8 jul. 2013

8 1/2: Y el cine debe continuar



                                          "Hablar de sueños es como hablar de películas,
                                          ya que el cine utiliza el lenguaje de los sueños: 
                                          años pueden pasar en segundos y se puede
                                          saltar en un lugar a otro."


Federico Fellini, es uno de los directores más emblemáticos de la cinematografía italiana y mundial; la particularidad de su cine no sólo radica en la narrativa, en la imagen o estética fílmica, sino que está remarcada por un aire de autoreflexividad, folclor y surrealismo que marcan tanto a los protagonistas como al ambiente mismo de sus películas. 

Aunque en sus inicios se le mencione como parte del Neorrealismo italiano, y en cierta forma es verdad, ya que junto a otros guionistas, le dio forma a Roma Ciudad Abierta de Roberto Rosellini y su debut en la dirección está ligada a este movimiento con Luces de Variedades; Fellini, encontró en sus propias raíces y personalidad un cine que con notable influencias del movimiento italiano, funcionaba no sólo en el plano artístico, crítico sino en la rentabilidad de sus películas, que muchas veces juzgaba o se enfrentaba a los dilemas mismo de la creación fílmica, como es el caso de 8 y 1/2, una de sus película más aclamadas, y fundamentales de la cinematografía de esa época, de estos años y de los venideros, siendo en su conjunto un clásico y un referente del cine y el audiovisual actual.



Ocho y medio, supone la octava película del director italiano más los trabajos intermedios y capítulos que había realizado; con tintes autobiográficos y profundas reflexiones sobre la creatividad -o la falta de èsta-, los recuerdos que influenciaron su vida y carrera, las expectativas que se levantan frente a la producciòn de un filme, y las mujeres, todas las mujeres que en el cine de Fellini, son recuerdos, lecciones y muchas veces son el giro narrativo de sus pelìculas.

A partir del guiòn de Tullio Pinelli, Federico Fellini, Ennio Flaiano y Brunello Rondi, se construye una historia donde la creatividad del director de cine Guido Anselmi (Marcello Mastroianni) se ve afectada por sus propias inseguridades, demonios personales y mujeres; el estupendo papel de Mastroianni se acomoda a la crisis e intranquilidad que sufre este director, sòlo los sueños, los recuerdos y la capacidad de Fellini para darle un giro, que como inicia este post, en el cine como en los sueños, se puede saltar de un lugar a otro, los recuerdos se pueden unir a la realidad.




La fotografìa como la mùsica se destacan tanto tècnica como artìsticamente, trabajando junto a dos de los profesionales màs destacados de Italia, el mùsico y habitual colaborador en el cine del italiano Nino Rota, y el cinematògrafo Gianni di Venanzo, considerado desde los años cuarenta, uno de los mejores en su campo, principalmente asociado al Neorrealismo Italiano; además del sutil  montaje de Leo Catozzo y decorados de Piero Gherardi, conjunto que le da forma a las obsesiones y virtudes de Federico Fellini, en donde éste, a través de la figura de Mastroianni no sólo nos habla sobre le cine o reflexiona sobre éste, sino que juega y "escribe" por medio del "esfero-cámara", de los reflejos, del laberinto mental que el italiano pone en escena ya sea realidad, fantasía o la unión de las dos en el mismo plano.

Este relato intimista, que marca sus huellas de autor, y que desde un principio nos deja en claro una constante simbología propia del mundo Fellinesco, que no sólo está en su puesta en escena sino en sus personajes, que  encabezados por el excepcional Mastroianni, la bella Claudia Cardinale -la obsesión-, Anouk Aimee - la lógica - y demás - la expectativa-, lleven a que Mastroianni/ Fellini de forma introspectiva lleve a su porpia resolución no sólo de su falta de creatividad sino del filme mismo.






Si bien es cierto, que el Universo Felliniano, no estaba dentro de mis favoritos, por el contrario las  películas que había intentado ver del director italiano, no las había soportado y veía en Fellini, como en tanto otros directores, una sobrevaloración exagerada, sin embargo, con esta película y empezando a entender el mundo del cineasta formado en la corriente neorrealista, se comprende los halagos y listados, en donde -principalmente esta película- aparece como una de las mejores de la historia.

Atiborrada del universo personal de éste, sus influencias de infancia, virtudes y folclor interno - del país y de sí mismo- nos enfrentamos a una catarsis tanto cinematográfica como de la creatividad del mismo Fellini, y que como las misteriosas palabras que repite en una secuencia de la película: "ASA NISI MASA", el misterio y la función deben continuar, y es espíritu lo sabe afrontar muy bien ese genial alter ego que encarna, el elegante y confundido Mastroianni.


Toda una fantasía en donde lo circense, el cómic y la intelectualidad del italiano se visten del blanco y negro de di Venanzo, y al ritmo del amigo, del confidente musical Nino Rota y, de demás que hacen de este filme, uno de esos ejercicios copiados, homenajeados e influencias para directores contemporáneos y venideros


Zoom in: En un principio se iba a llamar "La bella confusión"

Ganadora de dos Oscar (Mejor película de habal no inglesa y vestuario) de los cinco a los que había sido nominada.

Montaje Paralelo: El séptimo sello (1957)





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