16 ene. 2013

Paris, Texas: Viaje de redención


"Pero el verdadero viaje no es nunca una huida ni un sometimiento, es evolución. Viajar es buscar. Así en general diríamos que el viaje a los infiernos simboliza el descenso al inconsciente,  la toma de conciencia de todas las posibilidades del ser."                                                                                              Eduardo Cirlot 


Viajar, el camino, autopistas o pequeñas vías, hombres solitarios, un niño, una niña, el amor, la redención y los silencios, parecen ser los elementos más comunes en la diversa y extensa filmografía del director alemán Wim Wenders, cineasta que en su larga trayectoria ha explorado e interpretado al lenguaje cinematográfico, no sólo desde lo conceptual o formal sino como símbolo de transición y recorrido del hombre a través de la imagen; Wenders, es un director que ve en el camino, en el viaje una metodología cinematográfica donde lo espiritual se acerca a lo estético. 

Como muchos de los directores de su generación, del llamado Nuevo cine alemán, tuvo influencias de diversas culturas y manifestaciones personales e individuales, en el caso de Wenders, la Cultura estadounidense y la incomunicación humana, moldeada por viajes autoreflexivos e introspectivos. 


Aunque se ha escrito poco en este blog sobre el director alemán (Tokyo Ga y Más allá de la nubes, donde es asistente de Antonioni), es, uno de los directores más apreciados y valorados de este espacio, no sólo por sus cualidades como director sino por su propia búsqueda de identidad fílmica, personal y de las inquietudes sociales que lo rodean.

Con Paris, Texas, el director alemán alimenta sus inquietudes sobre el "hombre que busca una realidad cuya percepción se le escapa a causa de sus constantes búsquedas" (1). y se apropia de las concepciones sobre la cultura norteamericana, citando en imágenes, elementos que homenajean al cine de John Ford o Raul Walsh, y las particularidades de su cine, el viaje, las miradas introspectivas del hombre y específicamente la sensibilidad reflexiva del director nacido en Nuremberg. 


Por que este largometraje, es ante todo un sensible viaje de redención del hombre, de un hombre llamado Travis (Harrry Dean Stanton); y es éste, el que aparece en medio del desierto, con su traje de ejecutivo desaliñado, gorra roja y las últimas gotas de agua en un galón que le hace compañía. Una película que inicia con un impresionante y logrado "traveling", que emula la mirada de un halcón y nos muestra la imponencia y soledad del desierto de Texas; y no sólo es una secuencia de ubicación, es la mirada misma de Wenders sobre el paisaje americano, los acordes de Ry Cooder y la naturalista fotografía de Robby Muller, acompañan esta secuencia.




La impecable y contenida actuación de Harry Dean Stanton hace parte del ritmo pausado de este film, que como muchas de las película de Wenders, están llena de silencios, insertos y planos que ponen en escena los sentimientos y sensaciones de los personajes; en este caso un colaborador habitual del alemán, el director de fotografía Robby Muller, no sólo juega con la fotografía natural sino que impregna de colores intensos y realistas, tomados de los propios decorados (utilizando fuentes de luz reales, con mayor tono o saturaciones) y expresando a través de éstas el ánimo, la soledad y el acercamiento que se va a ir produciendo entre los personajes; por que finalmente Paris, Texas, es una película donde un hombre misterioso que aparece en medio del desierto, es rescatado por su hermano (Dean Stockwell), quien le recuerda al personaje de Dean Stanton, que hace cuatro años desapareció y dejó a su esposa e hijo, él cual es ahora cuidado por su éste y su esposa. En el viaje, en el recorrido que no sólo ocurre en la carretera sino en la propia personalidad de Travis, éste se dará cuenta que tiene una nueva oportunidad de rehacer su vida, y finalmente de llevar a la felicidad a su mujer e hijo. Pero la redención, y los "caminos a ningún lado" de Wenders, no podrían estar completos, sin la colaboración, en este caso de Ry Cooder en la música y de Sam Sheppard en el guión e historia, lo cuales le imprimen al film una ambientación de western crepuscular, donde el protagonista emula al cowboy que ha perdido su camino, y que su destino es seguir en ese viaje sin fin, donde la soledad aparece como la mejor opción para conseguir la redención.




Particularmente, una de las mejores obras de Wenders, desde lo visual, técnico y estético, con unos personajes y diálogos inolvidables, enmarcados en la bella, minimalista  y lírica fotografía de Robby Muller, los acordes de la guitarra de Ry Cooder y la sensible rudeza de Sam Sheppard como guionista y padre original de la historia y libro.

Wenders, quien se mueve entre la fascinación y el desencanto con América, logra con esta película, una mirada tan sincera, sobria y afectiva, que ésta se traduce en la concepción de los personajes, personajes nostálgicos que con las emociones en juego y  rodeados de la soledad más profunda, aún buscan eximir sus propios fracasos; y es definitiva, los personajes de Travis y Jane, encarnada por la bella Natassja Kinski, almas solitarias que separadas por el vidrio de un PeepShow, se volverán a encontrar para redimir sus pasados.

Si la película se destaca por su fotografía, por la música, es la escena del Peepshow, -donde Travis, de espalda al vidrio y de forma catártica, nos cuenta (y le rememora a Jane), el pasado, el misterio, la nostalgia de esta pareja- una de las más bellas y líricas conversaciones; diálogo donde la maestría de Muller en la fotografía,  el guión  y la libertad de los personajes a exponer sus sentimientos, marca al cine contemporáneo, de la mejor forma posible.


Una escena rodada con toda la libertad posible, donde se gastó una inmensa cantidad de cinta, de metraje, pero que así mismo fluyó la sensibilidad que marca, que ahonda en los personajes, de una belleza y sobriedad, que en este caso es fruto de la colaboración de un Wenders inspirado, y rodeado de un talento que se refleja - como se reflejan los personajes en el vidrio de la cabina- en la calidad total de la película.





Aunque la palabras sensibilidad se repiten en el texto, la película está alejado de la cursileria o la explosión de sentimientos hollywoodenses, es más bien el resultado de una acertada demostración humana, que proviene de la literatura, del escrito de Sheppard y una acertada concepción estética que fluye de la mente de Wenders, los ojos de Muller y los "slides" de Cooder; un film, que a mi parecer no sólo es la mejor o de las mejores de Wenders, sino un hito de la cultura contemporánea tanto popular como cinematográfica.




Zoom in: Shepard había escrito un libro de relatos cortos y poemas que llevaba el título de Transfiction (más tarde sería cambiado por el de Motel Chronicles ), libro que, tras algún tiempo en el que ambos cineastas perdieron el contacto, acabó por convertirse en la base de Paris, Texas

Visión muy subjetiva de La Odisea por parte de Wenders, libro que estaba leyendo a su encuentro con Sheppard.
Múltiples nominacines y premios: Palma de Oro en Cannes, Nominada al Globo de Oro, como mejor película extranjera.

Montaje Paralelo: Alicia en la ciudades (1974) 

La belleza e icónica imagen de Kinski



(1)http://www.rafamorata.com/nc6.html

2 comentarios:

  1. París, Texas es, como evoca su título, un fotograma suspendido en algún lugar del tiempo-espacio.

    Sin dudas, la mejor de Wenders.
    Coincido a plenitud en lo que escribes.

    Saludos.-

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  2. Además de responder el saludo y un gracias, por participar en el blog; si es cierto, que es la mejor de Wenders y eso del fotograma suspendido en algún lugar del tiempo - espacio, creo que es la mejor definición para esta película.....creo que habría sido una frase exitosa en el poster y trailer de la película. Un saludo y bienvenida al blog

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