8 ene. 2015

Crónica de un verano: Drama de las ciencias humanas


                                       “Un guion no se escribe, se escucha”
                                                                                  Jean Rouch 

Unidos por el cine y las ciencias sociales, el antropólogo/cineasta Jean Rouch y el sociólogo Edgar Morin, realizan en 1960, una de las obras más importantes del llamado cine de no-ficción, y pieza fundamental e iniciadora del cinema-verité; estos intelectuales franceses no sólo hacen un acercamiento al comportamiento humano sino al proceder mismo de la narrativa cinematográfica a través de esta pieza audiovisual que ha sido influencia para diversos géneros, formas y estilos fílmicos, así mismo para la televisión y los estudios sociales. Morin y Rouch, se adaptan al auge que se estaba viviendo con la Nouvelle Vague, y con los cambios culturales que se estaban dando en la Europa de inicios de los años 60, éstos van a poner en práctica sus ideas y tesis en este "documental" que citando a Rouch, es una mentira más real que la verdad misma.

Este cine, y particularmente esta obra nace como respuesta al sistema clásico que se imponía en el mundo cinematográfico (industrial), y tanto el sociólogo como el cineasta, utilizan la cámara de 16 mm (portable que viene a facilitar la realización de este trabajo y del genero documental en sí) como un instrumento de investigación, como herramienta de este ensayo audiovisual, pensado y escrito por Morin/Rouch. 



El cinema-verité, como explican varios autores, se inspira en la teoría del Kino-pravda de Vertov, el Free Cinema inglés y la puesta en escena de Flaherty, pero esencialmente es el reconocimiento del dispositivo cinematográfico, de su manejo y proceso ilusorio, sin olvidar que, la participación e intervención en la misma narrativa por parte de los sujetos en estudio, hace de esta categoría, la que mejor se acerca a lo etnográfico, que finalmente es la esencia de Crónica de un verano (Chronique d'un été).

Realizado durante el verano de 1960, este trabajo, que además de ser una encuesta sociológica, se termina convirtiendo es una especie de reflexión sobre lo cinematográfico, lo social y la cotidianidad de la capital francesa. Este trabajo de no-ficción que inicia con Morin y Rouch en pantalla, retando o como dice Michael Eaton:  provocando la realidad filmada, a Marceline, -una judía francesa que estuvo en un campo de concentración- a preguntarle a la gente de la calle si es feliz, y a partir de ésto, junto a varios sujetos unidos tanto a esta mujer como a otros "personajes" cercanos o no de Morin/Rouch - en cierta forma, las mismas personas que se convertirán en protagonistas del Mayo del 68-  se irá desarrollando una narrativa y secuencias de lo que es la vida, y finalmente cada uno de éstos será confrontado por el sociólogo y el antropólogo en la proyección del mismo documental, cada uno llegará a una propia y subjetiva conclusión. Este audiovisual, pilar del cine-real, de lo performativo e influyente en el documental contemporáneo, se traduce como un modelo de las posibilidades de las formas cinematográficas y retóricas de las mismas, un trabajo que sabe cuestionarse así mismo, para una época que se estaba viviendo, y obviamente a la naturaleza humana de forma extra e intrínseca.


Con la técnica y estética del camera canadiense Michel Brault, junto a un joven Raoul Coutard, entre otros, que siguen de forma constante con cámara en mano (hand-held camera) a estos variopintos personajes, -emulando o iniciando lo que más adelante directores como Godard o Truffaut utilizarían en sus metrajes- van recogiendo el día a día de éstos, su acercamiento a la cámara, reacciones y cómo se empieza a desarrollar un interacción entre éstos. 

Si bien es cierto, que no se pueden recalcar mayores cualidades técnicas o estéticas, igualmente, y como muchas de las obras iniciales, ésta se apropia de los beneficios técnicos de la época, de la portabilidad de las cámaras Eclair de 16 mm,  del desarrollo del sonido sincrónico, y de la necesidad de estos autores de crear un nuevo cine o una nueva experiencias de expresión, que quedaba perfectamente formulada en este ensayo donde se transfieren las historias, vivencias y acontecimientos que están distribuidos en las personas, en esos mundos cinematográficos que se repartían en esa década de cambios y transformaciones socio-culturales.   


Con esta simple frase, -que aparece arriba en el fotograma-, este trabajo se empieza a imbuir en París, y mostrándonos las capas, las máscaras, realidades, ficciones y diálogos de esa realidad cinematográfica, que van planteando Morin y Rouch, cómo si se tratara de una monografía audiovisual, donde los qué, cómo y porqué, se van respondiendo a través de las imágenes.

Aunque puedo decir sinceramente, que no fue un trabajo que me haya gustado demasiado, -a excepción de su tramo final y conclusión- si tiene una importancia capital este documental, que abre diversas posibilidades al mundo audiovisual, y que en cierta forma se hace necesario por sus ideas y desarrollos,  obviamente, nos vamos a dejar de lado, que es una obra construida por dos de los intelectuales franceses más importantes, y unos pensadores que legaron -Morin aún siguen vigente- toda una revelación sobre el comportamiento social, la etnografía audiovisual, y esos trazos de realidad que se cuestiona a sí misma.

Zoom in: Stefan Kudelski desarrolló una grabadora trasistorizada con control de velocidad electrónico, para poder tener un sonido sincronizado, se utilizó un prototipo de Nagra 3.
Premio de la crítica en Cannes 1961 y de varios otros.

Montaje Paralelo: Cine directo - No Ficción 

Ver Película: Crónica de un Verano


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