26 feb. 2015

Gran Hotel Budapest: La puesta en escena según Anderson


                                    "La única manera de hacer un amigo es serlo."
                                                                                                  Emerson 

Grand Hotel Budapest, la última obra de Wes Anderson, no sólo se convirtió en una de las favoritas de los premios de la Academia - ya conociendo lo resultados- sino en una de las mejores obras de este director texano, que a través de su mundo particular, nos muestra una de las épocas más oscuras de la humanidad, pero a la vez, una historia de amistad tan peculiar como el mismo hotel.

Anderson, del que hace poco reseñábamos y celebrábamos su Moonrise Kingdom, vuelve a la acción, con una obra que no sólo resalta su estilizado imaginario sino su forma de contar una historia, historias que si bien parten de lo dramático y de una anécdota, es a través de las acciones de los personajes, de la misma puesta en escena y sus giros dramáticos, que pasan a las situaciones más hilarantes, que se acoplan a ese mundo fantástico y personal de este director, que tiende a saturar de color y detalles, exagerando los movimientos de cámara, y en cierta forma dándole a lo superlativo, una preponderancia, reflejada en los actores, diseño de producción, música y demás elementos que componen al universo "wesandersoniano".

Este director influenciado por grandes del cine como Truffaut, Welles o Satyajit Ray, también toma muchos elementos del arte pop, de la música popular de los años 60 y 70, y principalmente de los diseños artesanales, manufacturados, las miniaturas y magia, propia de los inicios del cine, al que el escritor Michael Chabon, describe como Barroco Pop. Este mundo o universo reconocible, además de sus obvios elementos, siempre está protagonizado o hacen parte, actores comunes en su obra como Bill Murray, Jason Schwartzman o el mismo Owen Wilson, que se confunden con sus colores pastel y geométricas composiciones. 

Wes Anderson (izq.) junto a Jude Law (protagonista y narrador)
Con guión de Anderson (y colaboración del artista británico Hugo Guinness) pero inspirada en los escritos de Stefan Zweig, la película se centra en los años de entreguerra de un hotel de lujo en medio de un apartado rincón de Europa; así mismo, nos muestra la amistad entre el legendario conserje principal del hotel con un joven empleado, el cual, además de convertirse en su protegido, se unirá a las diversas hazañas, que más que narrarnos unos acontecimientos aislados o propios de una aventura, nos acerca a la lucha de poderes de una época y de unas clases sociales - que estaban en decadencia-, cayendo en los mas oscuros rincones de la propia humanidad, pero todo bajo el humor y mundo característico de este director estadounidense.  

El prólogo de la película, es un juego intermedial, donde una joven (tiempo presente) que lee el primer capítulo de un libro del fallecido escritor conocido como El Autor, se mezcla con la narración de éste - a mediados de los años 80-, ya adulto y sentado en su escritorio de trabajo; el cual nos acerca a esa historia que el mismo vivió de joven en el Hotel Budapest, ubicado en las profundidades de la República de Zubrowska. El joven autor (Jude Law) intrigado por un solitario hombre, -que resulta ser el antiguo dueño del hotel-, le contará a éste, cómo se convirtió en el dueño, y lo que hay detrás de toda esta historia; dividida en cinco partes, empezando en los años 30, conoceremos a Gustave H. (Ralph Fiennes), el mítico y devoto conserje, que atiende con elegancia tanto al hotel como a las reputadas damas que se hospedan en éste. Young Zero (Tony Revolori) un joven expatriado, llega al hotel a conseguir trabajo, además de convertirse en el "lobby boy", se ganará la amistad de Gustave, uniéndose a una aventura, en medio de una Europa que se iba sumiendo en la guerra.


Con la muerte de Madame D (una irreconocible - por el genial maquillaje- Tilda Swinton), tanto Gustave como Zero, viajarán a la casa de esta mujer, no sólo para aclarar los hechos de su muerte sino para recibir un invaluable cuadro llamado "Niño con manzana"  que Madame D ha legado a su adorado conserje. Es, a partir de esta situación, que la vida de estos hombres se convertirá en toda una aventura. Perseguidos por la familia Desgoffe und Taxis - los hijos de Madame D-, encabezada por Dimitri (Adrien Brody), su matón personal (Willem Dafoe), la lucha contra el mismo sistema militar que se iba tomando las fronteras, las dificultades de sus propias vidas, y un sinnúmero de personajes tan singulares como Gustave y Zero. En el epílogo de la película veremos lo que pasó con éstos, sus no tan felices destinos, pero ante todo, una hazaña tan grande, como los mismo propósitos de este hotel de lujo.


