24 jul. 2016

Nunca en domingo: La libertad de amar según Dassin



                                    "La felicidad está en la ignorancia de la verdad."
                                                                                 Giacomo Leopardi


El cineasta estadounidense Jules Dassin, conocido por su cine de gángsters, y haber sido objeto de la lista de negra del macartismo, también fue referente por su acercamiento a la cultura griega, tanto cinematográficamente, como a través de la literatura de Nikos Kazantis y de la misma política, en los momentos que ese país se subió a las complejidades de las dictaduras de los años 60. Dassin que además de dirigir, escribir y producir también actúo en algunas de sus obras, como una especie de alterego o buscador de la verdad, que en cierto modo, parecía ser la identidad del cine de este estadounidense nacionalizado francés.  Con un inicio en la industria ligado a Hitchcock, de quien fuera asistente de dirección y al teatro judío, este director se fue haciendo de un nombre ligado infortunadamente a la censura pero a la vez de un cine reflexivo y contracorriente del conservadurismo de su época. Además, hay que reconocer que la obra de este director nacido en Indiana, también fue importante por ese "tándem" o pareja que hizo con Melina Mercouri, musa y esposa, que sintetizaba a la cultura griega como lo hizo en Nunca en domingo, su película más popular y de la que vamos a escribir. 



Con guión y producción de Dassin, esta comedia con tintes dramáticos se centra en la figura de una alegre e independiente prostituta, de la que todos sus clientes están enamorados, pero ella sólo ve en ellos una profunda y absoluta amistad,tanto así, que los domingos, es un día de celebración con todos estos hombres; sin embargo  esta situación se verá truncada cuando llegue un intelectual estadounidense, buscando el porqué de la decadencia de la Grecia de Platón y Aristóteles, y la razón parece ser esta mujer llamada Ilya.

La película, que es un obvio homenaje de Dassin a su esposa Melina Mercouri -ambos son los protagonistas de la película-, también lo es a la cultura Griega, y a la libertad en sus múltiples manifestaciones a las que Dassin sintetiza en una prostituta generosa y de carácter entrañable; obviamente, lo enredos sentimentales y diferencia culturales estarán a la orden del desarrollo argumental, pero es esa búsqueda de la felicidad, la que encierra todo el engranaje del guión.


  
La fotografía del francés nacido en Turquía Jacques Natteau aunque naturalista y destacando los paisajes del puerto de El Pireo, está principalmente centrada en los protagonistas, y ante todo en la belleza de Mercouri, tanto en sus facciones como expresiones.  

Uno de los puntos más fuertes y recordables de esta película, está en la música de Manos Hatzidákis, por la que recibió un Oscar a mejor canción, igualmente, no se puede dejar de lado, que el trabajo de este compositor griego estuvo avalado por una serie de obras representativas de la cultura griega y por su prolífica capacidad de acentuarse a estilos y formas, tanto así, que hizo música para documentales de Costeau, comedias y demás, con un acertado manejo de lo popular y lo moderno basado en su país.


  
Este tipo de películas están en función de las actuaciones, y realmente el papel de Mercouri, no sólo se hace entrañable sino que funciona en su concepción y estilo, y se hace coherente con el pensamiento del director  americano/francés. De resto, aunque agradable comedia e inteligente en su concepción, no es tampoco lo más destacado de este director, que sí bien se la juega, por un intelectual ejercicio de búsqueda y superación, es ante todo una tragicomedia romántica con Grecia de fondo.

Zoom in: cinco nominaciones al Oscar, nominaciones en Cannes, BAFTA y Globos de Oro.
Primera de varias colaboraciones de la pareja Dassin/Mercouri.

Montaje Paralelo: Zorba, el griego (1964) 


 

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