31 may. 2015

CICLA:Tierra en la lengua


                                         "Cuando uno de verdad quiere, mata"

Segunda película que tuvimos oportunidad de ver en la Cita con el Cine Latinoamericano en la Cinemateca Distrital, y la segunda obra del director colombiano Ruben Mendoza, cineasta que ha sido muy bien recibido en el exterior por sus películas de corte realista, humor y complejos personajes, que tratan de sobrevivir en su perturbador día a día. 

Mendoza, graduado de cine de la Universidad Nacional, que ha trabajado como realizador en publicidad y videoclips, además de haber sido editor para los documentales de Luis Ospina, y escribir sus propios guiones, también se ha consolidado por sus rápidos rodajes, y narrativas con cierto riesgo estructural, donde los personajes y las mismas historias, tienen su propia moral; además de haberle dado voz y protagonismo a eso otros personajes, que parecen ser secundarios en el cine nacional, colo lo son el campesino, el reciclador, o en este caso a un viejo finquero, tan brutal y sincero como su propia vida.


Con guión del propio Mendoza, inspirado en su abuelo y en cierta forma, en esos hijos de la Violencia colombiana de mitad del siglo 20, que se resumen en Silvio (Jairo Salcedo) un octogenario hombre del campo, que en el ocaso de su vida, le pide a sus nietos, que lo maten y acaben con el sufrimiento no sólo de su enfermedad sino de la propia vejez.

El desarrollo de la trama de esta película, va a estar divida en tres partes, la primera con una voz en off de la esposa de Silvio, donde conocemos las actitudes y recuerdos entorno a éste, una segunda, donde conocemos a los nietos y al propio Silvio, viajando por la carretera y una tercera parte, que nos muestra el carácter de este hombre, la voracidad de la naturaleza, y ante todo la crudeza de las relaciones humanas, que quedan en evidencia en los tres personajes principales.

Con cierto aire de venganza, por parte de los nietos por sus pecados del pasado, con mucho humor negro por parte de Silvio, y su brutal genio pero ante todo un drama de una violencia taimada, escondida que parece reflejarse perfectamente en la figura de este viejo que tiene su propia moral y actitud ante la vida.



Con una cuidada fotografía, a pesar de los constantes movimientos de cámara, aprovechando principalmente la luz natural y otras fuentes lumínicas, que le dan un verdadero carácter a esta obra que desarrolla el caleño Juan Carlos Gil, una de los más importantes fotógrafos no sólo colombianos sino de latinoamérica, tanto por sus premios como por la calidad de su obra, tanta publicitara, fija y de varios audiovisuales del país. Entre realista pero a la vez contrastada, la obra de este cinematógrafo, que sabe utilizar los pequeños "hilos" de luz y la penumbra como parte de su trabajo, han que dado registrados en películas como la Sangre y la Luvia, Perro come perro y otras más, consolidándolo como uno de los más efectivos en su campo.

Aunque la música de Edson Velandia, funciona dentro de las posibilidades de la obra, no  lo es tanto el sonido de ésta, ya que muchos de los diálogos se pierden, y no se aprovrcha de la mejor forma el sonido ambiente. Como escribíamos al inicio de este texto, Mendoza además de realizar ha sido un importante montajista o editor, y ésto se nota en la película, que se la juega por secuencias empatadas de forma arbitraria y con cierto estilo videoclipero, pero todo muy coherente con la linealidad de la historia.

Si bien las actuaciones funcionan dentro de las posibilidades de los actores naturales, es el desarrollo o la construcción del personaje de Silvio, el que mejor funciona dentro de la trama, destacando las cualidades de Jairo Salcedo.


         
Aunque la película me gustó por su gran trabajo fotográfico, porque el humor de Mendoza es sólido; también se le debe criticar a la obra ciertos lugares comunes, errores técnicos, principalmente el sonido, y algunas de las actuaciones que no llegan funcionar con el mismo estilo del largometraje. Pero a pesar de todo, el sólido guión del cineasta colombiano, la construcción del personaje interpretado por Jairo Salcedo, y ese distanciamiento de generar conciencia o mensaje moral, es más que suficiente para tener cierta empatía con el público y crítica, que le brindó varias nominaciones y muestras en el exterior.

Zoom in:  Mejor director y película del FICCI 2014, premios especial del jurado en el Festival de Pesaro, Italia, y otros más por cuestiones técnicas como fotografía, y posproducción. Además de la participación en varios festivales latinoamericanos, em Noruega y en el Festival de Chicago.

Montaje Paralelo:  Familia 




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