23 ago. 2011

Saluda al diablo de mi parte




La segunda película de los Hermanos Orozco (Al final del espectro), es una suerte de cinta de acción con ecos de la situación actual del país, una película generosa en violencia, pero aún así  bien manejada y no cae situaciones grotescas; es un filme que está planeado para el entretenimiento pero logra mezclar la acción con una reflexión (superficial) sobre la actualidad colombiana.

Aunque críticable, el hecho de convertir a Bogotá en una especie de LAX o NY, este problema de cierta manera genera credibilidad en la misma acción trepidante de la película, y siguiendo con este punto no sólo es válido, sino que convierte a Bogotá, en una ciudad cinematográfica, y esa es una gran virtud de los Orozco, aunque es cierto que "Saluda al diablo..." puede recordar a otros filmes, el tratamiento y de cierta manera "el cine de autor" se ve reflejado en el ambiente de la película.

Una película recomendable, sobre todo por su estructura y molde de cine Megaproducción, ya que técnicamente es impecable, siendo bastante acertada en la mayoría de sus campos, es una historia bien contada, manejada (con algunos baches), y principalmente con una voz de reflexión  y reflejo de una situación actual.

Un gran elemento, y algo que destaco bastante del filme es como asumen los roles los personajes, principalmente Édgar Ramírez (Diablo) y Salvador del Solar (Policia), por que le restan ese esteréotipo del cine colombiano de policia malo, pobre o campesino bueno, sino que estructuran a los personajes como antagonista y protagonista más allá de sus valores morales. Además, las actuaciones tanto de los dos extranjeros, como la de los colombianos (Carolina Gómez y Ricardo Vélez) son creíbles y afectan (de buena manera) el desarrollo del filme, algo que mejoraron después de Al final del espectro, donde las actuaciones, dejaban mucho que desear.

En fin para resumir (y no suene a publicidad de la película), un trabajo acertado en lo audiovisual, con una buena historia, y un paso adelante a un cine internacional sin perder la raiz de lo nuestro,  con errores y aciertos, pero que mantiene una función de entretenimiento bien contando, estructurado y donde se puede generar un vínculo o una voz a una situación real del país, sin tanto trasfondo político, pero un vínculo que puede ser más político como es el cine.




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