2 mar. 2015

The master: Sabiduría americana


                                     "El que sabe no habla, el que habla no sabe."
                                                                                                   Lao-tsé

Primera película que reseñamos del director, guionista y productor estadounidense Paul Thomas Anderson, considerado como uno de los mejores de esta generación; uno de los realizadores más talentosos y prolíficos, por sus obras de repartos corales, historias entrelazadas, desesperados protagonistas, sus difíciles relaciones familiares y oscuros pasados, con el Valle de San Fernando como fondo. Este cineasta influenciado por Scorssese, Orwell, Kubrick y el mismo Max Ophuls, más que estudiar cine, debe su formación a observar las obras de muchos de estos directores, y tomar de cada uno, elementos funcionales en su propia obra y en sus mismos intereses intelectuales.

Anderson, al que se le puede acusar de caótico en sus interconexiones con los personajes, y profundizar en sus mismas cicatrices como parte de la narrativa, también es un director que juega con el peso de la música y del manejo de cámara, para establecer relaciones dramáticas, que van mucho más allá de la misma historia; es un director, que se imbuye en las complejidades psíquicas de sus personajes, su moral y el mismo desarraigo, que parecer ser el hilo conductor de sus trabajos. Este cineasta californiano, como ha sucedido con sus últimas películas, ha recibido varias nominaciones de la Academia y de diversos festivales, así como el aval de la crítica, como fue el caso de The Master, la película que vamos a reseñar a continuación.



Con guión de Anderson, e inspirada libremente en la biografía de Ron Hubbard, el fundador de la Cienciología, del escritor John Steinbeck; en extractos de There Will be blood - su anterior película- y en las mismas memorias de Jason Robards - actor de cine y teatro-, que vendrían a ser, la inspiración para los protagonistas de esta obra.

La película ambientada en la década de los 50, en plena posguerra, se centra en la figura de Freddie Quell (Joaquin Phoenix), veterano de la guerra, alcohólico, obsesionado con el sexo, de un carácter explosivo, que pasará de trabajo en trabajo, hasta llegar a un barco, donde intoxicado, se encuentra con la figura de Lancaster Dodd (Phillip Seymour Hoffman), quien además de prestarle ayuda, terapia y una profundad amistad, lo acogerá en su familia, en su movimiento filosófico conocido como La Causa.  

Entre las ideas de Dodd, el fuerte carácter de su esposa Peggy (Amy Adams) y la ambigüedad moral -y de credibilidad- de Quell, se irá mostrando, esa necesidad de aferrarse a algo, de acoplarse a una espiritualidad, que es lo que vende esta secta.  En cierta forma, Anderson, retoma ese elemento esencial de There will be blood, donde la cuestionable moral de los personajes, no solo es su mayor carácter, sino que son las caras de una misma moneda, de la complejidades que abordaron la posguerra, y la necesidad de enfrentar estos hechos, ya sea a través del alcohol- como Quell y el mismo Dodd- o de una espiritualidad tan compleja y fanática, como la misma ira (externa o interna) de estos personajes.  Resumiendo, la película se va a debatir entre la libertad de un hombre violento y confundido, con la de uno seguro, quien creer impartir una verdad tan absoluta, que no puede ser confrontada o debatida, un dogmatismo de sus propias capacidades, y en ese enfrentamiento, entre estos amigos - casi de un tono familiar- cada uno irá buscando su propio camino. 



