9 ene. 2016

Luz Silenciosa: La luz es cine


                             "Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; 
                             el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá 
                             la luz de la vida."
                                                                                                                  Juan 8:12

Primera película que reseñamos del cineasta mexicano Carlos Reygadas, considerado uno de los realizadores más personales e interesantes de latinoamérica, que emulando a grandes maestros del cine mundial no sólo ha recibido el aval de la crítica internacional sino premios entorno a una obra que cuestiona el "tiempo cinematográfico", ciertos parámetros aristotélicos, y donde la puesta en escena toma un carácter espiritual que no sólo se vislumbra a través del lirismo sino de cierto carácter religioso. Reygadas, abogado de profesión, debutó en el año 2000 con un largometraje y la creación de su propia productora NoDream Cinema, después de haber vivido en Europa y realizado un par de cortometrajes en Bélgica. Con su productora, además de sus películas, ha coproducido otras para cineastas mexicanos como Amat Escalante - del que reseñamos Los Bastardos-. 

Con un estilo pausado, leves o nulos movimientos de cámara, planos secuencias y aplanamiento de los actores, el trabajo de Reygadas parece configurarse desde lo visual con historias que se justifican en la mística de lo cinematográfico como finalmente lo hace con Luz Silenciosa, su tercera película y de la cual vamos a escribir.


  
El guión escrito por Reygadas nos acerca a una comunidad menonita acentuada en la zona rural de Chihuahua (México) donde vive Johan (Cornelio Wall), con su esposa e hijos; quien sostiene una relación con otra mujer -también menonita-, trasgrediendo no sólo sus valores familiares, sino los de esta cerrada y dogmática comunidad religiosa.

La película inicia con uno de los planos secuencia más bellos y contemplativos realizados últimamente, un amanecer reducido a un par de minutos que nos integra a la vida rural de esta numerosa familia, su rutina de desayuno, el llanto del patriarca de la familia sintetizan los sentimientos tanto de este hombre como de su esposa. La cotidianidad de la comunidad y de cada uno de los personajes, será retratada con toda la naturalidad del caso pero a la vez, la poesía de la imagen y el misticismo del milagro, complementarán esta historia de amor y luminosidad.

Hablada totalmente en plautdietsch: dialecto(s) relacionados con el bajo alemán, hablados en el continente americano por lo menonitas; (1)  sus diálogos, además del carácter religioso tienen la dicotomía de estas profundas creencias pero a la vez la irracionalidad del amor, que parecen conjugarse perfectamente cuando Johan y su padre hablan sobre esta situación. Diálogos con un tono muy bressoniano pero con las particularidades del cine del mexicano. 



El reto del joven director de fotografía Alexis Zabe, -quien viene del mundo del videoclip y la publicidad, principalmente con el grupo Die Antwood- estuvo en trabajar absolutamente con luz natural, tanto en exteriores como en las zonas interiores, donde tuvo que aprovechar de los bombillos y demás fuentes "reales" de esos espacios, sin olvidar el plano secuencia de inicio y final, que a partir de la óptica y otros "trucajes" pudo sintetizar el amanecer/anocher a un par de minutos; si bien es cierto que es una fotografía absolutamente realista y hasta verista en exteriores, también tiene esas particularidades "artificiosas" y estéticas que vemos al final de la obra, la tan discutida secuencia con tintes dreyerianos.  Sin música incidental, a excepción de Johan cantando una canción popular mexicana, la película se refugia en los sonidos naturales, los silencios que recoge Raúl Locatelli.

El naturalismo va a ser esencial en esta obra, no sólo por decisión del mexicano sino por el estilo de vida de esta comunidad, por tal razón tanto el maquillaje, vestuario y en resumidas cuentas, la puesta en escena es absolutamente realista y no disfraza de ninguna forma a estas personas, ya que tanto Cornelio Wall, como Maria Pankratz y Marianne Toews son menonitas, actores naturales y por ende se terminan representando a sí mismos, o a los arquetipos de dicha comunidad. Y es en este punto, donde también se hace notable el trabajo de dirección de actores por parte del mexicano, quien toma la "formula" de Robert Bresson y aplana, mecaniza a estos personajes, pero aún así hay un desenvolvimiento mucho más interesante por parte de éstos, generando mayor empatía con sus historias.



Si en algo hay que destacar esta película, además de sus cualidades técnicas y estéticas, es la verosimilitud de lo milagroso, de lo metafísico y la extrañeza que empapa a esta obra, que tiene varios referentes del cine mundial como Tarkovksi, el ya citado Dreyer con su Ordet y otras cinematografía pausadas y contemplativas que citando al director ruso lo inverosímil está ligado con lo autóctono, y esa parece ser la mejor respuesta de esta obra; que igualmente en su sencillez, explica a través de la imagen. Una de las mejores películas mejicanas que he visto  - por segunda vez-, y un gran ejercicio por parte de este director por darle al cine su propia autoría y autoridad, a partir de la imagen y la simplificación de la misma. Un trabajo esencial y valioso de la cinematografía latinoamericana.

Zoom in:  Diferentes premios como mejor película, fotografía y del jurado tanto en Cannes, Ariel y varios más.
Reygadas tuvo que pedir autorización a la comunidad menonita, no sólo por su ostracismo sino por el mismo tema que manejaba la película.

Montaje Paralelo: Ordet (1955) - Ilumincja (1973)






(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Plautdietsch

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