19 oct. 2013

12 Festival de Cine Francés: París, Bajos Fondos

                                       

                                          "Todo amante es un soldado en guerra."
                                                                                                     Ovidio

Jacques Becker fue uno de los directores franceses que, aunque hizo parte de la generación del realismo poético, éste transitó entre las diversas corrientes que se sucedieron en la Francia de Preguerra y Posguerra; su cinematografía mucho más cercana al realismo y sujeta a historias verídicas, siempre se matizó por una estética y cuidada fotografía, puesta en escena, que no sólo redundaba en decorados o dirección de actores, sino en la esencia misma de la percepción de este cineasta nacido en una familia burguesa, y que se ligó al cine tanto por gusto como por su amistad con Jean Renoir y otros exponentes de la cinematografía gala.

Aunque es difícil desligarlo del realismo poético por su héroes de la clase obrera, sacrificio tanto por la mujer amada como por los amigos, en el cine de Becker, el preciosismo o lirismo se vislumbra en lo marginal, que hacen de su obra además de heterogénea, una visión apropiada de lo que el francés tenía en su imaginario cinematográfico, social e intelectual.

Desafortunadamente, su prematura muerte y los sucesivos cambios en la agitada y convulsa cinematografía francesa- que se debatía entre la poesía del realismo y el rompimiento de la narrativa de la nueva ola,- más que llevarlo al olvido, no se le podía inscribir en un determinado movimiento o escuela, y como nombre, se asocia a otro directoress más conocidos como Renoir o Prevert, o en este caso a su exitosa película Casque D´Or, traducida libremente como París, Bajos Fondos y la penúltima película que vi en el 12 Festival de Cine Francés.



París, Bajos Fondos está escrita por el propio Becker junto a Jacques Companeez y, es un retrato del París popular y costumbrista de finales del siglo XIX e inicios del XX, específicamente en 1900 donde sus verbenas, paseos en bote, bailes y demás, eran los espacios a los que asistían las clases obreras y no tan obreras de la ciudad luz; y es a partir de estos hechos, en los que un grupo de gángster y sus damas de compañía después de haber dado un paseo en bote, llegan a un baile en donde dos amigos de la infancia, uno carpintero, el otro parte de la banda de gángster se reunirán y, también darán pie a que las miradas de Manda, el carpintero (Serge Reggiani) y Marie (Simone Signoret) una de las prostitutas que está con la banda, se encuentren, bailen y formen este triángulo no sólo de amor sino de violencia, que finalmente se transformará en tragedia.



Además de la cuidada ambientación, la narrativa e historia que llenó los diarios parisinos, es la fotografía en blanco y negro de Robert Lafebvre, principalmente la de los amantes, y de los primeros planos del rostro de la bella y contradictoria Simone Signoret, junto a la secuencia final llena de violencia y de la tragedia que se fue tejiendo durante el metraje, sus mayores virtudes y por lo que es aún recordada y considerada un clásico de la cinematografía francesa.

Becker, logra darle a este largometraje no sólo una credibilidad total frente a lo histórico sino al mismo aire marginal que se respira en algunas de las calles y esencia misma de esta relación entre un humilde carpintero y una prostituta, que dominada tanto por uno de los hombre de la banda Roland (William Sabatier) como por el propio líder de ésta Félix Leca (Claude Dauphin); será el objeto de deseo, violencia y traición que el propio Leca concebirá para quedarse con esta mujer, por la que el carpintero -interpretando por el genial Reggiani- ha matado y luchado para estar con ella.

El idílico amor de esta pareja no sólo se verá afectado por las intrigas de Leca sino por el verdadero sentido de la amistad y honor - parámetro que es usual en los héroes populares del cine francés- y por un destino que será sellado trágicamente cuando Leca abuse de Marie.




Es inevitable no destacar las grandes actuaciones de Reggiani, de Simonet, que fue galardonada con un BAFTA a mejor actriz y demás actores, que gracias al dominio del propio Becker, exponen sus mejores actitudes y, como en los actores principales, el rostro y sus momentos de felicidad o tristeza son compuestos tanto fotográfica como actoralmente, en la mejor situación para darnos una visión de ese momento, de lo que vivieron y en este caso, desafortunadamente de lo que vivirán. 

Además de su ambientación y fotografía que perfectamente se pueden ver inspiradas en el cine de Renoir y de la misma pintura costumbrista, es la intensa pero brutal escena final o clímax, lo mejor de este filme, en donde las actuaciones y puesta en escena son los mejores atributos de este director.  



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