Fotografiada por el rumano Mihai Malaimare Jr., quien mostró sus capacidades en Tetro - una poco conocida película de Copolla-  y que en este caso, saca la mejor partida de la luz natural, espacios abiertos y una paleta de color que varía entre el azul de los recuerdos de Quell, y una mucho más cálida para el resto del metraje, no sólo asociándose con la región o ubicación geográfica sino con la misma textura y solemnidad que se vivía en ese momento. Malaimare logra hacernos presentes en la época por la sobriedad de su trabajo y manejo del color, acomodándose al estilo dramático que ronda en esta obra, y que mejor se percibe en las notas musicales de Jonny Greenwood, quien realiza una composición que varía desde los elementos más clásicos  hasta unos puntos tensionantes, casi abstractos y punzantes,  atemporales, que marcan no sólo la dinámica dela narrativa sino que confrontan al mismo relato; este multinstrumentista, guitarrista de Radiohead, nos imbuye no sólo en una década sino en la cabeza de los protagonistas.  

La sobriedad, menos la de los personajes principales, va a estar presente, tanto en el montaje como en la dirección artística, -otro de los logros de esta película- pero todo muy bien detallado, y exacto con la época representada; una película que sabe mezclar lo técnico y lo artístico, para apoyar, en este caso, la gran puesta en escena, que son las actuaciones de Hoffman, Phoenix y de la bella Amy Adams.  



Las impresionantes actuaciones de los citados anteriormente, son el plato fuerte de este trabajo, actuaciones que marcan no sólo la historia sino esa percepción que genera Anderson sobre las identidades y los rasgos morales que afloran por medio de estos actores, que al igual que la música o la fotografía, transitan por esa delgada línea de la anécdota, del acontecimiento por encima un argumento o de un giro dramático; los actores, no sólo son construcciones que parten de un guión sino que en este caso se terminan transformando en arquetipos de la moral y el sentir de una época, como la que aconteció después de la Segunda Guerra Mundial. 

Ya anotando de forma individual el trabajo de cada actor, podemos ver uno de los papeles más contundentes por parte del tristemente desaparecido Hoffman, quien interpreta a un científico, un intelectual y a la vez un charlatán tan serio e intempestivo, como su adusto rostro se dirige a la personas que lo quieren escuchar habalr sobre reencarnación, curaciones y demás ideas, o cuando explota en felicidad e improperios cuando son debatidas sus ideas. Pero no se queda atrás, Phoenix, considerado por muchos, uno de los mejores actores de esta generación tanto por sus capacidades como los mismos riesgos que asume en sus performance, y en cierta medida, en el medio de estos hombres, el papel de Adams, no sólo es un intermediadora entre el sabio y el patán, sino el punto meridiano entre ka libertad de uno y el hermetismo del otro. Una de esas películas - como la mayor parte de las de Anderson- en que cada papel, las actuaciones corales, se convierten en un entramando o el entramado mismo de la historia.



Ya para finalizar, y dando mi punto de vista, un trabajo más que sobresaliente por parte de Anderson, que hilvana cada pieza de este relato para convertirlo en un poderoso y amargo acontecimiento del Estados Unidos de posguerra, en cierto modo, como ya había hecho con su anterior trabajo - y en sí con su filmografía- esta película es un conjunto o un retrato de la decadencia, en la que constantemente está sumergida esa nación-imperio (USA) lleno de charlatanes, sectas, violencia, engaño y farsas convertidas en creencias absolutas, que como queda demostrado en este trabajo parece ser la historia de ese país - o por lo menos Anderson, nos trata de dar esa imagen-. Un trabajo altamente recomendable por las actuaciones de Hoffman, Phoenix, Amy Adamas y aún el pequeño papel de Laura Dern, así mismo por su sobre pero exacta puesta en escena, y porque finalmente, el estilo de Anderson, está bastante ligado al de cineastas clásicos como Welles, y sus visiones de esa América del norte, donde todo es posible.

Zoom in: Nominada en diversos festivales, premios y crítica, principalmente por las actuaciones, guión original y director.
El primer cartel publicitario de expectativa de la película apareció en mayo de 2011 en el Festival de Cannes bajo el título Untitled Paul Thomas Anderson Project (1)

Montaje Paralelo: There will be blood (2007) 




(1)http://es.wikipedia.org/wiki/The_Master_%28pel%C3%ADcula_de_2012%29

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