Robert Yeoman, se ha encargado de darle luz y color a las obras de Anderson; su estilizada y artificiosa fotografía, es el complemento de un cuidadoso diseño de producción, tan característico e identificable como esos obvios desplazamientos de cámara, múltiples planos y estética artesanal. Yeoman, estadounidense, y uno de los fotógrafos más personales de la cinematografía de ese país, no sólo se ha integrado de forma absoluta al trabajo de este director sino que ha marcado un estilo, una forma de de generar texturas, capas, y a la vez una especie de aire teatral, bidimensional que ha sido elogiado a través de diversos premios, nominaciones y el aval de la crítica.

El multinominado director de arte Adam Stockhausen, es el encargado del diseño de producción de esta película, y un personaje que ha aparecido en un par de ocasiones en este blog; Stockhausen, que ya había participado con Anderson en Moonrise Kingdom, y nominado por 12 años de esclavitud, toma varios de los referentes de los hoteles de lujo, la Belle epoque, las miniaturas y el arte naif para crear este mundo inserto en medio del Imperio Austro-húngaro y la imaginación del cineasta texano.

Y como viene siendo habitual, la música está compuesta por el multifácetico y trabajador Alexander Desplat, que en este caso, crea una de sus mejores obras musicales, no sólo por la ambientación de la época, sino por toda la progresión dramática y narrativa que pone en cada movimiento, ritmo y cadencia, que en definitiva  se acopla a la perfección con este impresionante puesta en escena, que ganó merecidamente los premios de la Academia - y tantos otros que recibió alrededor del mundo-. Complementando, debemos darle crédito al gran trabajo de montaje y posproducción por parte de Barney Piling, al maquillaje de Bill Corso y Dennis Liddiard, quienes literalmente transforman a Tilda Swinton, el  vestuario de Milena Canonero y los decorados de Anna Pinock, que se integran junto a Stephan Gessler, en toda el área del diseño de Producción.


Aunque las actuaciones en las películas de Anderson, son superlativas o exageradas, en esta ocasión el gran trabajo de Fiennes, del mismo Revolori, los pequeños papeles de Dafoe, Murray o esa familia adoptiva del cineasta como lo son los Owen y Jason Schwartzman, son más que acertadas para comunicar el mismo espíritu del trabajo; vale la pena destacar el gran papel de Tilda Swinton, del mismo Jude Law y de Adrien Brody, o de Edward Norton, que como muchos de los actores que desfilan por esta película, tratan de dar los mejor de su papel, en los pocos minutos que parecen en pantalla. Obviamente, quienes se llevan todo el peso de la película son Fiennes y Revolori, quienes sacan lo mejor de sus dotes interpretativos, amoldándose a un inteligente y divertido guión.


Una de las mejores películas que he visto en estos días, visual y narrativamente muy bien logradas, posiblemente una de las mejores de este director, del que poco a poco me va gustando mucho más su obra. 

De esos trabajos altamente recomendables, que no sólo se queda en un excelente empaque visual, sino que tiene un trasfondo bastante interesante en su guión, que, como los pasteles de Agatha, son dulces en la cubierta, pero tienen toda una historia de lo que sucedió en esa época.  Igualmente, no puedo deja de lado el gran trabajo en las cortinillas que separan los capítulos, todo el manejo gráfico de éstas, los elementos que la componen, que en cierta forma, son tan importantes como todo el resto del metraje, realmente unas excelentes piezas de diseño gráfico, en un trabajo que de por sí, es más que sobresaliente en lo visual.

Zoom in: Nominada y ganadora en varios festivales, muestras y cuatro Oscar en su parte técnica y artística.
Gran parte de los actores secundarios y habituales en la obra de Anderson fueron nominados a mejor actuación.
Para Anderson, esta es su película más clamada, tanto por la crítica, publico y taquilla.

Montaje Paralelo: Entreguerras - Moonrise Kingdom (2012)





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