6 abr. 2011

Franklyn

Jonathan Preest es un detective que oculta su rostro tras una máscara. Es un hombre escéptico que odia El Ministerio, una institución religiosa y enigmática que gobierna Meanwhile City y que, durante siglos, se ha encargado de proporcionar creencias a la población. Preest planea una venganza contra El Ministerio, pero, además, trata de castigar a los asesinos de una chica que él intentó proteger. Es el único ateo de Meanwhile City, e intentará evitar que las sectas capten más adeptos. (FILMAFFINITY)

Una película que particularmente hereda la estética del cine de Proyas (Alex) y perfectamente se puede relacionar con Mirrormask de Mckean, con una estética visual bien lograda en los dos ambientes, y algunos elementos cercanos al arte (video, pinturas e iluminación propia de cuadros renacentistas), que puede pecar en su guión por pretenciosa e incoherente, sin embargo, prima una gran visión y una historia que (aunque resulte ya repetitiva) logra acomodarse a su estilo visual, a pesar de las críticas (malas), es un filme que se adapta perfectamente al género fantástico, con una intrincada y absurda historia de amor, aunque criticable, no daña el contexto fílmico.

Zoom in: Opera prima Gerald McMorrow.


1 comentario:

  1. Un drama oscuro con tintes de romanticismo que provoca una especie de extrañeza por algunos elemetos empleados en la construcción de la cinta ( religiosos, oníricos, elementos paranormales) y que sin lugar a dudas recuerdan a cintas de la factura de V for Vendetta del australiano James Mc Teigue; aunque eso sí presenta un argumento envolvente y visualmente atractiva propia de la cinta.
    Uno de las frases que más me llamaron la atención de esta cinta es aquella en la que se dice: "Alguien dijo una vez que la religión es una necesidad para los plebeyos, una falacia para los sabios, y una conveniencia para los gobernantes".
    Para algunos puede ser tediosa si se compara con cintas parecidas en su construcción; pero el cine es tan universal que tiene la capacidad de adaptarse a todos los paladares del expectador.

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