. Igualmente, podemos hablar de un cine-perfil de Rembrandt, de la Holanda de 1642 y una desfragmentación del mismo cuadro (pictórico) y de lo que esconde su narrativa, en cierto modo, Greenaway crea una narración a partir de lo que Ronda de Noche significa, y significó en su momento.

Sin embargo, y sí hablamos de la parte formal del guión, el inglés utiliza unos recursos no sólo artísticos sino metanarrativos en los que se explican a sí mismo el desarrollo de la trama, la construcción de los personajes y otros puntos relevantes, donde los actores se convierten en su misma voz omnisciente, aún más, su tono teatral y pictórico, termina reforzando las técnicas narrativas, y eso en cierta forma, también lo hace una especie de cine-ensayo, que no sólo tiene a Greenaway como pensador-creador de imágenes sino al mismo concepto de arte como descifrador del misterio y de sus propios parámetros. Juegos o recursos que este director lleva proponiendo hace mucho tiempo en sus películas, que en algunos momentos están mas cerca del museo o de la galería de arte.





El director de fotografía holandés Reinier Van Brummelen diseña, como todo un pintor Barroco, unas estructuras lumínicas contrastadas, donde el claroscuro y lo artificioso son protagonistas, Van Brummelen, que se ha convertido en el operador habitual de Greenaway, también ha logrado a partir de la Alta Definición, un estilo y en cierta forma un "perfeccionamiento" de las visiones del director inglés. Naturalista en exteriores y pictórico-teatral en interiores, emulando los cuadros de Rembrandt; este director de fotografía no sólo se acerca a las técnicas del pintor sino que igualmente, simplifica tales conceptos, además de sintetizar en sus fotogramas el arte de ese momento.

Vale la pena destacar el trabajo musical de Wlodzimierz Pawlik, no sólo por las sensaciones que crea sino por su uso narrativo, y aún más, por acentuar ese estilo teatral, que será el gran definidor de esta obra. La música del compositor polaco y pianista de jazz, no sólo es dramática en su construcción sino efectiva en el proceso de degradación del personaje principal. Obviamente, todo esto funciona gracias a una excelente "puesta en escena" y nunca mejor dicho con esta obra, pensada por el diseñador de producción Maarten Piersma, el director de arte James Wilcocky sus grupos de trabajo.



Tal vez uno de los puntos menos interesantes de esta película, sean las actuaciones, y aunque Martin Freeman, logre emular de la mejor manera el papel de Rembrandt, no es constante el desarrollo del mismo, además de desaprovechar a otros personajes como Toby Jones, o no profundizar en otros; de todas maneras, es algo habitual en las películas de  Greenaway - principalmente en las últimas- no darle tanta relevancia a las interpretaciones; o por lo menos es mi percepción desde obras como las Maletas de Tulsa.

Con Greenaway no hay medios términos o medias tintas, es un cine que gusta o que tiene detractores; que sus propuestas, en algunos casos tan radicales que parecen más cercanas a la experimentación o al ambiente de museo, se alejan del espectador, aún así, la validez de la obra de este director es su misma radicalidad  y autoría, que no teme afrontar sus ideas a partir del mismo medio, y que sigue en una costante búsqueda, que parece infructuosa, o por lo menos, así lo manifiesta el inglés.  

Una obra recomendada a quienes ya han visto el trabajo de Greenaway, quienes quieran explorar el universo de Rembrandt, y además puedan disfrutar de lo pictórico por encima de lo narrativo.


Zoom in: Esta es la primera de una serie de largometrajes sobre los maestros holandeses
2 premios en el Festival de Venecia de 2007

Montaje Paralelo: Arte - Rembrandt 


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