10 dic. 2015

La Desesperanza por Alvaro Mutis*



La condiciones que explica Mutis en esta conferencia, perfectamente se pueden aplicar en el cine de género, como el Noir o el Western, sujetos perfectos marcados por el desarraigo, el pesimismo y el fatal destino, a continuación algunas notas y más abajo el texto completo, de todas formas en los libro de Libro al viento, exactamente Álvaro Mutis De Mis libros se puede encontrar el texto - que fue donde lo puede leer-.

En 1965, en la casa del Lago de la Universidad Nacional Autónoma de México, Álvaro Mutis dictó una conferencia titulada La desesperanza. En ella, Mutis explica algunas de las características de una aventura que se presenta sobre todo en la literatura contemporánea. Sin duda, la desesperanza mutisiana esclarece ciertos elementos que definen el comportamiento de ciertos sujetos desarraigados que están siempre un paso más allá de las normas, de los códigos, de toda vigilancia por parte del sistema.
La primera condición que subraya Mutis para ser un desesperanzado es la lucidez. “A mayor lucidez mayor desesperanza y a mayor desesperanza mayor posibilidad de ser lúcido”, dice el colombiano. Lo importante de esta lucidez, como lo aclara el autor, es que no se aplique ingenuamente en beneficio propio, porque entonces se corre el riesgo de fabricarse una ilusión, de “esperar” algo. La aclaración es fundamental, porque “desesperanza” para Mutis no significa “tristeza”, “amargura” o “depresión”, no. “Desesperanzado” es aquel que afirma la vida sin esperar nada de ella, que asume la vida sin máscaras, sin trucos, sin hacerse ilusiones, dejando atrás todos los anhelos. Por ello la lucidez no puede invertirse en una máquina de falacias personales. Lo contrario: debe desnudar el mundo y mostrarlo en toda su crudeza, en toda su inutilidad.
La segunda condición y la tercera van estrechamente unidas. Se trata de la incomunicabilidad y de la soledad. El desesperanzado no puede transmitir a otros la actitud que lo rige y lo gobierna, y acaso sea ésa la razón por la cual los demás ven en él a un ser extraño que toma la vida con indiferencia, o en el peor de los casos lo consideran un desvariado o un delirante. En consecuencia, el desesperanzado está solo: “Soledad nacida por una parte de la incomunicación y, por otra, de la imposibilidad por parte de los demás de seguir a quien vive, ama, crea y goza sin esperanza”, dice Mutis.
La cuarta y última condición es una estrecha relación con la muerte. El desesperanzado no obvia ni teme la muerte, no cambia de ruta (de actos, de decisiones) por intentar esquivarla. Antes bien, la muerte ha sido asimilada desde el comienzo como una condición inevitable del camino a seguir. Si en realidad no espera nada, no debe esperar siquiera el estar vivo.
La desesperanza mutisiana es lo que permite a un individuo de líneas cerradas (con objetivos, con ilusiones, que “espera” llegar a un punto determinado, con comportamientos predecibles) convertirse en un viajero de vectores abiertos, en una línea errática, azarosa. Existe un equilibrio entre la actitud exterior, espacial, del viajero, y su actitud interna: sus ideas, sus afectos, sus creencias. La desesperanza mutisiana es una potencia que descodifica la vida, que la abre, que impide organicidades estrictas.
Cuánto dolor y cuánto sufrimiento no nos habríamos ahorrado si nuestra enseñanza no hubiera sido la de agarrar, la de tener, la de poseer, la de ahorrar, sino la contraria: soltar, desarraigarse, desapegarse, entregar, regalar, no tener metas, no ir para ninguna parte.




Texto tomado del blog: http://mariomendozaescritorcolombiano.blogspot.com.co/

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