10 abr. 2015

Sonrisas de una Noche de Verano: El (des)amor según Bergman


                              "Los desdenes de los enamorados reavivan el amor."
                                                                                                         Terencio

De la extensa filmografía del director sueco Ingmar Bergman hemos visto casi una docena de éstas, sin embargo, es la primera vez que reseñamos una de sus películas en el blog; en este caso, una comedia adaptada de la famosa obra de William Shakespeare Sueño de una noche de verano. Bergman, director clave no sólo de la cinematografía de su país sino a nivel mundial, es considerado como uno de los autores más influyentes y fundamentales por sus obras reflexivas, cargadas de los más diversos sentimientos, donde se cuestiona las complejidades del ser humano y sus propios demonios internos, como finalmente proponía en sus guiones y elementos simbólicos, este director nacido en Upsala. 

Bergman, de una infancia desdichada e hijo de un pastor luterano, elementos que influyeron en su obra, al igual que su licenciatura en Letras e Historia, su soledad y atormentada concepción de la vida, que se fueron imprimiendo tanto en sus largometrajes, obras de teatro y textos. Un cineasta, que empezó trabajando a la ordenes de un gran maestro cinematográfico - e inspiración para Bergman- como lo fue Victor Sjostrom, formando un estilo propio, tomando elementos del teatro y la literatura, principalmente de Henrik Ibsen y August Strindberg, y de sus propias experiencias personales, que siempre estuvieron reflejadas en cada una de sus obras, algunas absolutamente personales y otras mucho más genéricas, donde igual se hablaba de la dificultad de amar y cierta especulación con la muerte. El cine de Bergman, marcado por la pausa, las tomas largas, y esos bellos primeros planos de sus actrices, es también un cine cargado de simbolismo, de fuerza y ante todo, un modo de escape y expresión de este director, que tuvo en la Isla de Faro, no sólo propio mundo, sino al amor de su vida, como lo fue Liv Ullman y finalmente su sitio de descanso eterno, donde murió en el 2007.


Con guión de Bergman, esta comedia romántica ubicada en la suecia rural  de principios del siglo 20, no sólo es una muestra del fino humor de este director sino la capacidad de éste por darle cierta relevancia psicológica a una historia de enredos amorosos y en teoría bufonesca fábula del amor conseguido.

La película inicia con el abogado Fredrik Egerman (Gunnar Björnstrand), quien está casado con la joven y virginal Anne (Ulla Jacobson), su relación más que amorosa, es una relación platónica de cuidado y respeto casi filial. En la casa del abogado, además de su mujer, viven Henrik (Björn Bjelfvenstam) hijo del anterior matrimonio de Fredrik y la pícara criada Petra (Harriet Andersson), la singularidad de la vida de esta familia burguesa, se verá interrumpida, cuando Fredrik se vuelva a encontrar con su ex-amante y famosa actriz Desiree (Eva Dahlbeck); pero ésta no sólo ya tiene un nuevo amante sino una nueva vida. Los celos y los enredos amorosos, llevarán a que estas parejas se reúnan en la casa de campo de la madre de Desiree, y el amor como el verano nos empezará a sacar una sonrisa del rostro, por el intento de estas mujeres y de estos hombres de comprender el acto de amar.

Tomando libremente la comedia teatral de William Shakespeare, el director sueco nos imbuye en las mieles y dramas del amor, desde el más puro y virginal como Anne, la joven esposa del abogado hasta la pasional y casi enfermiza relación del conde Malcolm con Charlotte; Bergman convierte una cena, en todo un retrato del amor de esa época, y en una reflexión entorno a éste, pero todo con cierto tono burlesco y superficial si se quiere.

  

La notable puesta en escena, que va desde la fotografía en blanco y negro de Gunnar Fischer hasta la música de Erik Nordgren, no sólo están compuestas de forma sobria y elegante sino que marcan cierto halo ensoñador, emulando a la misma obra de Shakespeare y al estilo que estaba asimilando el director sueco, marcando su etapa entre lo simbólico y el "peso psicológico" que reseñan los expertos en este cineasta.  

El gran trabajo fotográfico del formado como pintor Gunnar Fischer, no sólo registra esos primeros años del siglo XX sino la fría belleza - como describen el trabajo de este fotógrafo- tanto de los personajes como de las misma situaciones, acercándose a ese preciosismo fotográfico del cine Max Ophuls y de la misma edad de oro hollywoodense; Fisher, como fue característico en la obra de Bergman, marca los primeros planos, donde se caracteriza la sutileza y cierta sensualidad que se apoya en el gra manejo de contrastes y tonos. Con una música que no sólo nos ubica temporalmente sino que juega con las mismas sensaciones y el humor de la obra.

Las actuaciones son más que loables, aunque ésto es de sobra conocido, en las obra de Bergman, quien imponía de forma absoluta esos desplazamientos e interacciones entre los personajes; obviamente los más destacados son Gunnar Björnstrand  y Eva Dahlbeck, que además brilla por su belleza, sin dejar de lado las interpretaciones de los demás actores, y ese gran rostro de Ulla Jacobson, o el erotismo de Harriet Anderson.


Una de las películas que más me han gustado de Bergman, y tal vez la mejor comedia que he visto de éste, que sin tener esa lúgubre versión del mundo, sigue reflexionando sobre la amargura del amor, y cierta desdicha de lo perdido o evitado, como sucede en este largometraje, que demuestra una escritura llena de enredos, pequeñas tramas y estructurado guión donde el humor es protagonista pero también nos hace pensar sobre esa delirante cuestión que es el amor.

Una de las obras más amables del cineasta sueco, pero igualmente un gran trabajo que sigue el lineamiento de agobio y drama que el propio Bergman deja ver en el papel del hijo del abogado, y en esos recovecos de frustración que cada una de las parejas vive durante esa cena, que hará sonreír al mismo verano, como dice uno de los personajes, al final de la película.

Como la mayor parte de la obra de Bergman, recomendable, y casi que una película obligada para iniciar con este director.

Zoom in:     Selección oficial de largometrajes en Cannes al mejor humor poético
3 Nominaciones en BAFTA
Woody Allen, hizo una especie de "homenaje" y remake de esta obra en los años 80

Montaje Paralelo: La comedia sexual de una noche de verano (1982)


2 comentarios:

  1. ¡Hola!

    Interasntísimo este post. No he visto la peli, apuntada queda. Pues el cine de Ingmar Bergman, me gusta.

    Saludos!

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  2. Vale la pena, es una de las más "comerciales" de Bergman para aún así, es una gran película, humor muy fino y como siempre una excelente puesta en escena , saludos igualmente

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