18 ene. 2014

De óxido y hueso: amor sin romance


                                       "Sólo se ama lo que no se posee totalmente."
                                                                                                 Marcel Proust


El director francés Jacques Audiard, es uno de los realizadores contemporáneos más interesantes de la cinematografía gala, no sólo por que ha recibido varios premios Cesar, -además de nominaciones y premios de renombre internacional-; sino por su estilo y temáticas, donde el antihéroe es el protagonista, la redención hace parte del camino de éste, y las improbables coincidencias de la vida se unen en los largometrajes de este cineasta que lleva en la sangre la herencia cinefila, ya que Audiard es hijo del reconocido guionista Michel Audiard.

Este cineasta, que logra darle ciertos giros a sus obras, romper algunos moldes de la propia estructura de sus guiones, donde lo social y el drama tienen cabida, también es un director que sabe empapar a sus largometrajes de cierta elegancia y modernismo, en medio de un ambiente y personajes marginales o que tiene cierto choque con la sociedad, como sucede en Lee mis labios (primera película que  vi de este director) y la celebrada -y para mi la mejor de Audiard- Un profeta.

Audiard dando instrucciones junto a M.Schoenaerts
De óxido y hueso es la última película del francés quien junto a Thomas Bidegain, escriben este largometraje basado en la novela (corta) homónima de Craig Davidson, tomando como punto de partida la anécdota del relato "El cohete", relato sobre un hombre, entrenador de orcas, que pierde una de sus piernas; sin embargo Audiard y Bidegain, transforman este texto en una dramática historia de amor sin romance, de contrastes que no sólo están en los personajes sino en sus visiones de vida; contada sin enmascarar sentimientos y sensaciones, vemos la relación de Alí (Matthias Schoenaerts) y Stéphanie (Marion Cottiliard), dos mundos aparte que chocarán o se encontrarán, por esas absurdas intrigas que depara el destino.

La película que inicia con Alì y su pequeño hijo Sam, tratando de sobrevivir y llegar a Antibes, se refleja como el conflicto de un hombre sin obligaciones, que ahora debe preocuparse por un niño al que no conoce y entiende; en este recorrido, llegará a casa de su hermana Anna (Corinne Masiero), la cual les ofrecerá un hospedaje y a través del esposo de ésta, un opción de trabajo para Alí como portero de un club en donde conocerá a Stéphanie, una entrenadora de orcas, mujer independiente, exitosa y autosuficiente no sólo económica sino sentimentalmente, la cual sufrirá un accidente que le cambiará la vida, y este incidente hará que el  mundo de un boxeador retirado y desarraigado se una al de esta mujer, que no sólo ha perdido sus piernas sino su voluntad de vivir. 

Escrita como un cuento de redención, pero filmada con la habilidad narrativa de Audiard, esta película logra, además de las brillantes actuaciones de Cotilliard y de Schoenaerts, mostrarnos la visión no romántica de una relación, no sólo de la pareja protagonista, sino de, la de padre e hijo, hermana y hermano, en cierto modo, de la sociedad contemporánea. 


La estupenda fotografía de Stéphane Fontaine, -cinematógrafo habitual de Audiard-, es un recorrido no sólo por el suroeste de Francia, -exactamente la comuna de Antibes-, sino un recorrido por los sentimientos de los personajes encarnados por Cotilliard y Schoenaerts; grabada en cámara digital y con escenarios naturales como fondo, el fotógrafo francés logra unas bellas imágenes que contrastan con esta "antiromántica" historia, y la violencia de las peleas callejera. Fontaine, se decanta por los escenarios y luz natural, logrando manejar los reflejos y brillos tanto del solo como del mar, generando en algunas ocasiones esas idílicas imágenes que se amoldan perfectamente a la música de Alexandre Desplat (compositor de cine multipremiado, con una carrera de más de 25 años, y que ha participado en un sinnúmero de películas, de la más diversa clase) y sus suaves, calmados y sobrios sonidos.



Personalmente, veo en esta película lo mejor y más destacado de este director francés, que, aunque puede recordar a otros autores recientes como Iñarritu o Paul Haggis, guarda en sus personajes lo más destacable; personajes que aunque realistas en su estructura, su moral es mucho más cercana a un perfil literario y obviamente cinematográfico; por que a pesar de mostrarse como seres marginales, desarraigados y antagonistas de ciertos parámetros éticos, rebosan de empatia con el público; son personajes que "uno llega a querer" por más que muestren sus defectos y que no tapen sus difíciles personalidades. 

Esa es la gran virtud de esta película, sus personajes bien construidos que al pausado ritmo musical de Desplat, y de fondo la costa francesa, a la que sabe fotografiar el francés Fontaine, no muestra la relación de esta pareja de óxido y hueso.

Aunque, criticable tanto el final como el clímax de ésta, más allá de un giro inesperado o atípico "happy end", creo que finalmente es una consecuencia lógica de una atípica historia de amor, en donde el  no romanticismo y lo improbable tienen protagonismo.  


Zoom in: 9 nominaciones a los Cesar, 2 Globos de Oro, Bafta, Cannes entre otros, y ganadora, principalmente en la categoría a mejor actriz, y mejor película extranjera.
Marion Cotillard tuvo que recibir clases de natación y pasó una semana en Marineland para aprender a dirigir ballenas (wikipedia)

Montaje Paralelo: Lee mis labios (2001) 


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