31 mar. 2018

Haxan: "Terror" pedagógico



"Nuestros ojos hubieron de contemplar un espectáculo terrible. A las afueras de muchas ciudades y aldeas vimos numerosas estacas a las que habían atado a pobres y desgraciadas mujeres para quemarlas por brujas."
                                                                                                            Francesco Albizzi

Los siglos XII y XIII de nuestra era, en plena edad media, no sólo fue un tiempo de Cruzadas, enfermedades y peregrinaciones cristianas sino uno, donde la percepción de la brujería cambia, y empieza a ser vista con preocupación y miedo, en una época de por sí oscura y temerosa; la persecución, quemas y castigos a mujeres sentenciadas por pensar o verse distinto a lo que sentenciaba la iglesia, fue algo común, así como la ilusión de ver demonios, posesiones u otras conductas inapropiadas, que viene a ser el tema que propone el director  y actor danés Benjamin Christensen, que se hizo absolutamente conocido por este trabajo, mezcla de documental, ficción y controversia, no sólo por la imágenes de desnudos, demonios lascivos y heréticas secuencias sino por ofrecernos una visión pedagógica de la brujería, la locura y el absurdo que fue la Inquisición y otros "arreglos" y soluciones de la iglesia. Christensen, contemporáneo de Carl Theodor Dreyer, con quien compartió filas en Michael (1924), el primero como actor y el otro como director; que dentro del cine mudo tuvo cierta relevancia por sus arriesgadas puestas en escena, pero en definitiva es con Haxan, donde tiene su mayor reconocimiento y en cierta forma un adelantado a su época y autor, como en el sentido vanguardista se puede entender.

  
Este documental ficcionalizado no sólo es un recorrido por la brujería a través de los tiempos, como años más tarde lo van a nombrar a este trabajo, sino es una una respuesta del director a eso que en el siglo XX se le llama histeria y enfermedades mentales pero que en el medioevo se le llamó brujería, que se curaba con la hoguera o con otros tratamientos más "ortodoxos" - como en la Inquisición-. Separado en siete capítulos o episodios, nos acercamos a la visión del director, que va pasando por explicaciones apoyadas en cuadros o pinturas relacionadas con el tema, o recreaciones sobre la brujería en tiempos de escribas, textos iluminados y un pueblo analfabeta, como lo fue el medioevo, para llegar finalmente, al siglo XX y poner en escena las "pruebas" que la brujería, era una enfermedad  mental, histeria, delirio o en el peor de los casos la intolerancia y odio, propio de la religión de ese momento - que no ha cambiado tanto-.

El acierto del guión, no sólo está en la mezcla de tipos cinematográficos (documental, ficción) sino en cómo los recrea el danés, que no se limita en contar una historia sino en profundizar en la misma, como la de la anciana que termina confesando sus pecados, terminando en la hoguera, la familia que cae presa de la histeria, así como las orgías demoníacas, y heréticos encuentros entre humanos y demonios; Christensen, toma los grabados de Guazzo de su Compendium Maleficarum, y les da movimiento, sin negar la originalidad de las secuencias, y de la misma construcción narrativa  de esta obra.


El trabajo del fotógrafo danés Johan Ankerstjerne no sólo destaca en su composición en blanco y negro, tenebrismo y manejo de los planos sino en la misma elaboración de efectos con la cámara, que luego en montaje se van a complementar, generando esas estupendas secuencias de aquelarres, invocaciones demoníacas o invitaciones al pecado, en sobreimposiciones o doble exposición, siluetas dignas de la animación de Lotte Reiniger y demás diseños que no sólo están basados en la luz o el corte y pegue del celuloide, sino de un complejo pero fascinante maquillaje, que podemos ver en los demonios y demás entes de la oscuridad, donde va a destacar la figura  del propio director que representa al demonio que vemos en el fotograma de arriba.

La obra que no está exenta de comedia o por lo menos de una sátira muy bien elaborada, destaca en esa secuencia en la que el demonio golpea con un mazo a la monja que tiene visiones pecaminosas, así como otro par de secuencias que en su explicación no es ajena al humor; pero en definitiva lo que se lleva todo el peso, es lo explicito que visualmente es este trabajo, que el director, sin caer en lo grotesco logró en esa época, es decir asustar, reflexionar y en cierto modo educar, a través de ese mismo postulado, casi como una iglesia románica y sus pórticos de advertencia.



Como conclusión, un trabajo que en definitiva marcó al cine mudo danés, que cada vez es mejor apreciada, aunque en su época recibió los elogios necesarios, así como la censura y polémica de los más conservadores, y que no sólo debe ser vista como una obra de terror, o una curiosidad de esa época sino sino un excelente ejemplo del cine nórdico, que con sus riesgos y formalización estética, también influyó al cine mundial, una obra que no sólo merece ser vista de nuevo, sino un gran hito del cine mudo, y de un "expresionismo", que se estaba consolidando unos kilómetros más abajo. Obra indispensable de esa época.

Zoom in: La película más cara de la NordiskFilm, para ese momento
Censurada y hasta vetada en varios países por los desnudos y perversión de las imágenes.
En los años 60 tuvo un nuevo lanzamiento este trabajo, recortada y narrada por William Burroghs.

Montaje Paralelo:  Vampyr (1931) - Cine de Terror Silente - Falso documental



2 comentarios:

  1. ¡Hola, Andrés!

    Me paso para despedirme. Voy a dejar el blog. Han sido 6 años escribiendo en él. Una etapa ha llegado a su fin. Gracias por seguirme y comentarme alguna vez!
    Un abrazo!

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  2. Suele pasar, un saludo igualmente, cuando lo retomes, volveremos a los comentarios y los buenos saludos. un hasta pronto

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