22 dic. 2014

El diablo probablemente: Janseismo cinematográfico



                      "La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere."
                                                                                                            Jean Cocteau 

Robert Bresson fue uno de los cineastas e intelectuales más interesantes de la cinematografía francesa, su depurado, simplificado y hermético estilo, no sólo ha a influenciado a cineastas contemporáneos como Michael Haneke sino que su personal y casi inigualable mundo cinematográfico es un referente absoluto a la creación y al cine de autor; considerado por muchos, entre ellos el propio Godard, como un verdadero artista del ascetismo y de las conjeturas dramáticas, elementos que no sólo estaban en sus películas sino en la forma de hacerlas. Bresson, quien estuvo influenciado por Dreyer y la literatura de Dostoievski y Tolstoi, también nos acercó a su contemplación del mundo desde una perspectiva religiosa, de piedad y divinidad que se acerca al Janseismo - doctrina especial sobre le problema de la predestinación y la gracia divina-, creencia que va a desarrollar en sus obras pero haciéndose cada vez más oscura y pesimista, llegando a un nihilismo propio de la generación que estaba viviendo esa(s) época(s), y al mismo sentimiento de este hombre - que algunos sostenían, que en los últimos años de Bresson había pasado del catolicismo al más radical ateismo-.

Formado como artista que inició en la pintura y la fotografía, y que se acercó al mundo del cine a través de Rene Clair, de quien fue asistente; es a partir de los los años 40, en plena posguerra, que este director empieza a generar ese particular mundo, que el denomina  -o denominará- como el cinematógrafo, uno donde el artificio y los actores profesionales, no son recibidos, ya que para Bresson, son elementos propios del teatro, y su idea es salirse de tales conceptos, para manipular a través de lo "filmico" tanto las actuaciones, el tiempo y el espacio de sus obras.

Nominado en múltiples ocasiones, y ganador de varios premios de los mejores festivales de cine, este perfeccionista y poco prolífico cineasta - realizó 13 películas en cuarenta años de carrera- es, no sólo un punto fundamental para la cinematografía gala sino un autor que más que la belleza de las imágenes las hizo necesarias, como el mismo explicaba. Un director, que a pesar de sus relatos pesimistas - alejados de algún tipo de lección- colocaba en sus imágenes ciertos ecos poéticos y reflexiones sobre una generación que se habían consumido en las llamas de la revolución del 68, y esto viene ser, el tema de su penúltima película El diablo probablemente, de la cual escribiremos a continuación.  


Con guión del propio Bresson, este retrato de autodestrucción y de una generación que parecía no hallarse ni conformarse con lo que estaba viviendo, también es el misterio que rodea al suicidio de Charles, un joven que aparece muerto en el cementerio parisino de Père-Lachaise. 

Como es habitual en el trabajo del director galo, éste se concentra en la nimiedad de las situaciones, y aunque nos revela las actitudes de estos jóvenes, que hablan sobre las problemáticas de la vida, la política y las complejidades entorno al medio ambiente, el dinero y los compromisos, finalmente, nunguno de estos jóvenes parece estar integrado a la sociedad a la que pertenece, y el gran ejemplo de ésto es Charles (Antoinne Monier), un "desadaptado" que vive entre dos amores, una gran inteligencia y un desprecio tabsoluto por ese mismo entorno y por sí mismo, es la negación de la negación en todo su esplendor. Bresson, a través de su mirada, nos acerca a cada uno de éstos, y sin embargo cada uno es tan lejano y vacío (dramáticamente) que parecen autómatas que sólo tratan de sobrevivir a ese mismo entorno que los asfixia.

Con algunos ecos al cuidado del medio ambiente, cierta reflexión sobre la rebeldía juvenil (algo habitual en la obra del francés), un constante ir y venir de proclamas y cuerpos (detalles de éstos) que deambulan en el purgatorio de la alienación hacia la madurez, y obviamente el amor en su versión más hermética, fría y distanciada de todo valor moral, como suele suceder en los trabajos del janseista Bresson.



