14 oct. 2013

12 Festival de Cine Francés: Pépé Le Moko

             
                                          La libertad es incompatible con el amor." 
                                                       Un amante es siempre un esclavo.
                                                                                  Germaine de Staël 

Julien Duvivier fue uno de los cineastas franceses más activos de la cinematografía de su país, principalmente en los años 30 donde concibió sus mejores y más aclamadas obras, encuadradas dentro del realismo poético galo y con una visión pesimista de la sociedad francesa de la época que ya preveía los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. 

Como muchos de estos directores, Duvivier se formó en el mundo del teatro, en un inicio como ayudante de un importante adaptador teatral,  y más adelante como actor, hasta que finalmente en 1919, se vincula a tiempo completo con la maquinaria cinematográfica dirigiendo su primera película. Duvivier fue uno de los representantes del Realismo Poético Francés, y con Pépé Le Moko, su película más conocida, es donde vemos su pulso narrativo, sensibilidad y principalmente la capacidad de crear atmósferas opresivas en donde la violencia y su estética convivían.

Como se anotaba en la anterior entrada (post) cuarta película que se visualizó del 12 Festival de Cine Francés de nuevo en la Cinemateca Distrital, y posiblemente una de las mejores películas de la sección "Queridos Bandidos", con un dupla de lujo como lo fueron Julien Duvivier y Jean Gabin.

Julien Duvivier en Primer Plano
Escrita a cuatro manos (8 en este caso) por el mismo escritor del libro homónimo Henri LaBarthe, el propio Duvivier, Jacques Constant y Henri Jeanson; esta película que retrata a Pépé Le Moko, un astuto y peligroso gángster que vive en la Casbah (ciudadela y fortaleza islámica) argelina, rodeado de sus secuaces, amigos y habitantes que lo respetan como a un líder, un representante de sus propias complejidades en este sitio oscuro, lleno de gente, recovecos de calles-laberintos y alejado sobre una colina en donde se vislumbra esa ciudad que parece ajena al criminal que se refugia entre inmigrantes, vendedores y demás gentes que ven en Pépé, una especie de héroe.

Y quien más podría interpretar al héroe (antihéroe) de la clase obrera como Jean Gabin, quien finalmente se institucionalizó como la representación heroica del hombre del Realismo Poético francés, Gabin con su aspecto y actitudes, marca la esencia de lo que es este movimiento lleno de tragedia y de hombres que sacrifican todo por sus amigos y principalmente por una mujer. La actuación del francés, es tan loable como la gran fotografía de  Marc Fossard y Jules Krugger (habituales en la cinematografía de Duvivier), y quienes generaban eso primeros planos llenos de luz en los rostros, en este caso de Mirielle Ballin (la perdición de Pépe Le Moko) y del propio Gabin, y obviamente los claroscuros típicos de este cine, que influenciará al cine noir.




Las excepcionales actuaciones tanto del francés (posiblemente uno de los mejores actores de su generación) como de Lucas Gridoux (Slimane), el detective argelino, que durante toda la película va tejiendo una inteligente trampa para Pépé, de la misma Ballin (Gaby) y de los demás personajes que interviene en este triángulo amoroso e intrigas, en donde el destino del héroe está sellado por su propia búsqueda de la libertad. 

Esta película que narrativamente se va erigiendo tanto en el Casbah, como en los sentimientos de Pépé, en donde las traiciones, amistades y conforntaciones, como en la secuencia inicial donde la policía que quiere atrapar al criminal en el Casbah, se dará cuenta que Pépé se refugia pero está atrapado en su propia fortaleza, que se derrumbará cuando conozca a Gaby, y de ahí en adelante como sello personal del Realismo poético, la mujer y el amor serán la perdición, para en este caso, nuestro querido y empático antihéroe. 

Si bien es cierto que la música de esta película, además de ubicarnos en ese laberinto que es el Casbah, también es, -principalmente en las secuencias en las que canta Gabin como en la escena donde la vieja cabaretera, recuerda no sólo su pasado sino la tragedia que tanto ella como los otros viven en este sitio- un elemento narrativo y actúa como un componente de lo pasa y pasará con el protagonista.



A pesar de los años, Pépé Le Moko, es una película que  no ha envejecido, como otras de su generación y movimiento; es un filme que sabe explotar muy bien los caracteres, la psicología de cada uno de los personajes, elemento técnicos de gran factura, como la secuencia en la que Pépe  quiere salir de la Casbah (ya al final del metraje), y juegan de forma más que correcta con un "steady" personal y unos fondos que van cambiando con los mismos pasos y andar del protagonista, en una secuencia realmente estética y lírica no sólo por su manejo técnico sino por el trucaje mismo que funciona como atmósfera y apropiación narrativa.

La gran puesta en escena, el vestuario del mismo Gabin y de su enamorada, los aspectos arquitectónicos de la ciudad argelina, la atmósfera opresiva, el calor y finalmente ese aire trágico que se respiraban en esta películas, -que anunciaban algo mucho peor, y que sabían que su pesimismo era justificado.- son elementos que, a la par de las actuaciones, montaje e historia, son  todo un conjunto de la gran representación del cine francés de la década del 30.


Puedo decir, que este largometraje - ya finalizado el festival- fue el que más me gusto de la sección de Queridos Bandidos, no sólo por las grandes actuaciones tanto de Gabin como -para mí- del verdadero artífice de la atmósfera e inquietud  narrativa, como lo es el Detective Slimane, interpretado por Lucas Gridoux, quien sin ser el gran protagonista, si logra llevar al destino trágico del héroe, además no se puede dejar de lado, todos los aciertos  narrativos, técnicos y estéticos de uno de los filmes más perdurables tanto de Duvivier como del realismo poético del país galo. 

Como suele suceden con estos largometrajes, las amistades y el honor aún entre enemigos, no sólo funciona sin que se hace característico y un elemento propio de estas producciones donde los límites morales, entre el bien y el mal, la justicia y la verdad, se limitan por la misma personalidad de los personajes.

Pépe Le Moko - apodo que se le dan a los hombres originarios de Toulon- es una de las mejores y más entrañables películas, que no sólo influenció al cine noir sino que tuvo varios remakes inmediatos en Hollywood, que nunca pudieron siquiera acercarse a la atmósfera  calidad o empatía de Gabin y demás personajes.


Zoom in: Un año después, en 1938, el siempre interesante John Cromwell realizó el remake americano, titulado ‘Argel’ y con Charles Boyer en la piel de Pépé. En 1949 se realizó un segundo remake, mucho menos conocido, con Tony Martin en el personaje central, aunque esta vez era un vehículo para el lucimiento de la bella Yvonne de Carlo, que daba vida a la mujer que quiere retener a Pépé para siempre en Casbah. (http://www.blogdecine.com/criticas/pepe-le-moko-jean-gabin-y-julien-duvivier-el-binomio-perfecto)

Montaje Paralelo: Le jour se leve (1939)

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