15 ago. 2016

Los 400 golpes: Los golpes de la vida


"La libertad más difícil de conservar es la de equivocarse."
                                                                                                     Morris West 

Francois Truffaut no sólo fue unos de los directores más queridos de la Nueva Ola francesa, sino uno de los directores más personales, que puso en escena sus experiencias, vida e infancia, así como un amor por el cine y la literatura, reflejados en las temáticas de sus largometrajes y en muchas de sus actividades entorno al Séptimo Arte. Con una infancia marcada por el abandono, por una rígida educación y rebeldía natural de esa etapa, Truffaut encontró en las salas de cine y en las páginas de los libros su verdadera vocación y maestros, que años más tarde citaría y homenajearía en su obra. 

Ayudado - o mejor, salvado- por Andre Bazin, a quien había conocido en su labor como cineclubista, no sólo le evitará la ida a una correccional, sino que será su iniciador en la crítica cultural y más adelante cinematográfica, en cierto modo, encontrará en el crítico francés a una figura paternal e incondicional amigo, que incluso servirá como testigo en su matrimonio con Madeleine  Morgenstern, hija de un distribuidor de cine, y que, sin lugar a dudas influyó en la realización del primer largometraje del francés.  Además de su amistad con Bazin, Truffaut también tuvo la fortuna de encontrar apoyo en Roberto Rosellini, quien lo tuvo como Asistente de Dirección; sin embargo, va a ser la revista Cahiers du Cinema, el punto de referencia para este director y sus compatriotas de la Nouvelle Vague, para  darle un giro al cine academicista y tradicional de ese momento. Aunque la prematura muerte de Truffaut, pudo truncar muchos otros proyectos, realmente su prolífica obra, tanto cinematográfica, literaria y crítica, lo han puesto en el punto más alto de la cultura francesa - o por lo menos, eso pensamos algunos-.



Escrita  y producida por Truffaut, esta película es en cierto modo, una autobiografía o recuento de las mismas experiencias del director francés; es a modo de título, los golpes de la vida y esas experiencias acumuladas.

Antoine Doinel (Jean -Pierre Léaud) es un adolescente no muy querido por sus padres, docentes y aún compañeros de clase, que harán que el joven se meta en todo tipo de problemas hasta cometer un delito menor que lo llevará a una correccional, donde encontrará el verdadero sentido de la vida, una, donde la dureza, los problemas y demás hacen parte de la experiencia. Doinel, alter-ego de Truffaut y personaje icónico  de sus obra, no sólo va a resumir muchas de las situaciones vividas por el francés sino de las mismas instancias que se vislumbraban en el París de finales de los 50, de la educación y de los progresivos cambios; sin dejar de lado, que era una crítica a su misma sociedad, y a lo que la Nueva Ola, percibía como libertad y rompimiento de esos paradigmas, no sólo en el cine sino de la cultura en general.


El nombre de Henri Decaé, no es muy conocido para quien escribe en este blog, sin embargo fue un director de fotografía fundamental para la Nueva Ola, además de su recursos en el sonido, montaje y otros talentos, que dispuso como foto-reportero en la II Guerra Mundial; asociado con el trabajo de Melville, el documental y su capacidad de manejar la luz natural, éste, como otros directores de fotografía del momento, se tomaron la calle, las fuentes naturales y artificiales e imporvisaron con lo que tenían a la mano para crear diseños lumínicos igual de funcionales e impactantes como se ven en los 400 golpes, la simplicidad de sus recursos y talento, fueron no sólo elogiados sino que dieron pie, a un estilo y forma de hacer cine. Obviamente, debemos reconocer el travelling final - icónico en la historia del cine -, la secuencia en la feria y demás elementos fotográficos, que hacen de esta obra, esencial.

La música de Jean Constantin, marca perfectamente los sentimientos y la narración de la obra, estableciendo un vínculo emocional con Doinel, y lo que sucede a su alrededor; y es otro de los puntos destacables de este largometraje, que sí bien, en su montaje o puesta en escena -entendida como decoración- no se complica demasiado, todo está perfectamente cuidado, en favor de la veracidad y el drama entorno a este joven.

  
Obviamente, la actuación de Leaud se hace fundamental en esta película, no sólo por el excelente papel sino por las acciones que le afectan, por ese tono empático que crea el director, la rebeldía de la juventud y ese estado de desazón, de desarraigo que tiene el protagonista como el propio Truffaut, que simplifica sus pensamientos, niñez e ideas en dicho personaje.

Una de esas películas esenciales para hablar de educación, de libertad, de la Nueva ola francesa, de los cambios de mentalidad, del transito de una época, en sí, del cine como un escape, como la verdadera liberación. Un clásico absoluto, que nos muestra la dureza de la vida pero también sus conmovedoras acciones, la esencia de una libertad que aunque compleja es aún posible. Desde un punto de vista histórico, ésta, junto Al final de la Escapa de Godard e Hiroshima Mon Amour de Resnais, son los pilares de la Nueva Ola, sin embargo, la película de Truffaut, es posiblemente, la que mejor refleja ese sentimiento de cambio y ese anhelo de libertad que pedía un mundo de complejidades, dramas y de una existencia angustiosa, que no sólo es la niñez sino la vida misma.

Película fundamental para la historia del cine, para el lenguaje cinematográfico y como la mayor parte del trabajo de Truffaut, un sentido homenaje al cine, a la literatura y a la vida.

Zoom in:   Nominada a los Oscar, Cannes, BAFTA, entre otras a mejor película, guión y director 
Como explican en Wikipedia, el travelling final está inspirado en uno de Rashomon de Kurosawa.
Considerada como una de las mejores películas 

Montaje Paralelo: Educación  -La piel dura (1976)




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