7 ene. 2016

Campanada a medianoche: El Falstaff de Welles


                      "We have heard the Chimes at midnight, Master Robert Shallow."


Considerado como uno de los artistas más prolíficos del siglo XX, Orson Welles, no sólo fue un cineasta y actor de gran repercusión sino todo un innovador que tanto en la radio, el teatro y obviamente el cine, generó nuevos lenguajes y apropiaciones técnicas que marcaron a estas artes. Welles, nacido en Kenosha, Wisconsin, se convirtió en leyenda con su obra radiofónica - e histeria colectiva de paso- de La Guerra de los Mundos, la cual conmocionó a parte de la población estadounidense, y a varios empresarios de la RKO, que lo contrataron para dirigir tres películas con todas las libertades -artísticas y económicas- posibles, como fruto de ésto, se generó una de las películas que siempre aparecen dentro de las listas de lo mejor del cine mundial y obra fundamental tanto de su carrera como de la cinematografía, obviamente nos referimos al Ciudadano Kane, la única (película) que pudo realizar con esta compañía cinematográfica; después de ésto, y como el mismo Welles señalaba, empezó su caída, marcada por la censura, la malinterpretación y manipulación de su obra; aún así, podemos distinguir un par de etapas creativas, dos películas propias del noir como la Dama de Shangai o Touch of Evil, una readaptación del Proceso de Kafka y su trilogía shakesperiana, que finaliza con Campanada a medianoche, película de la que vamos a escribir.


Escrita por Welles, esta adaptación que toma textos de cinco obras de William Shakespeare, no sólo fue un proyecto que siempre estuvo presente en el trabajo del cineasta sino una especie de fetiche encarnado en la figura de John Falstaff. Esta traición a la amistad como el propio Welles describió a esta obra, inicia con un flashback, o por lo menos está concebida de esta forma en la primera parte de la misma, donde vamos a conocer al personaje de sir John Falstaff (Orson Welles), al errático príncipe Hal (Keith Baxter) hijo del reciente Rey de Inglaterra Enrique IV, quien ha asesinado a Ricardo II, como explica el narrador, y otra serie de personajes entorno al exagerado, alcohólico pero bonachón Falstaff. El guión será el desarrollo entre la patriarcal figura del personaje de Welles sobre un príncipe que vive una vida delictiva; la batalla de Schrewbury, donde luchan dos familias unidas de sangre, la del Rey puesto y la del destronado, donde el príncipe Hal encontrará su propio destino, uno, donde su mejor amigo y mentor, no tendrá cabida.

Aunque, obviamente la obra se centra en Falstaff, pícaro hombre de noble corazón, y su amistad con el hijo del rey, también es un retrato, en tono de drama con algunos apuntes de comedia, sobre dos mundos desiguales, que tiene como fondo una guerra histórica, y el punto de unión entre el destino de un hombre llamado a regir un país, y otro que se desmoronará ante tal destino.


Con fotografía de Edmond Richard, que hace un impresionante manejo de la luz a través de los ventanales del castillo, de la luz natural, contrastes y manejos técnicos de cámara, no sólo como parte de la narrativa sino en la misma configuración estética de la misma; el uso de granangulares para las secuencias de Falstaff, perspectivas forzadas y angulaciones de cámara, todo en beneficio del lenguaje audiovisual y en otros casos, recursividad o afectación  de la misma producción. Sin embargo, si en algo destaca esta obra, es en su montaje, que sí bien lo hace Fritz Muller, es Welles el que estructura y crea este logrado trabajo, considerado como uno de los mejores en este campo; esto lo podemos comprobar en la secuencia de la batalla, en otra secuencia cuando tocan las trompetas lo militares a la llegada del joven príncipe, editado en forma alternada y en muchas otras escenas concebidas por Welles desde la misma moviola y su rigurosa capacidad de generar ritmo, a partir de cortes más largo o mas cortos. Sin dejar de lado el gran trabajo en el Diseño de Producción, y como señalaban en los extras del DVD, la misma creatividad de Welles, para improvisar y generar maquetas o estructuras que además de "falsear" la perspectiva, también asumía un mejor control de la obra - desde lo visual-. La música de Angelo Franceso Lavgnino, es adecuada a la obra, pero no es una gran composición, y más bien está sujeta a los diálogos o armonizando ciertas secuencias. Mucho más interesante resulta la narración de Ralph Richardson, explicando la parte histórica de la obra.

No se puede dejar atrás la actuación de Welles, de Margareth Rutherford y del experto en papeles shakesperianos como John Gieglund, el Rey; sin embargo, será Welles, que con su prominente figura y capacidad de pasar del humor más absurdo al dolor más agudo, quien se robe los halagos.


Aunque no puedo escribir que este largometraje de Welles me haya gustado al ciento por ciento, si es totalmente valioso este trabajo por su montaje, por la actuación de Welles, los riesgos en el lenguaje visual y esos haces de luz  filtrados por las ventanas del castillo - y de lo interiores en general- concebidos por Richard; sin embargo, su "complejo" guión, los primeros minutos que abarcan demasiado, opacan sus muchas cualidades.

Igualmente, como toda la obra de Welles, fundamental en su lenguaje audiovisual y toda una lección de montaje y puesta en escena.

Zoom in: La película fue realizada en España - como tantas otras obras de Welles- con la producción de Emiliano Piedra, a quien le propuso realizar La isla del Tesoro.
La película no fue bien recibida por la crítica internacional
Welles además de todos lo roles que hizo en esta obra también se encargó del vestuario - por lo menos de la selección del mismo.-

Montaje Paralelo: Don Quijote (1992)



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