19 ene. 2013

La Felicidad: Utopías del amor


"Todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil definirla y describirla" 
                                                                                                        Aristóteles

Máxima representante femenina de la "Nouvelle Vague", y una de las directoras más admiradas e influyentes de la cinematografía francesa; innovadora y experimental en el lenguaje cinematográfico, mucho más cercana ideológicamente a la "orilla izquierda de la nouvelle vague" o Rive Gauche, no sólo por sus posturas feministas y política de izquierda, sino por su cercanía a lo literario, el carácter realista y social de su trabajo audiovisual.

Agnés Varda junto a Jean- Luc Godard, son los últimos bastiones de la "nueva ola", sus renovaciones en la semántica fílmica, abrieron un sinnúmero de posibilidades en la concepción de imagen, tiempo y montaje.


Aunque si bien esta no es su película más conocida o admirada, si tiene unos excelentes recursos visuales, no sólo en el montaje, fotografía y en los fundidos, donde juega y manifiesta con la capacidad del color y de los detalles. La experimentación y la fotografía (no hay que olvidar que Varda antes de cineasta, fue fotógrafa), son recursos que no sólo intervienen en los estético sino en lo conceptual y narrativo, muchas veces induciendo a los estados de ánimo de los personajes, de los cambios climáticos y de la manifestación de la felicidad, por medio de unas estampas en movimiento que se contraponen a la estructura dramática del filme. 

Una historia de infidelidad, llevada a la idealización del amor y la felicidad del hombre, sin un tono moralista o aleccionador, sino más bien un cuento utópico donde el amor de un hombre por su mujer e hijos, es igual al que siente por la sensualidad de una nueva mujer, la felicidad como oda a la honestidad, a la pureza, a la sencillez.

Francois (Jean Claude Druot), un carpintero que se ha enamorado de una joven, que  trabaja en el correo, sin embargo, ésto no cambia el amor que siente por sus hijos y esposa, más que dificultar su situación, lo lleva a un nivel absoluto de felicidad, una felicidad que está más allá de lo espiritual, un estado cercano a la pureza de los sentimientos.



Describir la historia de esta película es quitarle la esencia misma de su argumento, sin embargo es lo visual, lo que realmente destaca, desde su bella fotografía postal hasta los diversos encuadres y composiciones donde el color, los detalles y la simplificación de la imagen toman rumbos cercanos a lo artístico (videoarte), la cuidad fotografía de Jean Rabier y Claude Beausoleil, es una manifestación conceptual de la propia Varda, sus detalles en las escenas de amor entre Francois y Emilie (Marie France Boyer), los encuadres fotográficos, primerísimos planos, insertos y planos detalle que juegan en favor de la estética congujándose con la representación del color, que no sólo está en la puesta en escena sino en la estructura técnica o gramática visual del filme, donde los fundidos a diversos colores, representan o están sujetos a los cambios dramáticos del largometraje.


Primera película que veo de esta directora, de quien, aunque conocía su trabajo, sus planteamientos ideológicos, me frenaban para observar su obra, sin embargo, con este largometraje, encontré a una excelente directora, que no sólo sigue en la realización audiovisual, sino que aún sigue experimentado y desafiando los cánones del lenguaje cinematográfico, y no es una excepción tal planteamiento con esta película, donde la fotografía, con sus detalladas composiciones y alteraciones en la narrativa, encuadres, montaje y demás que se integran a una historia de amor, que va más allá de la moralidad, y que más bien se plantea como una respuesta a lo qué es el amor, sus trivialidades y cómo se veía al mundo en los años 60.

Zoom in: Premio extraordinario del jurado. Berlín Oso de Plata

Montaje Paralelo: Reconstrucción (2003) - Nouvelle Vague


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