Aunque es difícil sentir empatía por los personajes de Bresson (a excepción del burro de Al azar Baltazar) es igualmente difícil juzgarlos, porque son personajes confundidos o desfragmentados  (nada que ver con una generación X o por el estilo) pero desde la misma "dramaturgia" o escritura de este director; son arquetipos bressonianos, y como tal sólo existen en el mundo de éste - sin negar que parten de la realidad o de ciertas características de la sociedad en la que se estaba viviendo-, es por eso, que se habla que el cine del francés es atemporal, y que las calles parisinas - aunque reconocibles- parecen pertenecer a un universo bastante personal.

Ese alejamiento, "aplanamiento" de las actuaciones, es la particularidad en la obra de Bresson, el cual moldea esos caracteres tanto al servicio del relato como del mismo montaje, por ende, es difícil juzgar las interpretaciones de Monier o de Tina Irisari (actores no profesionales, y para la mayoría su único papel), sin embargo, hay algo en esa misma manipulación de los "modelos", que hace hipnótica, que atrapa la mirada del espectador, en este transito de almas atormentadas al mejor estilo de Dostoievski.



Con la naturalista, y a la vez contrastada fotografía del italiano Pasqualino de Santis, quien participó en las tres últimas películas de Bresson, cinematógrafo que supo establecer una mejor relación con el color, en los trabajos de Bressson, brindándole además de un diseño propio, una unidad que viraba ente lo lóbrego y lo esencial (natural y simplificadamente), una fotografía que perfectamente se amoldaba a la ideas ascéticas, sencillas, alejándose de toda pretensión preciosista o abigarrada, sin perder sus valores estéticos y ese lirismo que se desprendía de los detalles, de lo invisible, del otro "punto de vista", que parece ser el gran logro visual del cineasta francés a través de los ojos del cinematógrafo italiano.

Si bien son pocas las notas musicales que vamos a escuchar durante el metraje, estas van a ser esenciales, no sólo por el gran trabajo de Phillipe Sarde, sino para el mismo montaje, esas notas mínimas, propias de la música sacra, van a chocar con ciertos actos, acciones, y de esos contrastes, se va a entender otro punto fundamental en la obra de Bresson, como lo es el trabajo sonoro, esa ambientación, que se crea a partir de sonidos naturales y del ritmo, que surge a partir de esa concatenación de elementos.   


  
La película, que toma su título de una de las secuencias más críticas - la que sucede en el bus, donde Charles y su mejor amigo hablan sobre quién tiene la culpa de lo que sucede en ese momento de la historia, y a todo esto un hombre responde "...el diablo probablemente"-; no sólo es un retrato pesimista sino toda una contraposición de valores, alejándose de un mensaje esclarecedor, y más bien es una vehemente sentencia frente a la sociedad, que perfectamente lo podemos ver en el cine de Haneke - como escribía líneas más arriba-, además es un cine que toma referentes de la nueva ola francesa pero dándoles un giro radical, en cierta forma toma los personajes de la primeras películas de Godard o del mismo Truffaut, y les quita todas la matices, entonaciones, el "alma", para impregnarlas de sucesos predestinados, donde su sacrificio, parece ser su gran reivindicación, su destino.

Aunque es la tercera película que veo de Bresson, y aún se me hace difícil su estilo, fondo y forma, hay algo en esas actuaciones, en esos encuadres ajenos a lo dramático, a sus desalentadoras e incomodas premisas, a sus "janseistas" finales, que es imposible quitar la mirada de la pantalla. Obra esencial de este autor, como sus imágenes, que fascina y choca, pero que en definitiva, se hace un director fundamental para este servidor, y ante todo, una mirada bastante personal tanto cinematográfica como del mismo mundo.

Zoom in: Ganadora del Oso de Oro de Berlín de ese año, y nominada en varios festivales europeos
Considerada como una de las más controversiales películas de su filmografía.
Aunque "abucheada" en Cannes, con el tiempo ha ganado su lugar en la cinematografía mundial, y es considerada una de las mejores de Bresson.

Montaje Paralelo:   El dinero (1983) - 71 fragmentos de....(1994)


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